Los Cocineros: un 14 de febrero para amar, bailar y exorcizar

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Los Cocineros vuelven este 14 de febrero a Pez Volcán con un show que celebra el amor en todas sus formas y recupera la potencia de su ritual colectivo. Mara Santucho repasa el presente de la banda, su regreso y la energía que los impulsa a seguir reinventándose.

Los Cocineros regresan este viernes 14 de febrero al escenario de Pez Volcán para una noche dedicada al amor en todas sus formas. En Marcelo T. de Alvear 835, en pleno Güemes, la banda cordobesa vuelve a encender su universo lúdico con una propuesta que combina música, baile, romance y celebración colectiva. Habrá pizzas “Ternura” y “Pasión”, tragos de regalo y ese clima que solo ellos saben cocinar: una fiesta abierta a enamorados, amistades, solxs curiosxs y cualquiera que quiera moverse corazón a corazón. Porque el amor no tiene una sola forma, y el baile tampoco.
Con más de dos décadas de trayectoria, Los Cocineros son parte fundamental de la historia musical cordobesa. Desde 2001 construyeron un lenguaje propio donde conviven ritmos latinoamericanos, pop, bolero, rock y ska, siempre atravesados por una teatralidad que los volvió inconfundibles. Hoy, después de dos shows agotados que marcaron su regreso, la banda atraviesa un momento de búsqueda y expansión. “Estamos proyectándonos desde el día uno”, cuenta Mara Santucho. “Hay integrantes nuevos, y eso trae otra impronta. Estamos buscando canciones, sumando repertorio, grabando cosas nuevas. Este año es para eso: para mirarnos hacia adelante, para volver con otras canciones”.

La fecha del 14 de febrero no es casual. Para Los Cocineros, el amor siempre fue un territorio fértil, un pulso emocional que atraviesa buena parte de su cancionero. “Nos preguntamos mucho qué cosa es el amor”, dice Mara. “Depende de a quién le preguntes. En nuestras canciones aparece desde muchos lugares: el amor, el dolor, la espera, las separaciones. Cada canción tiene vida vivida. Y el público lo sabe: nos cuentan cuándo nos vieron por primera vez, qué les pasó en esos shows. Es un vínculo de veinte años”. Celebrar el amor desde el escenario, en un tiempo donde las formas de querer cambiaron tanto, es para ella un acto poderoso: “Cantar el amor es muy fuerte. La poesía sube el voltaje. Yo estoy en escena, pero mi cabeza va llena de imágenes de mi propia vida. Es muy cinematográfico”.

Si algo distingue a Los Cocineros es su capacidad de convertir cada show en un ritual compartido. “Lo colectivo es todo”, explica Mara. “Nosotros tiramos cosas desde el escenario y la gente las devuelve: baile, gritos, participación. Es simultáneo, es fluido, estamos todos en la misma frecuencia. El vivo trasciende lo musical. Es vibración pura”. Ese pulso compartido es, para ella, una forma de amor también: comunicación, ida y vuelta, un espacio donde todo está habilitado. En una fecha donde conviven enamorados, amistades y curiosxs, la banda piensa el repertorio como un espacio de liberación. “La gente viene a exorcizar. A sacar para afuera. Y uno sale distinto a como llegó”.
El humor y la teatralidad siguen siendo parte esencial del ADN cocinero. “Desde que nos ponemos los delantales ya estamos invitando al juego”, cuenta Mara. “Los speechs, las canciones como si estuviéramos cocinando, la mirada con el público, las pequeñas coreografías que se arman… todo eso construye algo que sucede en el momento. No es solo divertido: es intenso, es especial, es único”. Para ella, el juego no es un adorno: es una forma de estar en el mundo, una manera de construir comunidad en tiempo real.


Este 14 de febrero, Los Cocineros y Pez Volcán proponen una noche donde el amor —en todas sus formas— se vuelve música, baile y encuentro. Una celebración colectiva que confirma que, después de más de veinte años, la banda sigue siendo un territorio donde todo vibra, todo se comparte y todo se transforma. Una noche para dejarse llevar, para exorcizar, para volver a sentir que la música también es un modo de quererse.