David Aguilar llega a Córdoba en uno de los momentos más interesantes de su carrera. El músico nacido en Culiacán, Sinaloa — una de las voces más sensibles y singulares de la nueva canción latinoamericana— se presentará el sábado 2 de mayo en Pez Volcán y el domingo 3 en Budhi, en La Cumbre. Su visita encuentra a un artista en plena madurez creativa, con una obra que cruza la experimentación poética, la canción popular y una curiosidad inagotable por los vínculos humanos.
Con más de 15 nominaciones a los Latin Grammy, Aguilar ha construido una trayectoria que lo ubica entre los compositores más respetados de la región. Su nombre aparece asociado a figuras como Jorge Drexler, Mon Laferte, Kevin Johansen, Natalia Lafourcade, Daniela Spalla y Julieta Venegas, y su trabajo como autor e intérprete forma parte del último disco de Lafourcade, Cancionera, ganador del Grammy 2026 a Mejor Álbum de Pop Latino. Su recorrido incluye hitos como una clase magistral en el Berklee College of Music, una presentación en la 66ª edición de los Premios Grammy junto a Gaby Moreno y el reconocimiento de Rolling Stone, que ubicó su álbum Compita del Destino entre los 25 mejores discos de 2024.
El impulso no se detuvo: en 2025 colaboró con Silvana Estrada en Vendrán Suaves Lluvias y participó de su Tiny Desk, además de lanzar el sencillo Claroscura. En los primeros días de 2026 volvió a sorprender con Lumbre, una colaboración con Jay de la Cueva que reafirma su versatilidad y su búsqueda permanente.
Con esa mezcla de lirismo, humor, observación cotidiana y riesgo artístico, Aguilar llega a Córdoba para ofrecer un concierto íntimo, donde conviven la tradición mexicana, el pop alternativo, la experimentación poética y una sensibilidad que lo vuelve inconfundible.
Antes de su llegada a Córdoba hablamos con el:
O.c: Tenés una relación grande con Argentina, sobre todo con Buenos Aires y algunos músicos radicados ahí. Has participado en proyectos y hecho muchos amigos acá —como Lucio Mantel entre otros— y construiste un vínculo artístico fuerte con el país. ¿Cómo definirías tu relación con Argentina?
David Aguilar: En Argentina siento que aprendo y de refugio, principalmente. Considero que es un país con un tejido social menos dañado que el de México, por lo que se puede vivir un poco más relajado. Además ofrece un altísimo nivel artístico que nunca deja de sorprender, lo que inspira y nutre mucho al visitante.
O.c: En tu obra hay un diálogo constante entre humor, ternura y filosofía cotidiana. ¿Cómo encontrás ese equilibrio sin que ninguno de los registros opaque al otro?
David: La verdad es que no sé. Me gusta sentir variado, y supongo que eso se alcanza a filtrar como sugieres. Me gusta lo amplio, lo abierto, lo posible. Tal vez cuando ya tengo mucho de algo, procuro lo distinto y luego vuelvo cuando hace falta a donde quiera.
O.c: Hay una sensibilidad muy particular en tu forma de mirar lo cotidiano. ¿Qué cosas pequeñas del mundo te siguen sorprendiendo o inspirando en un contexto cada vez más caótico?
David: Cada vez me seduce más lo normal, lo de casi todos, lo ignorado por la ambición. Me la paso imaginando que tengo una forma de vida en el centro de toda la estructura humana. Me gusta tanto la idea del amor humano que fantaseo con vivir en la médula, en el corazón de la humanidad. Los trabajos, los horarios, el entre semana, los oficios de siempre: lo antiguo y discreto de nuestros mundos.
O.c: Tu música dialoga con géneros muy distintos sin perder identidad. ¿Cómo entendés hoy la idea de “estilo propio” en un mundo donde todo se mezcla?
David: Es un gran acertijo. Yo creo que tarde o temprano acaba por filtrarse la voz artística a través de la honestidad y la curiosidad genuina. Aunque la verdad ya no sé qué tanto me preocupa tener un estilo propio. Me interesa más el emocionar a cualquier persona alguna vez, así en abstracto, que el ser reconocido por una determinada consistencia artística. Por eso últimamente me siento con mayor libertad natural en la canción, porque sólo me importa la sensación de estar explorando de verdad, creyendo que será realmente un viaje.
O.c: A lo largo de tu música aparece una doble raíz: la tradición familiar mexicana —José Alfredo, Álvaro Carrillo, los tríos— y la influencia anglosajona que escuchaba tu padre. Incluso por momentos se cuela algo del trovador latinoamericano. ¿Cómo conviven hoy esas aguas en tu forma de componer?
David: Siento que libremente. A veces estoy más para una que para otra. Tal vez a veces sin darme cuenta acabo fusionándolas; tengo la sensación de que hay muchas canciones fronterizas en ese sentido.
O.c: Desde la salida de Ventarrón, ¿sentís que tu búsqueda sigue siendo la misma —evolucionar como compositor— o aparecieron nuevas inquietudes que no estaban en aquel primer impulso?
David: Ahora me interesa mucho más la idea de hacer canciones que conversen con la sociedad de alguna forma. Antes pretendía cantarle a quien me pudiera comprender, ahora quiero yo comprender más al mundo.
O.c: En esta etapa en la que decidiste hablar abiertamente de política, ¿qué descubriste sobre tu propio público y sobre la relación entre un artista y las expectativas que se proyectan sobre él?
David: Creo que tal vez perdí público y gané otro. Es entretenido observar la constante reconfiguración del entorno y el público. Me hace sentir muy bien no sentirme limitado para expresarme políticamente. Considero a la secrecía política enemiga de las sociedades y su progreso.
O.c: En “Prieta” resolvés una incomodidad personal a través de la canción. ¿Qué te enseñó ese proceso sobre el poder de la música para transformar no solo al oyente, sino también al propio creador?
David: Justo eso. Me hice consciente de que puedo resolverme o ayudarme abiertamente a través de mis propias canciones. Lo sentí como amor propio.
O.c: En varios momentos de Tuyo la canción sugiere que el vínculo transforma: “acabo siendo tuyo”, “el verso es tuyo”, “el canto suena tuyo”. ¿Qué te interesa de esa idea de que lo que hacemos —incluso lo más íntimo— deja de pertenecernos cuando entra en relación con otro?
David: Me interesa porque creo que la transferencia entre las personas es lo que fortalece a los vínculos, y los vínculos me parecen la esencia de la salud mental y espiritual.
O.c: Casita bella parece dialogar con la idea de hogar como refugio emocional más que como espacio físico. ¿Qué parte de tu propia historia o de tus afectos se filtró en esa construcción de “casa” dentro de la canción? ¿Y creés que ciertos lugares pueden funcionar como archivos afectivos, guardianes de lo que fuimos?
David: Totalmente creo que los lugares son refugios espirituales. Es muy importante tener identificados a los lugares que nos dan distintas cosas. La casa de la niñez para mí fue un espacio que habitaba en mí más que yo en él. Por eso soy yo el que la añoro a ella y no necesariamente al revés jajaja.