El pop como oficio y conciencia: Leo García frente al paso del tiempo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on pinterest
Share on email

Leo García vuelve a Córdoba con una noche especial en Pétalos de Solel sábado 14 de febrero a las 21—, un espacio que en los últimos años se convirtió en su refugio cordobés. Allí repasará parte de sus discografía que marcaron más de tres décadas de trayectoria y que lo consolidaron como una de las voces más singulares del pop argentino. El regreso llega después de un 2025 intenso, con gira por Europa y Oceanía, un video callejero que se viralizó sin que él lo buscara y nuevos lanzamientos, entre ellos Madrid, Madrid, su sencillo más reciente, donde captura con sensibilidad la nostalgia cosmopolita de la capital española.

Con más de treinta años de carrera, García atraviesa un presente particular: entre el under que siempre lo cobijó y el mainstream que alguna vez lo impulsó, entre la intimidad de los clubes y la memoria de los grandes escenarios, entre la reinvención personal y la madurez artística. Su cancionero —de “Morrissey” a “Tesoro”, de “Reírme más” a “Cuarto creciente”— convive con una historia que incluye Avant Press y Soda Stereo, . También con premios, discos fundamentales y una búsqueda estética que nunca se detuvo.
En esta conversación repasamos junto a Leo su vínculo con Córdoba, reflexiona sobre el under y el mainstream, habla del pop cordobés como último gran aleteo del rock nacional, cuenta cómo fue tocar en once ciudades europeas y siete de Oceanía, y desmonta con humor y lucidez los prejuicios que todavía persisten alrededor del oficio musical. Entre anécdotas, proyectos y confesiones, aparece un artista que sigue moviéndose, aprendiendo y sorprendiéndose: más libre, más consciente y más trovador que nunca.

Otra Canción: Ayer me ponía a pensar en tu relación con Córdoba, de alguna manera. Es una ciudad a la que has venido seguido, has estado en diferentes lugares, pero creo que en los últimos años Pétalos se ha transformado en tu refugio en Córdoba.

Leo García:
Por más que yo quisiera tocar en un lugar diferente, si Alem me pide tocar en Pétalos y se puede lo hago. Pétalos es un lugar muy cómodo, muy lindo.

Yo lo descubrí en la época de la pandemia. Antes estaba La Belle epoque y había otro lugar un poco más grande todavía. Todos esos lugares cerraron. Cambió mucho la escena de los músicos: los que partíamos del under, los que alguna vez coqueteamos con el mainstream…

O.c: Me hablaste de “los que partimos del under y los que coqueteamos con el mainstream”. En tu historia también hubo un momento de cercanía con el mainstream, y después —por decisión propia o no— elegiste un camino más alejado de las grandes exposiciones. Aun así tenés reconocimiento: fuiste amigo de Cerati, formaste parte de Soda Stereo. ¿Cómo vivís esa dualidad y qué es para vos el mainstream, teniendo en cuenta que decís que sos más del under pero tu trayectoria también podría leerse como mainstream?

Leo García: Bueno, mainstream es cuando firmás un contrato con una multinacional. Eso ya es mainstream. Yo firmé contrato con EMI o con Odeón —que ya no existe esa discográfica en Argentina—, Virgin… y esos fueron los tres discos mainstreams: Mar, Vos, Cuarto Creciente. El contrato era por esos tres discos.

El resto de toda la discografía vino primero de Índice Virgen, un sello independiente, y después fui a PopArt, que también se manejó de un modo medio entre independiente y mainstream. Pero lo más mainstream que yo hice fue lo de EMI. Y bueno, te darás cuenta de que soy más conocido por esa etapa, porque hubo un plan de difusión, porque hubo mucho dinero puesto encima para que eso se luciera. En definitiva, ser mainstream tiene mucha publicidad.

Lo que pasa es que estamos en una época de despertar. Hoy día está tan armado, la previa al lanzamiento de un disco, el lanzamiento… eso es algo que ya no busco.  Hoy cuando veo que están haciendo la previa al lanzamiento de un disco, ya no es lo mismo que antes.

Me refería a firmar contrato con una multinacional que te va a solventar con mucha difusión y con un dinero de anticipo. Yo  Sé lo que es eso.

Después hice un sello que se llama Geiser y es un sello que hoy día funciona. Ese sello lo hice yo con PopArt, y ahí fundé a los primeros artistas que empezaron a estar en ese sello: Rayos Láser, De La Rivera, Viva Elástico, Berseñak… Había toda una movidita muy linda que se armó en el año 2013. Así que pude ver bien de cerca de qué se trataba un sello discográfico.

O.c: De todo eso, y de lo que sos vos, ¿en qué momento se encuentra Leo García? Pienso en toda la trayectoria que tenés. Digo: Estuviste de alguna manera entre los músicos que marcaron una época al que le siguieron Rayos Láser, Juan Ingaramo… que son los que abrieron, en algún punto, el campo indie en Córdoba. Una renovación del rock nacional que fue quizás el último aleteo del rock nacional, porque después viene el trap y todo eso.

Leo García: Creo que ese pop argentino, ese rock nacional cordobés, fue la salvación de aquel momento. Fue —y lo sigue siendo— porque, de algún modo, abrió una puerta a nuevas melodías, a una frescura que el rock nacional antes no tenía.

Sigo creyendo en esa movida. Creo que ayudó muchísimo. Fue el gran último aleteo de las canciones del rock nacional. Después el mundo entró en otra frecuencia. Ya no hablo solo de música nacional: fue lo que le pasó al mundo.

Otra Canción:  En 2025 tuviste gira por Europa. Fue un año bastante movido, tanto en Argentina como afuera. ¿Qué sacaste de ese año? Creo que fue un gran año para vos, en lo personal y en lo laboral.

Leo García: Montones de bares, clubes, centros culturales… para el público argentino. Me costó un montón hacerlo. Porque prácticamente dos años antes estuve tramándolo. Por ejemplo, yo también me fui a Oceanía

Otra Canción: Hubo un video donde tocas con un músico en la calle..

Leo García: Se viralizó ese video. Hoy día viralizarse es parte del éxito, de este combo. Pero fue buenísimo. Más allá de haber logrado hacer una gira por Europa —que este año no sé si la voy a hacer, porque tengo proyectos más poderosos acá en Argentina—, fue bueno porque rompí miedos.

Aprendí a manejarme solo: pasaporte, visa, ir de un país a otro, los idiomas… Por más que me encontraba con argentinos, tenía que lidiar con los idiomas en diferentes lugares.

Crecí de golpe, o crecí todo lo que tenía que haber crecido, porque ya estoy grande. Durante la pandemia y la pospandemia me fui a vivir a General Rodríguez, que es un lugar bastante campestre. Me descoloqué de todo. Me retiré de la movida: no venía tanto a Buenos Aires, no veía bandas.

Entonces fue un modo de reiniciar y empezar a hacerme cargo. Hay un montón de cosas que uno empieza a formarse como ser humano, más allá de la vida de rockero. Tenés que portarte bien en un momento. Y esto fue parte de eso,  de decir: “Che, yo puedo, con mi guitarra, tocar en Barcelona, en Madrid, en Francia, en Berlín, en Dublín, en Canarias, Holanda…

En total hice once shows. Después volví a casa, frené veinte días y me fui a Oceanía: Nueva Zelanda, Australia. Hice siete shows más en diferentes lugares.

Eso me repotenció, me recalculó. Porque si no, me quedaba tocando en los mismos lugares. Y más allá de eso, está el desafío personal: decir “sí que puedo ir”, y saber que había un público que me esperaba en cada lugar. Todo público argentino.

Así que fue revelador. Lo volveré a repetir en su momento.

Otra Canción: Recién, cuando me decías esto de la calle y de lo que se viralizó, me acordé de esa noticia que salió en varios portales. Y cuando escuchaba los comentarios —“ay, Leo García tocó con un músico callejero”— como si fuera una gran noticia, yo pensaba: ¿qué tiene de extraordinario? , ¿qué tiene de raro que un músico pase, escuche a alguien y quiera tocar con él? Sos una persona común que toca música. Más allá de la figura pública, es algo que debería ser normal.

Leo García: Es muy argentino tener tantos prejuicios. Tener miedo, vergüenza de no ser millonario. Esas cosas de clases sociales: que sos villero, que sos cheto, que sos un negro… Eso no existe en otros lugares. A nadie se le caen los anillos por cantar en la calle, por poner un QR y cantar a la gorra. Hay talentos increíbles, gente hermosa, talentosa.

Así se inicia una carrera. Cuando vas a Dublín, por ejemplo, cantás en la calle porque sabés que ahí cantó U2, cantó The Cranberries, Sinéad O’Connor, Coldplay… ¡Coldplay! Ya famosos, hicieron su show en esa misma callecita donde yo canté. ¿Cómo no iba a cantar yo?.

Después, cuando fui a Australia, me pasó algo parecido. Estaba comiendo en un bar —yo tenía que tocar en un club hermoso en Sídney, era mi último show ahí— y aparece un rubio divino, agarra una guitarra, pone un QR para la gorra digital y se pone a cantar… pero humillantemente mejor que yo y en verdadero inglés. Me enamoré. Lo empecé a seguir. Tiene una banda que se llama The Lany Guns. Nivel internacional.

Todos saben que para hacer una carrera en la música tenés que trabajar. Si primero hay que pedir a la gorra lo que te puedan pagar, lo hacés. No se te caen los anillos. Eso te sirve mucho cuando vas afuera. Te das cuenta de que esto es un verdadero oficio, una verdadera profesión. Siempre uno tiene que tocar para ganarse el pan, como decía Cerati.

Pero acá lo visual, la idea de que con un teléfono te podés hacer millonario… obnubila mucho. Y también está la práctica: si estás dispuesto a tocar todos los días por lo que te puedan dar, vas a salir bueno.

Acá hay mucho prejuicio, mucho miedo al qué dirán, mucho miedo a quedar “pobre”. La palabra “pobre” es un insulto. Por eso te lo aclaré. Una sola persona me dijo: “Ay, vos que te fuiste de gira, pero lo único que se vio es que cantaste en la calle”. Me enojé.

O.c: Es muy de esta época: si no aparece en Instagram, no sucedió.

Leo García:
Totalmente. Y yo sé el lugar que ocupo. Eso lo tengo claro Si yo tuviera veinte años, o menos, cantaría en la calle. No lo hice cuando era chico. Yo prefería vender entradas para tocar en Cemento. Vendí entradas para poder tocar, hasta que un día dije: “No vendo más ninguna entrada. Me tienen que pagar para tocar”.

Me quedé un año entero trabajando con los teclados y los secuencers, programando. De ahí surgió Avant Press. Y Avant Press siempre tuvo buenos escenarios, lugares con onda. Fue ahí donde me vio Mederos y donde me vio Cerati.

Hoy muchos chicos me preguntan: “¿Cómo hago para no tener que meter entrada para tocar?”. Mirá: al principio es un derecho de piso. Si querés hacerlo, lo hacés. Pero hoy la escena está golpeada pero hay artistas enormes como Noelia Sinkunas. Hoy podés pasar un QR, ponerlo en la pantalla LED y listo: “Pongan su dinero acá”.

Creo que el artista no tiene que tener prejuicio. Para vivir de la música hay que poner en un lugar importante el dinero que vas a ganar.

Nosotros con mi mánager decimos: “No pensemos en no tocar en tal lugar porque queremos hacer un Niceto”. Esa táctica de “no toques mucho así te extrañan” no nos moviliza. Yo creo mil veces más en estar en acción todos los fines de semana.

El fin de semana pasado toqué en un lugar, ahora me toca Villa María y Córdoba capital. El viernes Villa María, el sábado Pétalos. La semana que viene Tucumán. Y así todos los fines de semana.

Otra Canción: Recién nombraste a Noe Sinkunas. Ella hace tango, chamamé, ha hecho cumbias pasadas al tango de una manera increíble. Y pienso en tu generación, y en los que vinieron después: ¿existe hoy, comparado con antes, una ruptura de prejuicios estéticos? Hoy todos tocan de todo. No sé si vos tocarás cumbia, pero me imagino que si un día querés, lo harías.

Leo García:
Canto Gilda y grabé cumbias y todo, pero no me dedico a hacerlo. Igual no tengo ningún problema: si un artista de cumbia me invita a cantar, voy.

He ido a Pasión de Sábado. Arruiné mi carrera el día que fui a Pasión de Sábado, ¿entendés? Porque no era lo que la discográfica quería. Me bajaron el pulgar por eso. Al principio, cuando cantaba Gilda, el público tampoco lo entendía. Después Gilda —más allá de que ya era un mito— mirá en lo que se transformó hoy: supera el género.

Yo no tengo conflictos con los géneros musicales. Sí creo que últimamente la música mainstream se ha latinizado demasiado. Entonces, los que veníamos de un palo más europeo dejamos de escuchar lo que se escucha pluralmente. No me engancho tanto con lo latino.

Otra Canción: Pienso en tu carrera, en todo el camino recorrido, en los artistas con los que colaboraste. ¿Qué lugar creés que ocupás? Vos decías: “Sé el lugar que ocupo”. ¿Qué lugar es? Yo, particularmente, te definiría como un trovador, un electrotrovador, si querés. Abriste un camino.

Leo García: Me encanta que digas eso, porque me lo sacaste de la boca: yo soy el trovador. Acá viene la parte donde me expongo como un soberbio: soy el trovador. No hay otro trovador. Todos los que tocan con guitarra siempre necesitan un baterista, un violín al lado… yo no. Yo canto con la guitarra, con la voz y con una MPC para compensar ese otro instrumento. En vez de tener una banda, tengo una máquina programable, una clásica del hip hop: la MPC. Más clásico imposible. La usó Kanye West, la usó Cerati, la usó Dr. Dre, la usó Stevie Wonder… y la uso yo. Y soy un maestro usando la MPC.

Uso la MPC y voy cambiando de guitarras porque se me van rompiendo en el recorrido. Mi modelo más grande es Facundo Cabral. Me voy transformando en un señor adulto, cada vez más maestro con su guitarra y su voz.

Siempre me dijeron eso: que soy una persona que sola en el escenario se la banca más de dos horas y el público queda feliz. Ese es el lugar que ocupo. El resto pueden ser bandas, o solistas que tocan con guitarra pero siempre tienen compañeros alrededor. No es mi caso. Mi compañía es mi mánager. Y cuando tenemos dinero para invertir —porque nos pagan muy bien en algún lugar— sumo un DJ, sumo sonidistas, asistentes. Claro que tengo un equipo atrás, pero no son músicos.

Inclusive estoy estudiando baile porque me interesa tener mayor control arriba del escenario. Pero lo mío siempre es muy personal. Y el otro día pensaba: toco, toco y toco… y está buenísimo, porque veo un montón de gente feliz alrededor. El dinero no me falta. Lo genero tocando en un lugar y en otro. No hay mucho para repartir, pero algo queda en el bolsillo y algo en la caja de ahorro.

Pienso en mis modelos como Tanguito. ¿Qué hizo Tanguito? A la vista de la historia del rock nacional, es el precursor. ¿Cuántos shows hizo? Diez. Tocó cinco veces en La Cueva, un lugar que nadie sabe cómo era. Nunca lo vimos. Hay un video de tres segundos dando vueltas y nada más. Es un misterio. Entonces digo: ojo con lo que deseás. Yo deseaba ser Tanguito. Y de algún modo, el formato está: toco en Pétalos, toco para cien, doscientas personas. Y también pasan cosas grandes: cerramos el 21 en el Festival del Arte de Elvira, con cinco mil personas en la plaza de Palermo. Siempre hay cosas que suceden.

Pero es eso: la aproximación con el público, cantar y tocar de verdad. Y esto no significa que compita con los que usan autotune y computadora. Me gusta eso también. Pero el modelo que yo represento es el del trovador. Y me agarro de ahí, porque no veo alrededor artistas que crean fuerte en ese modelo. Ponele: la vi a Valeria Acevedo, la influencer. Me gustó muchísimo cómo se la banca sola con la guitarra, la voz y el piano. Ahí vi algo.

Yo estoy haciendo muchos videos en TikTok, tirándole pistas a una persona nueva que quiera el consejo de un viejo. Y tiro esa: si tocás con la guitarra y la voz, dale con todo. práctica todos los días porque cada vez es más difícil sostener una banda, pagar cinco músicos, sonidista… es para muy pocos. Y quizás, abriendo puertas como trovador, después puedas tener el despliegue económico para sostener todo lo otro.

Soy un gran consumidor de trovadores clásicos: Bob Dylan, Facundo Cabral, Silvio Rodríguez cuando llenaba Obras solo con su guitarra. Ese es el objetivo que quiero seguir. Elliot Smith es mi favorito. Tiene discos increíbles y en YouTube ves ochenta mil shows de él solo con su guitarra, desde el primer tema hasta el último, sentado en una silla. Llorás. Y eso es un súper desafío.

Solo necesitás constancia, corrección, ser consciente de que el instrumento tiene que estar perfecto, afinado, tocar mejor, tener mejor presencia en el escenario. Hay mucho para desarrollar en un trovador. Hasta la ropa que te ponés.

O.c: Nombraste a Facundo Cabral y a Silvio Rodríguez, y uno en el mapa musical dice “Leo García”, aparece más ligado al rock. No sorprende, pero de alguna forma buscaste referentes de otros ámbitos para trasladarlos a tu música, que en el inconsciente de la gente está más asociada al rock o al electropop.

Leo García: Sí, a la música pop, al rock nacional. Uno es lo que mamó, viste. Mi historia empieza escuchando discos: The Beatles, Nino Bravo, Leonardo Favio —me llamo Leonardo por Leonardo Favio—. El mundo de la canción siempre estuvo muy incorporado en lo que absorbí.

Escuché mucho Sui Generis también. De hecho, grabé Canción para mi muerte, que es una de las que canto en vivo. Es muy obvio cantar esa canción, pero hoy creo que la cultura de ese lugar se va evaporando. No voy a ser el que diga “falta cultura”. Las cosas se evaporan: si pintás una pared, con el tiempo se borra.

Me parece que está bueno seguir dándole vida a una vertiente musical que conecta más con la nostalgia de las personas sub-50, sub-40, que son las que realmente me siguen. Sub-30, sub-40: esos saben quién es Leo García.

También está lo otro: aparecí dentro de un plantel donde mis maestros fueron Cerati, Melero, Moura. Es lógico que la modernidad esté ahí. No puedo decir que el tiempo pasado fue mejor. No me parece un buen estilo para encarar la vida. Pero es la formación que tuve.

Los 80 fueron muy importantes para mí. Los 90 más aún, porque los viví y los hice. Yo hice los 90 con Avant Press. Creía que estaba haciendo algo nuevo —aunque copiaba a EMF o a bandas de afuera—, pero sí estaba haciendo algo nuevo para Argentina. Por eso me dieron bola en ese momento. Y en los 2000 creo que instalé la música pop junto con Miranda, que tuvo un pequeño delay conmigo. Antes de Miranda aparecí yo, en 2001, con Mar. Y ya antes, en el underground, se hacía tecno pop. Pet Shop Boys no era algo tan erradicado del under: estaban Los Encargados, El Signo… había una movida. Cuando aparecí con ese sonido tecno pop mezclado con rock, en 1999–2000, empezó a cambiar un poco la escena pop en Argentina.

Creo que Federico Moura marcó un antes y un después. Su desaparición dejó abierta la posibilidad de que una banda de rock se tecnificara, que pudiera tocar más o menos y usar sintetizadores. Superficies de placer es pop abstracto, vanguardia total.

Ni hablar Soda Stereo también: una banda que cambiaba disco a disco, muy Bowie. Esa cosa de reinventarse. Yo vengo de admirar eso. Esa postura de aburrirse de ser igual convive conmigo. Por más que me repita para mejorar, hay algo en mí que va cambiando. Como diría Moura “Soy moderno. No fumo”.

O.c: Pienso en Virus, ellos hicieron un pop que podía parecer naif, bailable, pero con mensaje. Un pop divertido, sí, pero con espíritu que invitaba a pensar. ¿Cómo lo ves vos?

Leo García: Total. La música pop es Madonna, Michael Jackson… más para los 2000, Britney Spears, con su historia trágica y todo lo que pasó.

Para decir “soy pop”, tenés que tener un hit, haber firmado con una multinacional y tener canciones que en algún momento se escucharon. Si después no lo pudiste sostener —como algunos pueden decir de mí— bueno, no lo sostuve… pero los hits los tengo.

Hasta estoy orgulloso de La isla del sol, una canción que hice al comienzo, y es muy comercial. Me puse un seudónimo porque me pagaban para hacer canciones, y pegó. Es importante para ponerse el título de pop haber firmado con una discográfica y haber sonado en las radios, haber tenido un golpe de hit. Hasta un grupo como The sacados es pop.

Hay un pop underground que no entiende esto. Pop es cuando llegás ahí, cuando estás a la venta, cuando sos un producto. Los Rolling Stones pueden ser pop. Nirvana fue pop. Es cuando llegaste a la venta.

Por eso, si querés investigar el arte pop, tenés que ir a Andy Warhol. Warhol hacía reproducciones, serigrafías, productos repetidos. Lo mismo que los discos: grabaciones repetibles, vendibles. Warhol es el mejor ejemplo de lo que es pop.

Por eso es importante: si querés hacer música pop, tenés que tener anhelo de ser famoso y de tener hits. Aunque sea uno. Vivirás con La Pachanga eternamente, vivirás con El petiso, pero es un hit. Y hoy eso se valora mucho.

Si no tenés ninguna canción por la cual seas reconocido, por más que suene pop, no es pop. Más allá de los géneros, eso es lo que yo entiendo como música pop.

Otra canción: Recién dijiste algunos podrán decir que no mantuviste el éxito o que tuviste un bajón de popularidad. ¿Pero vos como lo ves? ¿Te pesó en algún momento esa idea de “no sostener el éxito”? ¿Fue una decisión, una caída, o simplemente un cambio de época?

Leo García: Yo creo que ahí se confunde éxito con éxito comercial. Mantener el éxito comercial es dificilísimo, muy poca gente puede. Y más cuando la industria cambia tanto. Para seguir ahí tendría que haber hecho canciones con traperos, o reincorporarme con artistas del momento. De hecho, esas propuestas las tuve. Ahora estoy trabajando en una regrabación de mis canciones más conocidas con productores e invitados actuales. La discográfica me lo propuso hace cuatro años, cuando salió Hotel Miranda. Es una forma de volver al mainstream, porque las generaciones nuevas son las que consumen. Los de nuestra edad ya sabemos lo que nos gusta, no somos tan impulsivos.

Pero para mí el éxito real es otro. El éxito es estar vivo, estar bien, tener la mente clara. No es conformismo, es una verdad. Yo tuve mis momentos de narcisismo, de confusión, de demasiada exposición. Tomé demasiadas drogas, demasiado alcohol, me fui al tacho. No cumplía fechas, me enojaba con cualquiera. Es un ABC que le pasa a muchos artistas cuando el pico de difusión es alto: la subida es alta y la caída es dura. No me victimizo, pero pasa.

Pero también es cierto que muy pocos logran mantenerse arriba cinco o seis años seguidos.  Yo hoy me quedo con ser un trovador: tocar de lugar en lugar, viajar, abrir puertas. Para mí fue un éxito tocar en Europa, en Oceanía, encontrar argentinos en todos lados, aunque sean cien personas. Eso es éxito.

Además, hoy la época pide lucidez. Antes no importaba si el que cantaba estaba reventado; hoy sí. Hoy no le creo a alguien con la cabeza frita tirando un mensaje. El cuerpo tiene que estar limpio, la mente sana. Yo veo a los pibes haciendo ejercicio, comiendo bien, cuidándose. Estamos en una época de despertar. La religión no te salva; la conciencia sí. Y si tu conciencia está sucia de drogas, no podés construir nada.

Yo tengo 55 años y si me la pusiera como antes, no podría hablar con vos, no podría cantar, estaría destruido. Pero voy al gimnasio todos los días, como sano, me cuido. Hice de todo para desintoxicarme: chamanes, terapias, lo que sea. Porque la noche y la juventud están para experimentar, pero después hay que volver. Y yo volví. Y para mí, eso también es éxito.

A mí me alrededor gente que te cuide o que cuide la imagen del artista, y me parece que siempre va a funcionar mejor a la imagen de lo que el gran público quiere. La gente no quiere pagar para ver a un drogadicto, y no me parece mal que así sea y que la gente no esté aplaudiendo a alguien que se la dio en la pera y por eso es un genio. Cambiaron las épocas, hoy tenemos que ser verdaderos soldados.

O.c: Recién mencionabas este proyecto de reversiones con invitados. Y pensaba en algo que escuché en el Cosquín Folklore: cuando Milo J sacó su disco con feats, entre ellos Cuti Y Roberto Carabajal, mucha gente decía que porque el público que escucha a Milo no significa que vaya a escuchar a Cuti. Como que ese cruce generacional no siempre se traslada. ¿Cómo te llevás con esa idea? Si vos invitás a un artista joven ¿sentís que eso realmente te acerca a ese público, o no lo ves así? ¿Creés que un feat puede hacer que un pibe de 18 o menos diga “che, quién es Leo García”?

Leo Garcia: Esa charla la venimos teniendo hace cuatro años. Y es verdad: es muy probable que haciendo algo con un artista del momento llegues a un público que no te conoce por una cuestión de distancia generacional. A mí me pasaba lo mismo: yo sabía quién era Porchetto o Cantilo porque era melómano, pero si un pibe de los 90 los conocía era porque el papá los escuchaba. Conmigo pasa igual: muchos chicos me dicen “mi papá es re fan tuyo”. El tema es cómo llegar al hijo.

Ahora, te soy sincero: yo no tengo ese anhelo. No pienso estrategias de conquista. Si un productor o mi mánager quiere plantearlo así, dejo que lo haga él. Pero yo no voy a forzar nada. Me parece como mentir para enamorar: estás tratando de agradar para que te quieran. No me gusta eso. Yo sigo creyendo en el boca en boca, en el corazón en corazón.

Por eso también el disco de reversiones se demora. No tengo desesperación por responderle a un público nuevo. Mi público está. Y aprendí a no ser un quejón. Tengo 55 años, en cinco voy a tener 60, y quiero llegar bien: con los músculos armados, la voz intacta, viviendo como vivo. Eso

Si tengo que hacer una canción con alguien, la hago con Fabiana Cantilo, con Coti Sorokin, con mis contemporáneos. Con los chicos de ahora, alguno me conoce, pero no voy a hacerme amigo para pertenecer. Y además vi discos llenos de feats —desde Lali hasta el último que apareció— y no pasó nada. Esa búsqueda de querer pertenecer es muy vieja, muy política también. Y no queremos que nos lo hagan los políticos, mucho menos un artista.

O.c: Para ir terminando: me contaste que estás trabajando en este disco de reversiones, pero ¿cómo se viene el 2026? ¿Qué otros proyectos tenés en marcha?

Leo García: Mirá, estoy desarrollando todo paso a paso. Y lo cuento porque, contándolo, me comprometo a hacerlo. Primero, un disco homenaje a Daniel Melero. Hablé con él y me dio permiso. Fue una propuesta de un productor, no es un proyecto independiente: es medio mainstream, con todo lo que necesito para producirlo bien. Y lo estoy disfrutando muchísimo. Ahora estoy en la etapa de demos. Son todas canciones de Melero cantadas por mí. Me encanta porque es algo que realmente quiero hacer.

No hablaba con Melero hacía mil años. A través de Miguel Castro conseguí el contacto para pedirle permiso. Yo no puedo hacer esto sin pedirle permiso al maestro. Lo llamé, me atendió y me dijo: “Ya me enteré de lo que estás haciendo. Hacelo, porque sos la persona indicada”. Fue muy emocionante. Le ofrecí mandarle los demos y me dijo que no, que no quería contaminar el proyecto.

Después está lo otro que te conté: las reversiones de mis canciones. Eso sí tiene que ver con reintegrarme al mainstream. Hay un contrato previo con una multinacional para que tenga la difusión que merece.

También estuve participando en una serie de Netflix —no puedo adelantar mucho—, pero se me ve cantando muy bien en varios capítulos. Va a ser una serie muy vista y siento que me va a dar una mirada más popular. Sale en marzo. Eso ya está filmado desde el año pasado, está todo cerrado. Este año simplemente aparece.

Con todo esto ya tengo un año lleno. El disco de Melero lo voy a hacer sí o sí, porque no es un proyecto comercial. Aunque tenga “trátame suavemente”, no es un disco para “pegarla”. En cambio, las reversiones sí tienen un propósito comercial. Si no, mejor dejar las versiones como están. Pero creo que necesitan una refrescada: mi voz cambió, el sonido cambió.

Ah, pará, importantísimo: este año se cumplen 25 años de Mar. Estamos haciendo una edición en vinilo del EP del álbum. Y voy a hacer una presentación oficial recordando ese momento, mostrando el EPK —ese documental donde aparece Cerati hablando del disco— y voy a estar vendiendo los vinilos. Así que sí, 2026 viene movidísimo.