Edu Schmidt vuelve a la ruta con la convicción de quien sabe que la música todavía necesita cuerpos, viajes y escenarios. Este fin de semana lo encuentra recorriendo Rosario (2 de abril), Colonia Caroya (3 de abril), Villa General Belgrano (4 de abril) y, finalmente, Córdoba capital, donde el domingo 5 de abril, desde las 21 h, cerrará su mini-gira en Pétalos de Sol, un espacio histórico que cumple treinta años y que visitará por primera vez. “Me gusta llevar la contra y salir igual”, dice, y esa frase podría ser un manifiesto.
La noche abrirá con Pili Eléctrica —el proyecto de Pilar Marco, que mezcla rock/pop, electrónica y texturas acústicas— y con Juane Pelegrin, que llega desde Buenos Aires para repasar su catálogo solista. Después será el turno de Edu Schmidt y Los Enroscaos, con un repertorio que cruza clásicos de Árbol, canciones de su etapa solista y esa energía cruda que él defiende como una estética en extinción: una banda real, con riesgo, con humanidad, con pifiadas si las hay.
En la entrevista, Schmidt despliega una mirada lúcida y frontal sobre la música actual: la obsesión por la perfección, el algoritmo que condiciona la composición, la desaparición del error como gesto estético. Habla también de su rol como productor, de su relación con los hits, de la herida que cerró después de su salida de Árbol y del camino independiente que construyó después.
Entre anécdotas, humor y honestidad brutal, aparece también el cuerpo: la salud, la diabetes, el entrenamiento, la conciencia de que para girar hay que sostenerse. Pero sobre todo aparece algo que atraviesa toda la charla: la vigencia de las canciones. Las que marcaron a una generación y las nuevas, que quizá no son masivas pero siguen explotando en vivo, que se aprenden en un estribillo, que emocionan a un pibe en un barcito o a una banda improvisada en Dinamarca. Edu habla de colaboraciones, de discos por venir, de talleres, de Europa, de un futuro que se arma mientras avanza.
Otra Canción: Contanos un poco como viene está gira que te va traer por Córdoba el Sábado en Colonia Caroya y el domingo en Pétalos.
Edu Schmidt: Vamos a estar el jueves en Rosario; el viernes, en Colonia Caroya; el sábado 4, en Villa General Belgrano; y el domingo 5, en Córdoba capital. Contento de salir a la ruta con la banda. Es un año complicado económicamente, pero a mí me gusta llevar la contra y salir igual. Cerramos en el Pétalo de Sol, donde nunca había tocado. Cumplió treinta años y yo nunca había estado ahí, así que también me entusiasma conocer ese espacio tan rockero e histórico.
O.c: ¿hace cuánto que no venís a Córdoba? ¿Cuál fue la última vez?
Edu: ACórdoba vine hace algunos meses para un homenaje a Mercedes Sosa, pero fue algo muy puntual. Dentro de una gira propia, desde antes de la cuarentena que no voy. Fue hace siete u ocho años. Por eso también tenía ganas de volver con la banda, porque muchas veces fui solo.
O.c: ¿Cómo preparás o cómo va a ser esta gira? Me imagino que, al no venir hace tanto tiempo, va a haber éxitos, pero también parte de tu carrera solista y, supongo, algunas canciones nuevas, lo que venís componiendo últimamente.
Edu: Hago mucho repertorio de Árbol, que son canciones mías y que son las que la mayoría de la gente más conoce y espera volver a escuchar en vivo. Pero también hago parte de mi repertorio solista: en estos doce años pasaron tres discos míos, un montón de canciones nuevas.
Con el baterista y el guitarrista venimos tocando juntos hace quince años. Es una banda con mucha trayectoria y muchos shows encima. De hecho, toqué más con ellos que con Árbol. Y creo que eso es lo principal hoy: estamos acostumbrados a que la gente escuche música en plataformas, y cuando van a ver bandas en vivo muchas veces escuchan cosas disparadas tal cual están en el disco. Entonces, tener una banda tocando en vivo, con sus pifiadas, con alguna desafinación, con esa humanidad… es parte de una estética que está desapareciendo. Y a mí me gusta sostenerla.
O.c: Recién pensaba en esto que decís de la pifiada, de ese rock más tradicional. Me imagino que seguís defendiendo esa bandera en un momento donde todo parece tener que ser perfecto. No hablo de dejar de ser profesional, sino de volver a esa crudeza: recordar que quien toca no es un dios, sino una persona que hace canciones y también puede errar.
Edu: Lo que la gente busca hoy no es profesionalismo: busca perfección. Y lo perfecto, en la vida real, no existe. Nadie sube la peor foto. Y la verdad es que ninguno de nosotros es especialmente bello; habrá uno cada millón.
Me acuerdo de que cuando era chico decían “Soda Stereo suena como un disco”. Y justamente por eso no me gustaba Soda, aunque después, con los años, me gustaron ellos y Cerati. Pero en ese momento me gustaba Sumo, porque era lo contrario: desprolijo, improvisado…
O.c: Más terrenal, más humano.
Edu: Más humano, incluso resaltando cosas que otro no podría. Hoy, para que la inteligencia artificial no suene tan artificial, tenés que hacer que se equivoque un poco para que parezca original. Si no, todo es perfecto. Lo mismo pasa con el autotune: si está demasiado afinado, ya sos un robot. Y yo uso autotune hace muchos años; lo aprendimos a usar en Los Ángeles cuando acá nadie lo usaba. Pero incluso así, creo que cada vez más va a haber una necesidad humana de volver a eso: a lo imperfecto, a lo vivo. Va a ser casi un respiro, un paraíso perdido.
Sin exagerar: lo del domingo no va a ser un paraíso perdido, pero sí va a ser un recital de rock. Y eso ya es raro. Veo una generación nueva de pibes de veinte años que quiere hacer rock and roll, que necesita eso. Creo que todos estamos necesitando un poco de eso que pasaba antes, porque lo de ahora se siente un poco artificial, no tan auténtico.
O.c: Pensando en tu rol como productor: grabaste, compusiste, trabajaste con bandas nuevas y con bandas con recorrido. ¿Cómo ves hoy la música? ¿Buscás ese costado más humano cuando producís?
Edu: Sí. Y además, ahora es fácil hablar con el diario del lunes. Pero cuando produjimos a Miranda —hicimos Sin restricciones, su disco más famoso—, la banda llevaba treinta personas a los bares. Era una banda rarísima de pop. Y a mí me partía la cabeza: las canciones, las letras, las melodías. Era un estilo completamente distinto al mío, algo que yo nunca hubiera hecho, y aun así me conmovía. Yo los grabé cuando eran una banda rara, que se vestía de una manera que para muchos era como si estuvieran disfrazados. Y a mí eso me llamaba la atención. Vuelvo a Luca Prodan: salía en cuero, con un joggins agujereado. Ellos rompían esquemas desde otro lugar, lookeados como de los ochenta, en una época donde todos pisábamos la distorsión, pelo largo, ruido.
O.c: Pensando en tu discografía: Croto fue tu último disco en 2020 y desde entonces sacaste varios singles. ¿Cómo te llevás con ese formato y con esta lógica de sacar material seguido para Spotify? Da la sensación de que, después de Árbol, elegiste un camino más tranquilo y menos masivo.
Edu: En tu pregunta hay varias cosas. Primero, cómo funciona hoy la música. Spotify, como plataforma principal, condicionó mucho el accionar de los músicos. Porque empezó a rendir económicamente, sobre todo para los grupos más grandes, y eso cambió la manera de producir.
Vos decís que no saqué discos desde Croto, y es verdad, pero también saqué un disco que se llamó Coso. Como no llegaba a la media hora —eran seis o siete canciones—, la plataforma lo clasifica como EP. Fíjate cómo una plataforma puede modificar la percepción: para mí es un disco, pero para la gente aparece como un EP, casi como un single extendido. Y sin embargo es un disco con canciones que están buenísimas.
Después está lo del algoritmo. Si en los primeros tres o cuatro segundos alguien cambia de canción, Spotify deja de “preferirte”. Entonces muchos músicos empezaron a sacar temas sin introducción, que arrancan de una. La plataforma empieza a meterse en la construcción misma de la música. Eso es complejo, porque termina incidiendo en lo estético.
En ese sentido, sacar singles tiene su lado bueno: es más fácil. Antes tenías que pensar un disco entero, que llevaba tiempo y dinero. Ahora hacés una canción y la sacás. Pero también tiene su lado raro: como vos decís, saqué siete singles y ya tengo un disco. De hecho, tengo dos o tres canciones más. Una sale ahora el 10 de abril, se llama “Freak”.
Te digo la verdad: me dan ganas de sacar el disco entero y eliminar los singles, porque tengo miedo de que, por escuchar el single, la gente no escuche el disco.
Soy de la vieja escuela: me gusta escuchar discos enteros. Cuando un artista saca un disco, trato de escucharlo completo, aunque hoy cueste. Pero tengo muchos discos que bajé y escucho de punta a punta. Igual, todo está condicionado por lo que va pasando con las plataformas.
O.c: ¿Y cómo te ves hoy dentro de la escena? Da la sensación de que estás en una etapa más alejada de las grandes luces, yendo a tu ritmo, más firme y tranquilo. ¿Sentís que es así
Edu: No, yo no la veo así. Pero me resulta interesante, porque no sos el primero que me lo dice. Como si fuera algo identitario mío: que voy tranquilo por mi camino, al costado del camino —citando a Fito—, o por la colectora, o incluso por una calle de tierra por momentos.
La verdad es que no es una elección. A mí me encantaría llenar estadios con lo que hago ahora. Pero a los festivales, en general, no me invitan. Cuando estoy en alguno es porque es independiente o porque conozco a quienes lo organizan. Quedé un poco afuera del sistema. Y no me gusta: no por el sistema en sí, sino porque me gustaría llegar a más gente.
Cuando decidí irme de Árbol, siento que mucho del mainstream me trató como un loco que se va en la cresta de la ola. Y mi teléfono dejó de sonar. Lo tuve que hacer sonar yo. Soy mi propio mánager, mi propio community manager, mi propio todo. Por eso, a veces, el camino es más lento de lo que me gustaría.
Si volver a las grandes ligas implica ciertas situaciones que no me hicieron sentir cómodo cuando estaba en Árbol, no las haría ahora. Pero claro que me gustaría estar, no sé, en el Cosquín Rock, ya que estamos hablando de Córdoba. No volví a tocar ahí. Tiré un par de centros, pero no salió. Y tampoco tiré todos, porque a veces, después de tantos años tocando, que cierta gente no te conteste el teléfono te da bronca. No te dan ganas de seguir insistiendo.
Por otro lado, yo agarro el teléfono en otro tipo de movidas y armo cosas como esta gira. Meto cuatro shows en un fin de semana, en un momento en que las bandas grandes no lo están pudiendo hacer.
O.c: Y en un momento donde lo independiente parece tener más impulso —a veces incluso más trabajo que algunas bandas grandes—, mover toda una industria se vuelve más difícil. En cambio, los proyectos independientes, o artistas como vos que van por la colectora, pueden moverse más, tocar más y mantenerse activos.
Edu: Mirá: yo toqué a fines de enero y recién en marzo tenía un show. En febrero, por cuestiones familiares y de salud, no toqué nada. Y ahora estoy volviéndome loco: tengo doce fechas en un mes. Después me voy a Europa donde tengo doce fechas más. Y a mi edad, doce fechas en un mes, con viajes y aviones, es un montón.
Pero a Europa, por ejemplo, me voy con un Violín eléctrico. ¿Qué necesito? Nada: una guitarra que me presten allá o que se arme una banda.
O.c: ¿Cómo una banda que se arme?
Edu: En todos los lugares hay bandas armadas. La semana pasada toqué en Merlo: se armó una banda, sacaron siete u ocho canciones, y yo toqué otra parte solo. Ahora salgo con mi banda, pero en Mendoza tengo otra banda. Y en Dinamarca tengo dos o tres. En España tengo como ocho, en distintas ciudades.
Es un formato bastante particular, y a mí me pone contento. Que haya gente que quiera tocar conmigo al otro lado del planeta, que esté re emocionada porque quizá empezó a tocar la batería escuchando Árbol cuando era chico… eso es hermoso.
O.c: Eso pensaba: con canciones como Trenes, camiones y tractores, Chica anoréxica o el Fantasma, marcaste a toda una generación. ¿Te sentís creador de éxitos, alguien que escribió una parte de la historia del rock?
Edu: Eso me da mucho orgullo y me amigué con esas canciones. Cuando salí como solista no las cantaba, o las hacía punk, y con el tiempo me fui amigando, sobre todo por lo que pasa con la gente. También la historia de haberme ido de Árbol era una herida que se fue cerrando. Al principio me remitía a algo de lo que yo quería diferenciarme, como les pasa a muchos que dejan un proyecto grande.
Pero lo loco es que para mí ahora sigo haciendo hits, solo que no son masivos. Un ejemplo son un río, Flota, hay un montón de canciones que hago ahora me parecen bombas atómicas. Y estoy seguro de que, si las hubiese sacado con Árbol, serían parte del repertorio del rock nacional para siempre. Pero bueno: no estaba en una compañía, no salí con Árbol, las saqué por mi cuenta, ultra independiente. Y los que se van enterando las disfrutan.
También me pasa algo que es un flash: voy a un lugar, hago las conocidas de Árbol, pero después hago las otras —las nuevas, las que no conocen— y ya en el segundo estribillo las están cantando. Eso quiere decir que la cosa “hitera” sigue estando. Por ahí no se transforma en un clásico transversal como El fantasma, pero está.
Y te digo más: disfruto las dos cosas. Disfruto cuando canto El fantasma y todos se emocionan, y disfruto cuando hago una que nadie conoce y la gente se engancha igual
O.c: El Disco loco, por ejemplo, me parece hermoso. El tema que cantás con Jorge Serrano es precioso. Y El pez volador, con Sebastián de La Vela Puerca, también. Hay varios que, para mí, son clásicos. Quizás no del mainstream, pero sí de la escena independiente.
Edu: Son clásicos que por ahí no son masivos, pero que para alguien significan muchísimo. A veces viene un pibe, te pide un tema y se larga a llorar. Y le alegraste la semana, o el año. Ese poder lo siguen teniendo las canciones.
Yo no creía en eso de que las canciones sanan o curan, hasta que me empezaron a pasar cosas. En mí y en la gente. Historias que te cuentan, cosas que les pasan con las canciones.
O.c: Recién hablábamos de sanar, de salud. ¿Cómo estás ahora? Recuerdo que en 2017 o 2018 habías tenido un infarto, o algo cercano.
Edu: Eso está controlado. Pero hace unos meses me dijeron que soy diabético. Son cosas que empiezan a aparecer con la edad, y la diabetes se hereda: toda mi familia es diabética. En algún momento iba a aparecer.
Yo creo que ese infarto me salvó: si me agarraba en otra situación, o un poco más fuerte, capaz me moría. Y gracias a que no me morí, ahora estoy medicado y sé que tengo menos chances de que me pase algo grave.
Siempre fui muy sedentario hasta los treinta y pico. Ahora lo tomo como una obligación, hace veinte años que entreno boxeo. También tuve un desgarro en una pierna por ir a un show mal dormido. Entonces ahora hago bicicleta un par de veces por semana.
Ayer llegué de San Luis y a la noche estaba entrenando, muerto de cansancio, pero porque ahora salgo de gira y el cuerpo tiene que aguantar.
Está bueno que lo preguntes, porque ahora hubo varios músicos famosos que se infartaron y se habló un poco más del tema. Pero la verdad es que la tercera parte de tu vida estás enfermo. A los cincuenta o sesenta todos empiezan a tomar alguna pastilla. Hoy se vive hasta los ochenta o noventa, así que estar enfermo es lo más natural del mundo. Nadie quiere hablar de eso porque es tabú, pero pasa. Es la vida.
O.c: Te cambio un poco de tema: ¿seguís componiendo? ¿Qué temas hoy te llevan a escribir? Porque siempre tuviste una manera muy original —a veces graciosa, a veces muy actual— de abordar lo que pasa.
Edu: Justo saqué hace poco una canción que se llama Aleluya, que es pura actualidad. No soy de hacer canciones tan “de diario”, como hacen muchos músicos, pero esta surgió así. La empezamos con el Balde Spósito, el de Kapanga. Él tiró el bajo, que es un poco el alma musical del tema, y nos dimos cuenta de que tenía algo de The Clash. Entonces usamos esa estética combativa, medio combat rock, medio Clandestino. Manu Chao es heredero de los Clash, así que iba por ahí.
La canción la hice hace varios meses, y cuando Donald Trump secuestra a Maduro la saqué ese mismo día, porque dije: “Esto es ahora”. Y después un montón de cosas surrealistas que estaban en la canción se cumplieron. Una fue la reunión entre Trump y Putin. No me gusta que pasen esas cosas en el mundo, pero fue muy loco que la canción fuera tan premonitoria.
Después compongo de otras cosas. El tema Freak, que sale en diez días, es más personal. En un momento dice: “Para el punk era muy hippie, para el hippie era muy punk, para el rock era un careta y en la orquesta un Rolling Stone”. Así me sentí toda mi vida. Y creo que todos somos freaks, cada uno a su manera.
O.c: También es cierto que hoy ya no está tan claro qué es rock, qué es punk o qué es reggae. Hay una generación que mezcla todo, un poco en la línea de la escuela de la que venís vos.
Edu: Sí y con Árbol ayudamos a romper un poco esas paredes ridículas que había. Aunque no siempre son ridículas: el pibe que hace reggae por ahí es rasta y tiene que ver con una religión, con una forma de vida. Y hay gente que ama un solo estilo, y está buenísimo.
A mí, por ejemplo, para escuchar música en casa, cocinar o estar tranquilo, me gusta el reggae. Y en toda mi discografía hice un solo reggae: Cuervos, del primer disco de Árbol, hace treinta y cinco años. No tengo rastas, no voy a los shows con rastas, pero es una música que me acompaña. Si tuviera que elegir una sola música para escuchar, elegiría esa. Es rarísimo, porque incluso más que los Beatles, que fueron una influencia enorme para componer.
O.c: Y recién mencionabas la canción con Balde Spósito. ¿Qué te atrae hoy de componer a dúo, de componer con otros? Pensando en que sos un hacedor de canciones muy autosuficiente, pero aun así tenés muchas colaboraciones.
Edu: Siento que el resultado es mejor, me lleva a lugares donde solo no iría. Cada tanto hago alguna solo, pero el próximo disco va a ser todo colaboraciones o covers. Que también es una forma de componer con otro: agarras la canción del otro y la recomponés.
Hice una versión de un tema de Titãs, Epitáfio. Y tengo uno tremendo para cuando salga el disco: una versión cumbia de un tema de los Ramones, en español y con la letra cambiada.
También están los dúos: el Balde que es un capo; Lisandro Skar, que para mí es un genio y es de otra generación —le llevo como veinticinco años— y con él compusimos Vago, que ahora no lo dejo de tocar nunca. Freak lo hice con Cuino Scornik, el que hizo Estadio Azteca con Calamaro.
O.c: En algún punto seguís estando en las grandes ligas…
Edu: Sí, totalmente. y lo mismo con Lisandro Skar: después sacó Vos necesitás, que explotó en TikTok y tiene millones de escuchas en Spotify. Después lo hicimos en vivo y él me presentó diciendo que yo era una gran influencia para él.
El sábado estaba tocando en San Luis, y se levantó uno del público, emocionadísimo, y me gritó: “¡Con esa voz, ¡cómo no estás tocando en un estadio!”. Y yo le dije: “Estoy tocando acá, este es mi estadio. Ni nos vemos la cara, pero acá estamos”.
O.c: Eso es lo lindo de los lugares chicos: al ídolo lo tenés enfrente, cerca.
Edu: Sí. Y además, como compositor sigo estando en las grandes ligas. Como productor también, aunque mucha gente no lo sabe. Produje a Caligaris, Los Tipitos, Miranda, El Plan de la Mariposa —su último disco la rompió—. Y por ahí la gente no lo asocia conmigo.
Pasa algo curioso: mucha gente no va a mi show en un barcito, no me conoce la cara, pero escucha El fantasma todos los días y llora. Entonces seguís estando ahí, en la casa, en la vida de esa persona.
O.c: Para ir terminar ¿cómo sigue el año? ¿Europa, disco, talleres?
Edu: Ahora viene esta gira: Rosario, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Capital. Después Europa en mayo.
En junio, con el Mundial, se para un poco la gira, así que ahí voy a dar los talleres: uno de armado de canciones y otro donde explico cosas del conservatorio, pero de un modo más fácil, accesible para músicos autodidactas que siempre le tuvieron fobia a la clave de sol, al fa sostenido, a todo eso. Va a ser presencial y online.
También voy a sacar el disco, seguramente algunos videos, y sigo produciendo. De hecho, ahora llega una banda de chicos de catorce años que hacen rock and roll re crudo, como los primeros Ratones Paranoicos mezclados con punk y Viejas Locas. Está buenísimo. Vamos a hacer cuatro o cinco canciones, y capaz termina siendo un disco entero.
Todo eso para la primera mitad del año. La segunda… veremos para dónde nos lleva la vida.