En una escena musical que suele medir la potencia en métricas y algoritmos, Camionero desarticula toda lógica hegemónica con apenas dos integrantes, un camión simbólico y una comunidad que crecs. Joan Manuel Pardo y Santiago Luis no solo componen y tocan: construyen una estética que mezcla ternura incómoda, resistencia política y oficio artesanal. “Parecemos dos, pero somos un montón”, dicen, y detrás de esa frase late una ética que convierte cada show en acto de amor y cada verso en paisaje sensible.
La banda nació en el cruce entre literatura y arquitectura, entre afiches caseros y grabaciones íntimas, y se potenció en ciclos como Tracción a Sangre, donde cada fecha es una celebración de lo que resiste: la música como vínculo, la herida como identidad, lo precario como poética. El disco Todo lo sólido se desvanece en el aire, título extraído de Marshall Berman, no solo fue una declaración estética: fue también un manifiesto para quienes eligen transitar sus crisis sin perder el pulso colectivo.
Sus letras trabajan entre lo torcido y lo bello, con imágenes que condensan el temblor vital: “Cigarro y resurrección”, “Ay, lo hago mal / ay, me siento bien”, “Mi corazón es un guerrero atípico”. En cada línea se intuye una voluntad de desobedecer la forma, de correrse del sentimentalismo, de nombrar el cuerpo desde lo concreto.
Camionero no tiene managers ni fórmulas: tiene voluntad de trabajo, decisión política y estética, y una certeza que los guía: la independencia es una forma de valorar lo propio. En ese camino fundaron El Acoplado, comunidad que no busca fama sino contacto real, donde la música convive con el abrazo post show, con la costurera que estampa parches, con el artesano que acompaña el circuito. “El camión principal es la música”, afirman, y ese vehículo es capaz de cargar con lo que duele, lo que entusiasma, lo que une.
Esta entrevista con Otra Canción se da en medio de ese viaje: un presente que no se mide en reproducciones sino en vínculos, que no se canta por consignas sino por necesidad vital. Camionero canta porque está vivo, y en esa decisión hay política, comunidad y belleza sin filtros. Bienvenidos a bordo
Otra Canción: Camionero es una banda de solo dos personas y sin embargo su potencia parece mucho mayor. El nombre evoca viaje, carga, lucha. ¿Qué significa para ustedes hoy, en esta coyuntura?
Parecemos dos, pero somos un montón. Esa es la frase que últimamente resuena con más fuerza, porque se generó una comunidad muy linda e importante para nosotros y también para el resto. Es la unión de personas que creen en que pueden sobre flotar los problemas uniéndose y combatiendo juntos la estanqueidad, la falta de empatía, la miseria, la crueldad. Esa comunidad predica todos los valores contrarios a lo que estamos viviendo y el que puede leerlo y se atreve a venir es bienvenido. Este es el viaje y es ahora.
O.c: El título Todo lo sólido se desvanece en el aire suena a manifiesto. ¿Qué sienten que hoy se desvanece y qué permanece firme para ustedes?
El título del disco es un extracto del manifiesto comunista que está en la transcripción de Marshal Berman. Esa frase generó un impacto en nosotros de manera independiente en momento independientes de nuestras vidas. A Joan como profesor de Literatura y a Santi como arquitecto durante sus estudios. Esa frase es aplicable a cualquier momento de la vida y de las cosas. Al momento de la salida del disco significaba un evento que estaba pasando la banda, con crisis en lo personal, de pareja, de trabajo de muchas cosas. Hoy sigue vigente y como una libre interpretación para cada uno que la lee y que puede reinterpretarla en este contexto social-político. No somos de bajar línea política, pero si nos gusta dejar ver algunas aristas de los actos y movimientos con los que más simpatizamos.
O.c: En Guerrero atípico dicen “mi corazón es un guerrero atípico”. ¿Cómo definen esa atipicidad? ¿Qué combate ese guerrero, desde dónde?
Quizás hablar con metáforas tan gastadas como corazón y guerrero llevan a lugares súper masticados, como los de superar las adversidades, sobreponerse y salir victorioso, o la derrota romántica, etc., y toda una serie de situaciones donde el planteo está basado en la dicotomía vencedor/vencido. El guerrero atípico tiene su singularidad en que se corre de ahí, la fuerza que se necesita está justamente en poder salir de ese marco. No hay vencedores ni vencidos en esta historia, solo hay resistencia. Por otro lado, la palabra atípico quedaba bien. Es un calificativo extraño para ir adjuntado al sustantivo guerrero, o eso nos pareció. Lo hace simpático.
O.c: Arman sus equipos, pegan afiches, charlan después de cada show. ¿Dónde termina la banda y empieza la comunidad?
Mira, te estaba por decir que el único momento donde la banda está sola es cuando estamos arriba del escenario, pero automáticamente me di cuenta que no es cierto porque justamente ahí es donde se da la conexión más grande con esa comunidad, es como el acto de amor. No hay límites entre ambas cosas porque ni bien nos bajamos nos abrazamos y saludamos con todos ellos los que podemos porque no nos gustan los estrellatos ni la fama tal como se concibe en esta sociedad. Creemos que hacemos música como un arte que trasciende y que une.
O.c: Su ciclo de shows, sostenido por un trabajo colectivo, parece un engranaje vital. ¿Ese circuito es el mejor “camión” que los representa?
En la actualidad ha tomado mucha fuerza el círculo que mencionas porque nos está dando mucha visibilidad hacia afuera y está reflejando nuestros valores más íntimos. Pero tengo que decirte que el camión principal es la música, es lo que inició toda esta locura y lo que más nos representa.
O.c: El Acoplado no es solo una red de seguidores, es una red de cuidados. ¿Cómo se construye eso sin perder el rumbo artístico?
Se construye con los pies sobre la tierra, entendiendo que no hay una banda que quiere ser famosa para despegarse de este mundo, sino que somos dos personas que soñamos con una comunidad mejor, hecha a la medida y con los valores que nos gusta predicar y tener para nosotros y nuestras familias, con solidaridad, empatía, trabajo, amor por lo que hacemos nosotros y por lo que hacen los demás en esa comunidad que generamos. Toda esa construcción ha tomado fuerza porque es parte indisoluble de nuestro ser, de nuestros sentimientos.
Después la composición artística de la música es simplemente nuestros gustos musicales personales llevados a una sala y grabados. Se da la casualidad de que el resto de la gente comparte nuestro sentimiento artístico y les llegan las canciones y los atraviesan. Pero nosotros nunca nos confundimos con una cosa y la otra, y el público que nos acompaña tampoco.
O.c: ¿Qué significa para ustedes ser independientes en un ecosistema musical tan precarizado? ¿Es una decisión estética, política o ambas?
Es una decisión política y estética. Hemos pasado por distintos sistemas de gestión con managers, productores y productoras grandes y en todos los casos nos vimos en cierta medida obligados a hacer cosas que no estábamos del todo de acuerdo. No te puedo decir que nos haya ido mal, pero si no hemos hecho las cosas a nuestro modo y eso genera cierta incomodidad. A partir de tomar esa decisión todo cambio y el crecimiento fue sostenido y evidente como para terminar de corroborar que estábamos en lo cierto. No existe mayor satisfacción para nosotros que hacerlo nosotros mismo. Siempre fue así desde los comienzos y lo seguirá siendo porque nos demuestra a nosotros y a los demás que se puede, que solo hay que tener voluntad de trabajar por lo que uno mismo está construyendo sin intermediarios. Hay que aprender a valorar y defender lo que es de uno.
O.c: ¿Cuándo cantar es un acto político y cuándo es simplemente una necesidad vital, sin consignas?
En un sentido súper específico, cantar siempre es un acto político, desde que uno de alguna forma desoye ciertos mandatos que reprimen permanentemente el momento del canto, o en el mejor de los casos lo ubica únicamente en el momento de la práctica (y en el lugar de la práctica) y en el escenario. Cantar sobre un escenario es lo más evidente, lo más digerido y lo más mercantilizable. En los términos de la pregunta, uno canta porque es vital, y por eso es político, porque uno saca su parte vital al espacio público. Luego, una vez que eso ya circula en el mundo social, pasa a integrar una máquina más amplia, un show, un momento, una grabación, etc., que a su vez conforma en su magnitud otro acto político. La única consigna que se canta cuando se canta es estoy cantando. ¿Y por qué canta ese muchacho?
O.c: En sus letras hay una ternura incómoda, como si lo sensible doliera. ¿Cómo trabajan ese filo entre el cuidado y la herida?
Hay una intencionalidad en no caer en un sentimentalismo porque sí. La mayor parte de las cosas lindas, duelen de alguna forma, y duelen en la carne. Hay cicatrices reales, el cuerpo se afecta y hay mucha carga sensible, material, porque cada sensación está adherida a una situación tangible.
O.c: “Ay, lo hago mal / ay, me siento bien”: ¿hay contradicción, resignación o una celebración irónica del fracaso? ¿Sienten que hay belleza en lo torcido, en lo que no sale como se espera?
Nunca nada sale EXACTAMENTE como uno lo espera. Hay que tener la suficiente inteligencia de poder transitar los cambios que nos enseña el camino en ese hacer. Lo hago mal me siento bien es lo más punk que pudimos construir tanto desde lo literal de la letra como de la música. Creo que reivindica en un punto la libertad de hacerlo como vos crees sin darle importancia a los juicios de valor de esta sociedad o cultura en que vivimos. Es un grito de libertad.
O.c: ¿Puede la herida convertirse en una forma de identidad? ¿Somos también lo que nos dolió?
Estamos hechos de éxitos y fracasos. Todo siempre tiene una herida y asi tiene que serlo sino no tendríamos la capacidad de aprender nada. Seriamos robots o personas insensibles. Personajes de ficción. La vida no existe sin heridas y el que vive esa vida de ficción en algún momento sufre una gran herida. Pero que las hay las hay y son tan importante como los aciertos.
O.c: En Rico chico, versos como “cigarro y resurrección” o “miseria contenta” condensan una estética de lo precario. ¿Cómo construyen esos paisajes poéticos que parecen ruina y, a la vez, resistencia?
Hay algo medio Bukowski en esos versos, pero no es un homenaje ni un culto. Es solo un poco desconfiar de tanto entusiasmo. Hay toda una estética rebelde y bohemia que es muy superficial que termina anulando el potencial real que hay en los movimientos juveniles. Nos encanta la ruina. Pero la ruina es la ruina, no sé quiera hacer otra cosa con eso.