Desde hace años, Natasha Fei viene construyendo una voz propia en el rap cordobés: firme, autogestiva, espiritual y profundamente comunitaria. En esta entrevista, habla de lo que significa ocupar el espacio público, de cómo el hip hop puede ser una forma de justicia social, y de los aprendizajes que nacen del silencio, la introspección y la red.
Ganadora del Premio CIEyA 2025 a Artista Urbana del Año —entregado el 11 de noviembre en el Teatro Comedia—, Natasha consolida un presente de expansión artística sin perder el eje colectivo. Este sábado 22 de noviembre se presenta en CHILLI con banda completa e invitados del rap local, en un show que celebra su EP Ciudad Bendita y reafirma que la lírica también puede ser acto, comunidad y resistencia
Otra Canción: Vas a estar presentando el 22 tu ep en Chilli con banda, Pero aparte hace unos días saliste como mejor artista urbana en los premios CIEyA. ¿Es una especie de festejo también?
Natasha: Lo vamos a usar de excusa para festejar, porque lo de los premios CIEYA no estaba especulado, no sabíamos qué iba a pasar con eso.
O.c: ¿Qué significan los premios CIEyA? Es un premio importante para córdoba. Y premiar como mejor artista urbana a un género como el rap, que, si bien viene pisando fuerte, todavía le queda mucho por crecer…
Artista: La verdad que los premios CIEyA fueron muy importantes, más allá de que ganara yo o ganaran mis compañeros. Lo importante es el espacio que se nos está dando, y que nosotros también nos estamos apropiando. Siento que construimos un montón para que esos espacios ya estén empezando a buscarnos, a decir “¿Dónde están?”. Está bueno que las personas que estuvimos en la terna seamos todas personas que venimos hace muchísimos años construyendo. Porque no solo yo, sino mis compañeros también rapean hace como diez años. Es importante tanto para nuestro género como para la cultura y la industria musical de Córdoba.

O.c: El año pasado fuiste reconocida por el consejo deliberante…
Natasha: El Consejo Deliberante de Córdoba me hizo un reconocimiento por mis diez años de aporte a la cultura con Ciudad Bendita. Volvemos al ep Ciudad Bendita que nos ha dado varias cosas.
O.c: ¿existe una escena de rap cordobés? Me parece que hay un rap cordobés que se va sintiendo…
Facu: Creo que hace años que se viene construyendo con un montón de raperos que inclusive rapean antes que yo. Claramente ahora estamos más en auge, por eso tenemos más visibilidad. Al principio tenía más visibilidad la queja, ahora está más en auge la música. Siento que tenemos una identidad. Hay unas cositas dando vueltas, hay raperos y raperas que tienen su propia impronta, y se nota que son cordobeses. Los escuchás rapear y decís: “Tenés tonada cuando rapeás”. Es increíble eso, porque no lo tienen otros lugares.
O.c: Recién me decías que trabajás en talleres en el barrio. ¿Qué se aprende de esos espacios que otros no te dan? Además, trabajaste en Complejo Esperanza.
Natasha: Trabajé dos años en Complejo Esperanza. De hecho, se cortó el programa cuando asumió Milei. Pero en el momento en que trabajé ahí, aprendí un montón de cosas. Aprendí sobre el contexto de los jóvenes, de por qué estaban ahí. Y más allá de eso, de las creencias y las formas que tienen ellos de ser.
También trabajo en el barrio, y veo que a algunos niños el contexto los empuja a ir por esos lugares cuando no hay contención.
En el Complejo Esperanza no solo hacían rap, sino que adoptaban mucho el RKT. Yo siempre digo que el RKT es como el rap argentino, porque habla casi lo mismo que el rap yanqui: del barrio, de su vida, de delincuencia. Yo siempre digo eso cuando me toca hablar de los chicos en contexto de encierro. Para ellos, el rap argentino es el RKT. La mayoría hacía RKT, pero a través de la palabra podían expresarse y contar. Se sentían identificados con quienes hacen RKT, porque cuentan cosas que ellos vivencian.
O.c: Pienso en el EP Ciudad Bendita. Se siente mucho eso del barrio. ¿En qué momento nace y por qué ese nombre?
Natasha: Ciudad Bendita porque claramente hablo de Córdoba. Me la pasé viajando estos diez años por todos lados, y siempre volví a Córdoba, pero sentí que me hacía falta hablar de dónde soy, de donde aprendí a rapear, sentía que le debía algo a la ciudad.
Ahora sí vivo en San Vicente, pero me crié en Jesús María. Entonces habla un poco de mi salida de Jesús María hacia Córdoba, y mi forma de habitar los barrios siempre ha sido a través de talleres o de ir a rapear a otros lugares. Nunca viví en un barrio, y eso me cambió mucho la forma de pensar los contextos a la hora de habitarlos y hacer territorio con mi trabajo.
Pero sí hablo de salir de Jesús María, de lo que es irse de un pueblo a una ciudad más grande. Sentía que acá iba a aprender un montón, y así fue. Yo aprendí a rapear sola, en mi pieza, en mi casa, y después cuando vine para acá me expandí más.
Es como un trofeo. Siempre digo que es como una escultura a Córdoba, Ciudad Bendita. Habla de amor también: Narciso fue mi primer amor acá en Córdoba. Mamá Gorila habla de todo, de la Cañada. Siento que hacía falta que alguien hable de los lugares de Córdoba.
Hay otro rapero que menciona muchas calles, colectivos y cosas. Eso me parece increíble. Es Tomasito, es muy bueno y habla siempre de Córdoba.
O.c: Recuerdo una vez, en una charla que alguien te nombró como “madre plaza”, como que eras la madre de las batallas de freestyle en el circuito cordobés. ¿Vos te ves como esa madre, como un referente de ese circuito?
Natasha: Actualmente no, porque yo ya no voy tanto a la plaza. Ese apodo fue más que nada porque yo era una de las pocas mujeres que había en el entorno, y siempre fui un poco más grande que los chicos. Entonces, siempre surgían esas cosas de: ‘¿Comiste hoy?’, ‘¿Tenés un buzo?’, ‘¿Vamos para allá?’, ‘¿Va a llover?’, no sé… cosas de madre.
Después, sobre si me siento la madre de la cultura o algo así… puede ser. La verdad es que no me gusta atribuirme esos lugares. Si los demás lo piensan, así será. Pero yo estoy bien compartiendo espacio con todos mis colegas. Inclusive han salido más mujeres a las que también se les ha dado ese nombre. Y también hay tías, hay de todo en la plaza. Es cuestión de ir a habitarlo nomás.
Entrevistador: En una de las canciones decís: “El rap me dio motivos para verme bien”. ¿Cómo cambió tu percepción personal desde que empezaste a rapear?
Natasha: “Creo que me cambió toda la vida, directamente. Porque rapear también es un muy buen método de canalización. Es algo que te empuja todo el tiempo a escribir, o en el freestyle, a sacar cosas. Por asociación libre te salen para afuera. Vos nunca sabés qué vas a decir, solo sale. Y eso hace que se convierta en un mecanismo, en una herramienta para poder expresarse y sacar hacia afuera todo eso que uno tiene adentro. Y eso me hizo darme cuenta de un montón de cosas.
No solo me sirvió como herramienta de escritura, sino también como ejercicio sobre los valores. La cultura del hip hop tiene valores que uno tiene que respetar para ser parte de ella. Te piden nomás que seas respetuoso, que seas consciente, que seas amable, que te comuniques. Compartir es una premisa todo el tiempo.
Entonces, también me sacó de mis zonas de confort, en varias situaciones que yo tenía arraigadas, debido a mi crianza. Me ayudó mucho a ser mejor persona y a evolucionar también en mi forma de pensar.
Eso me parece increíble. Y no solo a mí: yo sé que, a todos, a cualquier persona que esté metida en la cultura, sí o sí alguna vez le ayudó a reflexionar o a evolucionar como persona. Porque la verdad es una cultura muy hermosa, que tiene valores muy lindos, y está construida sobre una base muy importante, que es la de compartir
O.c: justo te iba a preguntar ¿qué rol juega la fe colectiva en tu obra? Porque hay mucho de lo colectivo en tus letras. De hecho, creo que hay una frase que dice “nada me llena más que verlos creer”. Se nota que hay algo colectivo ahí.
Natasha: Sí, es que en la cultura del hip hop lo colectivo y la comunidad son muy importantes. Como en la vida también.
Esto de tejer redes, de ayudar al otro, de generar esta idea de que si vos ayudás a alguien, no hace falta que ese alguien te ayude a vos, sino que ayude a otra persona.
Es como empezar a reproducir cadenas de ayuda y de buenas acciones hacia otras personas, que no necesariamente tienen que ser uno mismo.
También entender eso es reimportante, porque si uno siempre espera cosas que no van a venir de la misma persona a la que se las dio, eso genera conflicto.
Entonces hay que entenderlo como algo que se construye para adelante. Yo te ayudo a vos, o ayudo a aquel, y aquel va a ayudar a otro, y así sucesivamente. Para que esto se pueda sostener. Porque es importante la construcción en comunidad, el apoyo entre pares, todo lo que tenga que ver con aunarse y construir cosas sólidas.
Creo que hay que construir cosas que no se las lleve el viento. Que esto no sea una moda pasajera, porque es una cultura, y es muy importante.
Está bueno que tenga cimientos fuertes. Pero para eso todos tenemos que estar con las mismas ganas de construir, con la misma intención de sostener, y de comunicarnos entre nosotros. Para que esta construcción sea posible, sea real, sea colaborativa, y lo más amorosa posible.
O.c: De alguna forma, eso se refleja en tu música. Por ejemplo, en otra frase decís “me tocó bancar la toma, nadie me acomodó”. Se nota una militancia territorial, tanto en defender la música que hacés como en ciertas luchas sociales.
Natasha: Esa frase en particular tiene que ver justamente con esto que te digo de ayudar. Al principio, si bien había gente que se acercaba a dar una mano, hubo mucha que no lo hizo, desde la cultura, para que mi camada creciera o prosperara.
Mucha gente de mi generación se formó con el pensamiento de: “Si nadie me ayudó, ¿por qué tengo que ayudar yo?”, “Si yo conseguí mis cosas solo, ¿por qué tengo que darle al otro?”. Y yo un tiempo sostuve ese pensamiento. Pero en un momento me di cuenta de que no estaba dando fruto, no estaba haciendo algo bueno.
Yo me hice sola. Hice mis beats, aprendí a rapear sola, todo sola. Soy una persona muy autogestiva, eso también hay que decirlo. Si no lo fuera, hubiese necesitado del otro. De hecho, eso reforzaba mi pensamiento. Pero en un momento entendí que, si no tejía redes, si no salía hacia afuera, iba a ser muy difícil construir algo.
No solo para mí, sino para todos los que estaban ahí. Ahí fue cuando mi pensamiento cambió y empecé a hacer lo opuesto: a ayudar. A veces hasta de más, diría.
O.c: Y eso lo reflejás también en otra frase que me llamó mucho: “no volver a dejar que nadie me quite la voz”. ¿Por qué crees que te quitan la voz en un lugar donde, en teoría, hay música para todos?
Natasha: Sí, lo que pasa es que hay mucha desinformación. Por ejemplo, estaría buenísimo que le expliquen a un artista que es importante su identidad, y cómo encontrarla. Porque todos tienen una. Pararse a hacer música desde su identidad.
También cómo registrar su música en SADAIC, que es donde más plata puede sacar un artista, por ejemplo. O cómo subir sus temas a Spotify, cómo comunicarse con su público, algo de redes.
Porque hoy en día está todo digitalizado, y nuestras redes son nuestro medio para llegar a otras personas la gran mayoría del tiempo. Siento que eso, en Córdoba, hace mucha falta: capacitaciones para artistas en general.
Si no, nos quedamos siempre en el under. Y eso también es una herramienta que nos hace falta a todos.
O.c: Pienso en tu lírica Hay algunas partes que me sonaron, si se quiere, no sé si espirituales, pero sí introspectivas.
De hecho, hay una frase que me quedó muy grabada: “Tu madre reza hasta que el hambre cesa”.
Natasha: Yo creo que son cuestiones introspectivas y espirituales.
Yo no estoy con ninguna religión. Creo que cada uno es su propio generador de energía, de creación, de poder. Que uno puede con todas las cosas.
Sí creo en algunas cosas. Mi mamá, por ejemplo, hace reiki, trabaja con piedras, y yo me encamino por ese lado.
Después, creo en la Virgen y cosas así. Pero ya hacer devota de una religión, no..
No me gusta encasillarme, no me gustan los límites en cuanto a lo que uno puede llegar a creer.
Pero sí desarrollé un pensamiento espiritual. Tengo conocimiento de otras religiones.
De hecho, creo que para poder salirme de algo o criticar algo, tengo que saber sobre ese algo. No se puede criticar desde el no saber.
Entonces, conozco, elijo, y tomo lo que más me sirve de cada una para construir mi propia realidad, mi propia versión de lo que considero espiritual.
O.c: En “Narciso”. Hay una parte donde decís: “Porque tu mirada de asco solo refleja quién soy”. ¿Alguna vez te tocó enfrentarte a ese juicio ajeno sin perder tu centro?
Natasha: Sí, sí. Es algo que viví, y que genera impotencia en algún punto. Pero no es algo que me moleste. Nunca me afectó realmente. Más allá de pensar: “Qué bajón esto”, nada más. Sí, con otras cuestiones soy más firme, más hiriente. Pero eso… no me molesta.
O.c: Hablando de lo social, ¿cuánto tiene el hip hop, el rap, el arte en general, de herramienta para la justicia social? ¿Se puede hacer justicia social desde ahí
Natasha:. Somos un movimiento que está en la calle, y más social que eso no se puede. No sé si llamarlo “movimiento social”, pero sí somos un movimiento que se sostiene en lo colectivo, que está en la casa, en la plaza, en el barrio. Y no importa dónde estemos: si hacés rap, siempre vas a tener techo y comida en cualquier lugar al que vayas.
Eso, para mí, ya es una forma de justicia. Una forma de protestar es estar en la plaza. Los pibes van a la plaza no necesariamente a protestar, sino a hacerse presentes, a ocupar el espacio. A decir: “Acá estamos, estamos haciendo lo que nos gusta, lo que mejor nos sale, nos estamos expresando, estamos usando el espacio público, nos lo estamos apropiando”.
Creo que no hay acto más justo que ese: estar en la plaza. Y el que no va a la plaza, lo puede hacer desde otro lado: con sus letras, con su trabajo, aportando desde donde esté.
En el hip hop también decimos que no todo es hip hop. No importa si hacés o no hacés alguna de las disciplinas. Si tenés los valores del hip hop, sos hip hop. Si trabajás en un merendero dándole de comer a los chicos, hiciste hip hop. Porque sostenés el valor de compartir y el de estar para el otro.
O.c: En “Mamá Gorila” decís: “Debés aprender a destruirte para construir”.
¿Te destruiste o el hip hop te ayudó a destruirte para volverte a reconstruir?
Natasha: Sí, totalmente. Y no solo el hip hop: también mi círculo, las personas que tenía al lado.
Creo que todo parte de esta palabra que se viene usando mucho en los últimos tiempos: deconstruirse. Uno no puede construir sobre cosas rotas.
Entonces es necesario revisarse, ver qué quiere cambiar, qué necesita soltar, para poder seguir construyendo y dejar atrás lo que ya no sirve.
Hay que desaprender lo que no suma, lo que no es positivo, para poder reemplazarlo por otras herramientas, otras formas, otras características que sí nos ayuden a aportar y a construir. Al final, somos responsables de nuestras propias acciones y de nuestra forma de ser.
Sí, hay cuestiones externas, claro. Pero uno puede decidir qué mejorar de sí mismo en cuanto se hace consciente.
O.c: Cuando escuché la canción, me quedó resonando una parte donde decís que intentaron silenciarte, que te quisieron callar, pero no pudieron.
¿Cómo se enfrenta hoy ese intento de silenciar, y cómo se le hace frente, así sea con el rap?.
Natasha: Mirá, te digo la verdad: a mí no me calla nadie. Y saben que no lo pueden hacer. Yo creo que marqué una impronta, que mi personaje y mi persona son de una manera, y que todos lo entendieron.
Hoy en día siento que puedo decir lo que quiera. No me siento limitada en lo que tengo que decir. Y cuando tengo que salir a defender algo, simplemente lo hago.
Esa frase la escribí hace como dos o tres años. No sé si fue algo real en mí, pero sí sé que hay colegas —mujeres y varones— que sí lo viven.
Entonces, mi mensaje, además de ser mío, busca que el otro escuche y diga: “Yo no me voy a quedar callado”
O.c: Para terminar ¿Como va a ser el show que vas a dar en Chilli?. Tengo entendido que vas a tener varios invitados…
Lirika: Sí, va a haber diez invitados de rap. Apenas se abren las puertas va a haber un DJ set, que lo va a hacer Fino y Elegante.
Es el DJ que me acompaña cuando viajamos solos a dar shows.
Después viene el cypher de invitados: diez personas presentando un tema cada uno, uno atrás del otro. Cuando termina eso, arranca mi show.
Voy a tocar el EP Ciudad Bendita, y después un repertorio de otras canciones mías, algunas viejas y algunas que todavía no salieron.