Moris, Manal y La Barra de Chocolate, los hijos del árbol genealógico beatnik. 

Con la grabación de “Rebelde”, Los Beatniks se convirtieron en la piedra fundamental desde donde se comenzó estructurar una buena parte de la historia del rock en nuestro país. La experiencia fue efímera, como casi todo por aquellos años, pero de sus cenizas surgieron tres de las primeras experiencias roqueras de nuestro país que, junto a Los Gatos, Almendra y Vox Dei, fueron artífices de la primera parte de la historia discográfica del género en nuestro país.
Moris era una de las patas fundamentales de Los Beatniks, un poeta urbano y suburbano cruzado intelectual y espiritualmente por el arrabal porteño y los poetas de la Beat Generation. Fue, junto a Pipo Lernoud, el autor de la versión original del tema “Ayer nomás”, que Litto Nebbia transformó para poder grabar en la cara B del simple que contenía “La Balsa”. Su primer disco salió editado en 1970 y contiene ocho de las canciones más representativas del espíritu roquero de finales de la década del sesenta. “Treinta Minutos de Vida” es el retrato de un trovador de época que se pone al hombro todas las ideas de la generación de la que forma parte. Es, quizás, el trabajo más antibelicista, rebelde y antisistema más puro de toda la primera etapa del rock argentino. En el sobre interno de la edición original de aquel disco, su autor decía “Son las once y media de la noche y escucho en el aire una canción del conjunto Creedence Clearwater Revival y suena con la naturalidad de un tango antiguo flotando sobre la ciudad. Mañana tengo un recital y estoy un poco afónico y con gripe. Sin embargo el LP está listo y la voz está fijada para siempre en la cinta de grabación y han sido unos cuantos años de cantar, vagar, componer y dar la cara a lo que me ha tocado vivir. Ahora que miro la lista de los temas, los veo como pedazos de un rompecabezas incompleto, que soy yo mismo. Y sin embargo no puedo detenerme en esta música. Ya estoy viajando con mi mente hacia lugares que todavía no sé qué o como son. Pero voy a necesitar otros materiales, otros sonidos, otras palabras y hasta ganas. Y aquí están, fieles al tiempo, separadas por algunos silencios de púa las cosas maravillosas y malditas que he vivido y sentido, en esta minúscula era de mí existir. Esto que un amigo título Treinta Minutos de Vida empezara a rodar por los tocadiscos de esta ciudad o de cualquier lado. Y lo que pase con esta media hora de vida, es una historia que todavía no se ha empezado a escribir.

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A la par de Moris, Pajarito Zaguri, fue la otra pata fundamental de la historia de aque primer simple del rock argentino. Ramón Alberto García, tal como era su nombre, fue uno de los protagonista de aquella primera oleada de “naufragos” y hippies que inventaron el rock en castellano a mediados de la década del sesenta, entre La Cueva, el bar La Perla y las reuniones en Plaza Francia. Cuando el grupo se separó, Pajarito continúo con el camino con el que se había empecinado positivamente: tocar rock and roll. Así fue que formó La Barra de Chocolate, su proyecto más sólido y recordado. Allí lo acompañaron Nacho Smilari, Jorge Mercury, Miguel Monti y Quique Sapia. La banda tuvo un relativo éxito durante su corta estadía como formación estable. En 1969 ganaron el Festival de Nacional de Música Beat con el tema “Alza la voz”, cuyo EP llegó a vender alrededor de 40 mil copias (un número muy importante para el género y la época) lo que sirvió como plataforma para la edición del único larga duración del grupo editado ese mismo año.


El lado B de “Rebelde” se llamó “No finjas más” y era un tema de Javier Martínez, quien formó parte de la alineación original del grupo pero lo abandonó para dedicarse de lleno a su ambicioso proyecto personal: tocar blues y cantarlo en castellano. Esa empresa lo transformó en pionero. Inventó el blues del suburbio porteño logrando una simbiosis que antes de su irrupción en el universo de la música argentina sólo se había manifestado como una loca idea en su cabeza. Para eso convocó al guitarrista Claudio Gabis y al bajista Alejandro Medina para formar el primer trío de blues de nuestro país. El periodista Juan Carlos Kreimer escribió en el sobre interno de su primer LP, editado en 1970 bajo el sello Mandioca: “Pienso en la depuración del conjunto, en el espectro de ritmos que abarca, en sus fraseos delirantes y exactos, en sus acordes dolientes, pero vitales. Y anoto: spirituals porteños, el sonido de una generación que quiere crecer”.