Nurit Kasztelan: La poesía es como un amante; la narrativa, como una pareja estable

Nurit es poeta, narradora y librera. Su recorrido literario comenzó en la poesía, género en el que publicó varios títulos de corte autobiográfico, y en 2023 dio el salto a la narrativa con su primera novela, Tanto, una obra que explora la experiencia de una mujer aislada en el campo y que, según muchos lectores, se lee como un largo poema más que como una novela clásica. Además de su faceta como autora, desde 2010 sostiene una librería especializada en literatura latinoamericana contemporánea, poesía y narrativa, concebida como un espacio de comunidad y diálogo con los lectores.

Con formación matemática y una mirada que combina lo íntimo con lo social, Nurit ha convertido la memoria, la naturaleza y los vínculos familiares en ejes transversales de su escritura. Su obra se nutre tanto de la tradición poética como de la experimentación narrativa, y se inscribe en un contexto literario argentino que, entre crisis económicas y transformaciones culturales, sigue produciendo voces singulares.

Charlamos con la autora sobre la lectura en Argentina, la tensión entre poesía y narrativa, la importancia del arte y el apoyo estatal, y el modo en que la literatura puede ayudarnos a pensar —y a sobrevivir— en el presente.

O.c: Me gustaría empezar por preguntarte quien es Nurit, porque cuando hablo con escritores que también son periodistas, editores o músico, algunos suelen presentarse primero con otra identidad antes que como escritores. Vos, ¿Cómo te presentarías, teniendo tantas facetas?

Nurit: Bueno, por un lado, soy escritora y por el otro lado soy alguien que edita porque quiero mostrar lo que leo y me gusta. Soy librera porque recomiendo libros y porque los tengo a disposición. También doy clases de escritura. Pero ahora te diría que soy mucho escritora y lectora, sería eso más que nada ahora.

O.c: Te pienso en esto como lectora y escritora. Muchos sostienen que cada vez se lee menos, que se venden menos libros. Pero este año personalmente pareció que se editó y que hay una cosa en las redes sociales de hablar de libros, de recomendar libros… ¿Qué pensás?

Nurit: Yo no creo que haya sido diferente la lectura. Una cosa es que algo sea más visible y otra que haya cambiado. No creo que haya sido un boom. Argentina siempre fue un país lector, por eso hay tantas librerías. Las redes sociales visibilizan lo que ya existe, pero no siempre es real. La crisis de la lectura tiene que ver con lo económico y con que la gente trabaja más y tiene menos tiempo. Pero se sigue leyendo. Igual hablo desde un nicho pequeño, no desde la sociología.

O.c: Pienso en tu librería, que muchos describen como cuidada, con una idea de comunidad. Como editora y narradora, ¿qué tan importante es tu identidad al armar una librería?

Nurit: Mi identidad como narradora ninguna. Ahí es mi identidad como lectora. No recomiendo solo lo que me gusta, trato de hablar con los clientes y ver qué les interesa. A veces recomiendo libros que a mí no me interesan, pero que les sirven. Mi librería está especializada en literatura latinoamericana contemporánea, poesía y narrativa. Al estar en mi casa puedo jugar con ese nicho. Pero no influye lo que soy como narradora, porque recién publiqué mi libro ahora y la librería existe desde 2010.

O.c: Venís del mundo de la poesía. En 2023 publicaste tu primera «Tanto», tu primera novela. ¿Qué te impulsó a escribir narrativa?

Nurit: Se me armó una especie de historia en la cabeza, quería escribir la experiencia de una mujer aislada en el campo. La poesía no me servía para eso. Mi poesía es más autobiográfica, y yo quería imaginar algo distinto. Entonces leí mucho sobre naturalismo y empecé a escribir. En narrativa experimento más con el lenguaje, incluso se me hace más poético. La gente dice que mis libros parecen un poema largo más que una novela clásica.

O.c: ¿En qué momento se gestó tanto? Al leerla me pareció que rondaba la incertidumbre.

Nurit: Irónicamente, la idea nació mucho antes de la pandemia, uno o dos años antes. Quería imaginar qué pasaba si me aislaba de la sociedad, vivir en el campo. Pero cuando llegó la pandemia lo dejé de escribir, porque lo que había imaginado me estaba pasando y no me hacía bien. Me di cuenta de que soy un bicho de ciudad. La escritura sí se dio más durante la pandemia, por tiempo y disponibilidad, y quizás se coló esa concepción del tiempo estirado que trajo la pandemia.

LIBRO TANTO - NURIT KASZTELAN

O.c: A mí me dio la sensación de que tu novela se contaminaba de poesía.

Nurit: Puede ser. Yo no le presté tanta atención a la forma, quería escribir lo que quería escribir y lo hice.

O.c: Pienso en la relación entre poesía y narrativa. ¿Qué cosas puede una y no la otra?

Nurit: Tienen enfoques distintos. La narrativa pide una entrega que la poesía no. Para escribir la novela tuve que encerrarme muchas horas, algo que la poesía nunca me pidió. Yo me considero poeta en mi forma de ver el mundo, pero la novela exige cotidianidad, como una pareja estable. La poesía, en cambio, es como un amante: aparece con intensidad, pero no necesita todos los días.

O.c: La protagonista observa el paisaje con una mirada casi poética, ligada a la introspección. ¿Qué papel jugaron la naturaleza, la contemplación y la introspección en este libro?

Nurit: Completamente central. Mi búsqueda del libro era hacer eso más que nada, más que otra cosa. Esa era mi intención y lo que quise lograr.

O.c: También aparece una tensión entre lo íntimo y lo social, entre lo personal y la realidad. ¿Cómo trabajaste esa búsqueda?

Nurit: Siempre me intrigaron las personas solitarias, que no necesitan a la gente. Yo fui muy sociable, con muchos amigos, y tuve que deconstruir eso para volverme más introspectiva, escribir sin ruido externo, escuchar solo lo que quería decir. Me interesaba trabajar personajes extremos, como Javier de San Martín, que se encerró un año para escribir, o Montaigne. Esos experimentos radicales me atraen porque exageran la ficción y abren más posibilidades.

O.c: En tu poesía y en esta novela aparece la memoria, la herencia, lo familiar, la pérdida. ¿Qué lugar ocupa la memoria en tu escritura?

Nurit: Siempre está presente, incluso más en la novela. Me interesa lo caprichoso de la memoria: por qué recordamos unas cosas y otras no, cómo el cerebro selecciona o borra recuerdos. A veces lo trivial despierta más que lo importante. Pienso en Joseph Brodsky, que decía que las cosas se endurecen en la memoria para que no podamos cambiarlas de lugar. Eso me fascina. Vengo de una formación matemática, y creo que la memoria tiene algo de contingencia que me atrae mucho.

O.c: Muchos escritores dicen que los libros tienen una continuidad, como una memoria personal entre poesía y narrativa. ¿Creés que hay continuidad en tu obra, entre tu poesía, esta novela y lo que viene?

Nurit: Creo que hay tópicos que se repiten: la memoria, la naturaleza, la relación con la madre, la infancia, una mirada un poco corrida de la realidad. Quizás no continuidad, porque la poesía está más en primera persona y las novelas en tercera, pero sí hay temas que atraviesan todo. Alguien podría identificar mi voz y encontrar similitudes.

O.c: El libro ya tiene recorrido y buenas críticas. Además, considero que en los últimos años se ha dado un contexto en el que las escritoras han alcanzado mayor relevancia e identidad. Siempre existieron grandes autoras —como Silvina Ocampo o Virginia Woolf—, pero hoy parece haber un reconocimiento más visible y sostenido. ¿Cómo interpretás este momento para las mujeres en la literatura?

Nurit: Además, el público que más lee son mujeres, y muchas eligen leer autoras. Eso influye. Es como un intento de equilibrar el cupo: quizá ahora se lee más mujeres para que después se equilibre en un 50/50. No sé cuánto tiempo llevará. Tampoco significa que todas las mujeres que circulan sean buenas, y a veces hay hombres buenos relegados por ser hombres, lo cual es una pena. Pero me parece buenísimo que para compensar se haya ido hacia leer más mujeres. Yo igual leo hombres, no solo mujeres, pero conozco muchas personas que sí lo hacen.

O.c: ¿Crees que las escritoras aportan otra mirada a diferencia de los escritores?

Nurit: Para mí importa el escritor, no si es mujer u hombre. Silvina Ocampo es una escritora con mayúsculas, a la altura de Borges, y no porque sea mujer. Creo que hay que pensar en escritores, sin distinción de género. Entiendo la idea de “literatura femenina”, pero también hay hombres como Kafka que pueden ser considerados “femenino”. No me gusta pensar que las mujeres tenemos tópicos femeninos; prefiero pensar en escritores que logran cosas, más allá del género.

O.c: Como editora y escritora, ¿qué escritores te llaman la atención hoy? ¿Cómo ves la literatura argentina actual?

Nurit: Es una pregunta difícil. No me interesan tanto los libros de género —terror, fantasía—, que son lo que más circula ahora, así que no consumo tanto eso. Hubo un boom de la literatura del yo, y ahora se pasó a fantasía, gótico, terror. Quizás este boom ya está desapareciendo y se transformará en otra cosa. Me interesó mucho lo que dijo Hernán Rosino, un escritor que admiro y con quien comparto recorridos: que no es casual que, en un momento en que tenemos una especie de monstruo en el gobierno, la literatura se haya volcado a la fantasía y al terror. El mundo está en un momento más de derecha y eso influye. En cuanto a nombres, es difícil dar una lista, depende de los libros y de lo que uno busque en cada momento. Pero sí, hay escritores que me gustan más que otros, como María Sonia Cristoff, por ejemplo.

O.c: ¿Creés que la literatura ayuda a pensar la actualidad social y el mundo de alguna forma?

Nurit: Siempre lo hace, aunque sin buscarlo directamente. No sé si funcionaría un libro que quiere contar la coyuntura tal cual. Funciona más desde lo pequeño. Un escritor siempre tiene una mirada del mundo, y cuando el libro está bien escrito te cambia la forma de ver las cosas. Hay libros más fuertes que otros. Por ejemplo, Respiración Artificial de Ricardo Piglia juega con la idea de que Kafka conoció a Hitler, y aunque es un chiste, te deja pensando. La literatura tiene algo profético, anticipatorio, aunque no siempre de manera esperable. En mi caso, escribí sobre aislarse de la sociedad y luego vino la pandemia: anticipé mi propio presente, no la época.

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O.c: En tu novela Tanto, la narradora sobrevive en el campo gracias a su biblioteca. ¿Creés que la literatura ayuda a sobrevivir en la sociedad?

Nurit: Yo, como lectora y autora, sobreviví al mundo gracias a la lectura. Prefiero la ficción a la realidad, aunque eso tenga sus aspectos negativos. La protagonista de Tanto lleva la literatura encima, pero quiere desaprender lo leído y aprender desde lo sensorial: los tactos, los sentidos, la contemplación. Observa hormigas, lo mínimo. En la novela hay una especie de desconfianza hacia la lectura, una búsqueda más allá de ella.

O.c: ¿Cuál es tu relación con la naturaleza, pensando que el libro tiene mucho de campo y paisaje?

Nurit: Sí, tengo relación, pero no tan directa como la protagonista. Vivo en Capital, tengo muchas plantas en mi patio, y la imagen del campo invertido la escribí mirando una begonia en una maceta. Amo la naturaleza, soy muy bucólica, me gusta contemplar y pensar. Leí mucho sobre plantas, estudié, y tengo “mano verde”: mis plantas están muy lindas, mi patio parece un jardín inglés. Pero la novela fue más fruto de lectura e imaginación que de experiencia directa. Me gusta lo verde, fui mucho al Tigre, pero no viví lo mismo que la protagonista.

O.c: El libro se terminó en parte gracias al premio del Fondo Nacional de las Artes. En un contexto de crisis en Argentina, donde el arte muchas veces se ningunea o se piensa solo como entretenimiento, ¿cuál es tu visión sobre la importancia del arte y la literatura hoy?

Nuirt: Creo en la importancia del rol del Estado en todo, también en la literatura. Me interesa un Estado que apoye no solo la salud o la educación, sino también la literatura. Es importante que un escritor viaje a un festival internacional, aunque a la sociedad le parezca irrelevante. Mirá lo que pasa con Mariana Enríquez, el fenómeno que genera, o con Ariana Harwicz, a quien le compraron una película en Hollywood. Esas políticas de apoyo son valiosas.

En cuanto al Fondo Nacional de las Artes, no tengo nada en contra: fui jurado, gané menciones y becas varias veces. Pero los montos son muy bajos, alcanzan para vivir uno o dos meses, no para escribir un libro entero. A mí me sirvió porque lo combiné con una residencia en Garzón, Uruguay, donde también recibí apoyo económico. Está buenísimo que existan, pero deberían revisarse los montos. Entiendo que no hay presupuesto y que la situación es un horror, con instituciones desapareciendo, pero sí: la ayuda es insuficiente.

O.C: ¿El año pasado estuviste en una residencia en Estados Unidos?

Nuirt:  Postulé a través de la Embajada de Estados Unidos y quedé seleccionada. La Universidad de Iowa me eligió y participé junto a 35 escritores de todo el mundo durante tres meses. Fue muy lindo: pude terminar mi novela y también hablar sobre mi obra frente a alumnos, escritores y público en general.

O.c Cuando participás de residencias como la de Estados Unidos, ¿cambia tu forma de escribir o de mirar el libro que estabas trabajando?

Nurit:  En mi caso, cuando llegué me invitaron al Vermont Studio Center y dudé, porque recién había llegado, pero acepté. Eso me dio un mes más, en total cuatro meses. La segunda residencia fue más dedicada a la escritura y menos sociable. Tenés mucho tiempo libre, que es necesario, y una biblioteca increíble, con libros que acá no tenemos. Saqué mucho en inglés, incluso los traducía. También me sirvió distanciarme del idioma natal: quería vivir la experiencia de hablar solo en inglés. Fue agotador, porque durante un mes no hablé castellano, pero también enriquecedor. Creo que mejora el lenguaje, aunque no sé exactamente cómo.

O.c: El título Tanto me llamó la atención por su ambigüedad. ¿Cómo surgió y qué significa para vos?

Nurit: El título apareció desde el inicio, fue lo primero que surgió. Me encantaba, y los concursos a los que postulé ya tenían ese nombre. Pero cada persona a la que le preguntaba me decía que no le gustaba, que no era comercial. Entré en crisis, pensé en cambiarlo, pero no encontré nada mejor. Tanto me parece lo suficientemente ambiguo para que el lector complete el sentido: Tanto verde, Tanto silencio, Tanto campo. Cada uno puede rellenarlo con su propia historia. No quería fijarlo en un título cerrado como Tanto enero. Una vez alguien pensó que se llamaba así, y me gustó esa confusión. Para mí es más potente porque universaliza la experiencia: permite que cualquiera se identifique sin necesidad de detalles exactos.

O.c: Uno de los ejes transversales del libro parece ser el vínculo hija–madre. ¿Cómo lo pensaste dentro de la historia?

Nurit: Creo que quienes empatizan con el libro tienen cierta sensibilidad hacia la naturaleza o hacia vínculos complejos con la madre. El libro plantea un vínculo problemático: la protagonista no hereda nada de la madre ni su voz, pero tampoco quiere enfrentarse a su origen. Ingenuamente cree que al trasladarse al campo se olvidará de su pasado, pero ocurre lo contrario: los fantasmas aparecen más fuertes. La naturaleza le devuelve reflejos de sí misma, formada por ancestros y por un mundo más amplio.

O.c: Para cerrar, en la página siempre proponemos pensar qué música acompañaría la lectura de un libro. ¿Qué música recomendarías para leer Tanto?

Nurit: No pondría ninguna música de fondo, lo escucharía en completo silencio. El libro busca no tenerle miedo al silencio, escuchar el canto de los pájaros, las hojas del viento. Es un libro para leer en la naturaleza, con sonidos naturales más que con canciones. Si tengo que recomendar un músico, menciono a Franny Glass (Gonzalo Denis), que presentó mi libro en Uruguay y cuya sensibilidad me encanta. Pero no para leer el libro: para escucharlo aparte.

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