Sunlid: “En Argentina la gente crea por necesidad, y eso te inspira un montón”

Sunlid llega a Córdoba en un momento decisivo de su recorrido. Después de un año de crecimiento acelerado, un debut que dejó huella en la escena alternativa y una gira que los llevó a descubrir públicos inesperados, la banda vuelve a subirse al escenario con una energía renovada. El sábado 25 de abril a las 20 hs, en Pez Volcán (M. T. de Alvear 835), compartirán fecha con Kill Flora.

Formado en Buenos Aires en 2021, SunlidLucía “Luli” Taubas (voz y guitarra rítmica), Lorenzo “Lore” Dartigue (guitarra líder), Yessica “Shis” Cardozo (bajo) y Agustín “Agus” de Cousandier,Magic (batería)— se mueve entre el pop noise, el dream pop y el rock alternativo, con canciones intensas y una presencia en vivo que terminó de ubicarlos como una de las promesas más sensibles y consistentes de su generación.

Ese camino tomó forma con No mires atrás (2024), un debut honesto y visceral que combinó melodías ruidosas, armonías luminosas y una identidad marcada por la nostalgia, la contemplación y la intensidad emocional. El disco capturó la atención de la nueva camada post‑pandémica y abrió un universo propio, donde conviven la sensibilidad y la fuerza, lo íntimo y lo expansivo.

Hablamos con Lore y Luli hablan de ese tránsito: de cómo cambió su relación con la idea de “ser una banda”, de lo que aprendieron del vivo, de la vulnerabilidad como motor creativo y de lo que significa hacer canciones en un país donde —como dicen ellos mismos— la gente crea por necesidad. Una conversación que revela no solo el detrás de su música, sino también el pulso de una generación que sigue apostando por el arte incluso cuando el mundo parece ir en otra dirección.

Otra canción: Vienen de un año intenso y desde la salida de No mires atrás (2024)  Sunlid parece haberse posicionado dentro de la escena. ¿Cómo cambió su relación con la idea de “ser una banda”?

Lore:  Siento que dentro de todo no cambio nuestra relación. Pero sí siento que las cosas se volvieron un poco más serias. Ahora hay expectativas que cumplir y también algo que demostrarnos a nosotros mismos. Antes era más como juntarnos entre amigos, reírnos y dejar que todo fluyera. Ahora se siente más como un trabajo en serio.

O.c: No mires atrás implicó un proceso largo de reescritura y desapego. ¿Qué aprendieron de ese método y cómo se traduce en el nuevo disco que están preparando?

Luli: Sí, el proceso del disco anterior fue largo. Hubo mucho de revisar el material, como que terminábamos algo, lo cajoneábamos un tiempo y después volvíamos a mirarlo. Ahora los tiempos que manejamos osn distintos. En ese momento, cuando trabajábamos en la música del primer disco, la verdad es que no teníamos ninguna deadline que cumplir. Y ahora estamos en una situación en la que tenemos que gestionar un calendario, porque de repente hay un montón de cosas más que se relacionan con la salida de un disco.

Me parece que estamos trabajando de otra manera. Lo que sí rescatamos mucho es el proceso de armado de canciones, que siempre fue prioridad y que, de algún modo, estructura nuestro proceso creativo. Siempre partimos de una canción y de unas bases musicales que pulimos mucho: la estructura, los arreglos, la instrumentación, esa atención al detalle.

O.c: ¿Qué sienten que No Mires Atrás les enseñó sobre su identidad y qué define hoy el ADN de Sunlid?

Lore: Siento que No Mires Atrás, más que marcar una identidad, dejó una huella dentro de lo que somos. Pero, sobre todo, marcó una etapa. Las personas cambian, atraviesan distintos momentos a lo largo de la vida, y el disco quedó muy ligado a ese momento particular. Tiene algo nostálgico, contemplativo, incluso épico por momentos, que son recursos que nos gustan mucho. Pero también fue cambiando con el tiempo.

Hoy lo vemos en retrospectiva y lo sentimos un poco más adolescente, Y tiene sentido: los primeros temas los hicimos en 2021, ponele; los chicos tenían 17 y yo 18. Era otra edad, otra sensibilidad, otra forma de mirar el mundo.

Luli:  La pregunta me hace pensar en los elementos comunes que seguimos teniendo. Hay una cuestión nostálgica que siento que forma parte de la esencia de la banda y de la música que hacemos, y que sigue ahí. También hay referencias que son pilares para nosotros —como Always— que permanecen y no cambian. Y después están otras influencias más abstractas, que quizá no aparecen tan directamente en lo sonoro, pero sí en nuestra manera de entender la música. Por ejemplo, los Smiths: son una de esas bandas que nos acompañan a todos, cada uno a su manera, y que recontra definen el ADN de lo que hacemos.

Lore:  Sí, lo que nos define ahora tiene que ver con algo más contemplativo. Además, viramos de un lado más pesado hacia algo un poco más pop, más electrónico, en esta nueva etapa que estamos creando. Son cosas que quizá no se veían tanto en los años anteriores.

O.c:  Después de girar por distintas ciudades y ver crecer al público, ¿qué aprendieron sobre la relación entre sus canciones y la gente que las escucha?

Luli: Es muy loco, porque cuando sacás un disco nunca sabés qué canciones va a abrazar la gente ni de qué manera. Y nos pasó con Hablar de vos: terminó siendo la más escuchada y la que más canta el público, y yo personalmente no lo veía venir.

Lore: Nunca imaginamos ver a tanta gente gritando y cantando en un montón de fechas. Una cosa es que pase en el aniversario o en la presentación del disco —donde estaban todos nuestros amigos—, pero después empezar a ver que todo el mundo la cantaba fue una locura. También aprendimos un montón del vivo: cómo manejarnos con el público, cómo interactuar más, cómo generar momentos especiales, veo gente chapando… Me encanta que vivan la música así, tan a pleno. Para eso se hicieron las canciones. Y también es muy fuerte verte a vos misma siendo parte del recuerdo de esas personas. Es muy loco y muy lindo a la vez.

LULI:  A mí me pareció re loco la primera vez que tocamos fuera de Buenos aires. Fuimos a Rosario y Bahía Blanca. en esos lugares la gente cantó todo. y lo de Uruguay fue todavía más increíble. Jamás lo hubiese imaginado.

Era la primera vez que íbamos a esos lugares y, de repente, un montón de gente conocía la música, tenía una relación re formada con las canciones y se sabía todos los temas. Eso fue muy fuerte.

O.c:  En varias canciones aparece la sensación de desconexión, de no poder alcanzar al otro, de estar en el mismo lugar pero en mundos distintos. ¿Cómo trabajan esa vulnerabilidad emocional en sus letras?

Lore:  Tengo un montón de pensamientos y sensaciones encontradas. El disco trae muchos tópicos, pero sobre todo una sensación de nostalgia, de añoranza, de querer volver a algo que ya fue. Eso aparece en casi todas las canciones, de distintas maneras.

Después cada tema aborda algo distinto. Caminar en la luna es una historia, Respirar también. Pero hay canciones que son más sensaciones, como Invisible, que es súper abstracta. Alejarte te pinta un cuadro, no es una historia lineal, pero sí habla de aislamiento, de desconexión, de no poder encajar. Y también hay canciones de desamor.

La verdad es que no sé explicar del todo cómo trabajo esa vulnerabilidad emocional en las letras. Simplemente trato de ser lo más genuina posible. Me gusta experimentar con las palabras: a veces una palabra me da vueltas durante días y trato de entender por qué, de encontrarle un lugar. También busco situaciones o sensaciones que me inspiran: canciones, libros, historias de gente que admiro.

Creo que la vulnerabilidad aparece porque escribo desde un lugar muy íntimo y privado. Muchas veces me doy cuenta tarde de lo que estaba diciendo en una canción. Hay temas que ni siquiera podría explicar de qué tratan, porque son sensaciones que no puedo poner en una sola palabra. Para eso existe la música, y eso me encanta.

O.c: “Caminar en la luna” tiene algo triste pero también liberador, casi como moverse fuera de la realidad. ¿Qué representa para ustedes esa idea de habitar un espacio extraño?

Lore:  Caminar a la luna es una situación muy concreta. Narra una historia, pero en el fondo habla de alguien que no forma parte de cierto mundo… aunque lo probó por un rato. Caminó a la luna un día, volvió a la tierra y siguió con su vida. Y no está mal con eso. Para mí es una canción contemplativa.

Siento que el personaje está seguro de quién es. Habita un espacio extraño por un momento —como si entrara a un zoológico humano—, se sorprende, dice “wow, qué loco esto”, y después vuelve a su vida. Y creo que eso nos pasa a todos alguna vez de Ir a una fiesta, a un evento, a un grupo donde no encajás del todo, y mirar todo con curiosidad: “qué interesante esto, qué raro para mí… pero yo estoy bien siendo quien soy, y quiero volver a mi casa, a mis amigos, a mi entorno”.

Para mí la canción habla de eso: de seguridad y estabilidad con uno mismo. Y desde ahí podés mirar esos otros espacios —más influyentes, más llenos de estatus o poder— con cierta distancia, sin sentir que tenés que pertenecer. Me inspiré en una situación, pero siento que es algo universal. En mayor o menor medida, a todos nos pasa.

O.c: En un momento donde el rock nacional se está redefiniendo y conviven estéticas muy distintas, ¿qué creen que necesita hoy la escena argentina para abrirse sin perder identidad?

Luli:  Siento que cuando uno hace música con ganas y sentimiento es imposible que no te refleje. Algo hecho con pasión siempre muestra a la persona que lo hizo. Y eso está ligado a todas las bandas que vienen apareciendo. No hay una identidad argentina que representar: la identidad es el conjunto de la música que se hace acá, por definición.

A veces alguien podría decir —por poner un ejemplo ilustrativo— que una banda de rock más “rolinga” o más “nacional” es más argentina que la música que hacemos nosotros. Pero para mí ambas cosas son inseparables de la realidad que vivimos. Todo está ligado a lo que nos pasa como país y como personas. Eso no se perdió.

Creo que si algo necesita la música hoy —en todo el mundo— es que la haga la gente. Que haya creatividad humana. Que esté hecha con pasión, con necesidad, con ganas reales.

O.c: Después de todo lo que vivieron —pandemia, escena nueva, cambios estéticos, giras, público joven— ¿qué significa hoy para ustedes hacer canciones en Argentina?

Luli:  Creo que estar en el lugar donde estamos no tiene “limitaciones”, sino condiciones. Hacemos canciones en Argentina, y eso determina hasta dónde y cómo llega nuestra música. Siempre lo pienso desde ese mapa cultural que orbitamos: México, Argentina, España… y después distintos países de Latinoamérica donde la música circula por ciertos corredores, como Chile.

Siento que hay regiones que tienen más intercambio entre sí —por ejemplo, Ecuador y Perú— y que nosotros no siempre formamos parte de esos circuitos. Y esas conexiones sociales, culturales y hasta históricas entre países influyen muchísimo en la llegada que puede tener lo que hacemos. Por eso, cuando pienso qué significa hacer música desde Argentina, pienso en esas condiciones: en cómo el lugar donde estamos parados moldea el recorrido posible de nuestras canciones.

Lore: Siento que estamos en el lugar en el que estamos y que vivimos en una crisis constante. Y ahora hay como una re‑crisis cultural. Y, más que nunca, necesitamos poder expresarnos artísticamente y encontrar estos espacios. A mí personalmente me inspira mi creatividad mucha gente de mi entorno. Vayas donde vayas, encontrás inspiración porque la gente crea por necesidad. Ahí te das cuenta del hambre real de hacer arte.

Lo hemos hablado con personas de otros países que nos dicen que no tiene esa hambre de crear. Están más cómodos, más pendientes de “necesito un sello” o “necesito tal cosa para empezar”. Acá, en cambio, encontrás la manera de hacerlo.

A nosotros mismos nos pasó: hicimos un disco casi de casualidad porque tuvimos una sesión más para grabar voces. Si no, hubiésemos sacado un EP y cinco de los nueve temas no existirían. Eso te muestra la cantidad de pequeñas cosas que tienen que alinearse para que alguien saque música. Todo se hace a pulmón.

Para mí, hacer música en Argentina hoy significa eso: encontrar la manera de hacerlo aunque el mundo te diga que no es para vos.

O.c: Para terminar, escuche por ahí que ya están trabajando en un nuevo disco… ¿Qué nos pueden adelantar de ese nuevo trabajo, va a mantener el sonido, porque lado van a ir las letras?

Luli:  Creo que lo que se puede adelantar es que es una vuelta nueva a la misma identidad. No es que cambiamos por completo lo que hacemos, pero sí estamos incorporando elementos nuevos. Hay una presencia electrónica que antes no estaba y que ahora tiene un rol más preponderante.

Igual, hay una cuestión sónica que va a seguir siendo muy similar, porque es nuestra esencia: lo que hacemos con las guitarras, lo que hacemos con las voces. Eso sigue estando ahí. Es como una expansión, no un reemplazo.

Lore: Para mí este disco es mucho más más original. Con el disco anterior siento que logramos algo re sólido, incluso atravesando distintos géneros. Pero en esté nuevo disco hay canciones súper diferentes entre sí y, al mismo tiempo, una libertad total. Estamos haciendo lo que se nos canta, básicamente.

En el disco anterior éramos más chicos y las influencias se nos escapaban por los poros; estaban súper marcadas. En este, en cambio, hay cosas que metimos simplemente porque nos parecían buenísimas.

Sobre las letras, para mí este disco es bastante monotemático, pero no en un sentido negativo. El otro día lo hablaba con una amiga. Yo le decía que No mires atrás era un disco que buscaba una verdad, y que este nuevo es como llegar a esa verdad. Hay algo mucho más esperanzador.

Hay una dualidad fuerte, pero más interna que en el disco anterior. Hay momentos donde alguien está perdiendo la cabeza, pero en los coros o en un puente aparece otra voz que lo quiere sacar de ahí. Hay partes súper esperanzadoras que antes no estaban. Incluso las canciones más tristes terminan con una resolución luminosa.

También siento que es un disco más maduro. En vez de canciones de desamor, hay canciones de amor, que es re loco porque en el disco anterior no había. Y también porque yo escribí esas letras siendo más chica; ahora tengo otra perspectiva del mundo, menos dramática. Ya no es “nadie viene por mí”, sino “bueno, capaz yo tengo que ir hacia la gente”. Es otra forma de mirar las cosas.

Para mí este disco es mucho más interno. No íntimo en el sentido romántico, sino interno como batalla con uno mismo. No mires atrás tenía algo más de victimización, más proyectado hacia afuera: “el mundo no me quiere”, “todo está en contra”. Era una mirada más externa.

En este disco, en cambio, es más del tipo “che, capaz soy yo la que no se quiere a sí misma”. Pero no desde un lugar dramático, sino desde una introspección más honesta.

Luli: Siempre tuve la sensación, escuchando todos los temas de que todo pasa dentro de la cabeza de una persona. Es una imagen rara, pero es lo que me aparece: como si todo el disco sucediera ahí adentro, en ese espacio mental.

Lore: No hay muchos personajes externos en este disco. Hay canciones que hablan de muchas situaciones al mismo tiempo, pero siempre desde adentro: es una persona hablándose a sí misma, analizando todo sin echar culpas afuera. Es más una conversación interna que otra cosa. Y, aun así, siento que son canciones mucho más esperanzadoras.