Fín de año se nos vino encima. Antes del brindis compartimos la lista de 20 grandes discos editados en Argentina, fuera de Córdoba que ya tuvo su balance. Dejamos de lado discos en vivo y compilaciones -este año hubo muchas y algunas muy buenas-, para centrarnos en otras experiencias. 2014 fue un año de grandes discos, canciones y confirmaciones. No hay un orden, no es un ranking, sino una selección de algunos discos nos parecían debían resaltarse antes de que se nos vaya el 2014.

Acorazado Potemkin – Remolino
El segundo disco de J.P. Fernández, Lulo Esain y Federico Ghazarossian nos reafirma porqué es una de nuestras bandas favoritas. Rock poderoso, rioplatense y de exquisita poética, Remolino logra reflejar la intensidad que la banda despliega en sus shows en vivo. En eso trabajó la banda junto al productor del disco Mariano “Manza” Esain. El disco es un joyita rockera que parece haber viajado por el tiempo de algún remoto lugar de nuestro país cuando el rock era visceral. Aires nostalgiosos, guitarras arrebatadas y el Río de La Plata, El Abasto y Plaza Miserere de fondo. Remolino es un discazo de alta factura que se puede descargar gratuitamente desde el sitio de la banda.

El Siempreterno – Para siempre
No se juntan muy seguido, pero cuando lo hacen… hacen ruido. El Siempreterno, la banda argentina de Rotman, Mimi Maura, Fernando Ricciardi, Alvaro Russo Sánchez y el multifascetico Ariel Minimal, se confirma como la gran bestia del rock under porteño. La banda ha logrado un disco con la justa mezcla de actitud punk, melancolía porteña y un halo de esperanza proyectada desde la inconformidad del que hace rato esta en la ruta.

Pez – El Manto eléctrico
Otra mención para Minimal, esta vez con su histórica banda Pez. Con su decimoséptimo disco la banda rompió con el camino sonoro explotado en trabajos anteriores, para tomar un descanso en un disco que tiene otros paisajes calmos y con un guiñosal rock psicodelico que permite que el disco se deje escuchar varias veces hasta tener una respuesta sensitiva completa. Eso es bueno en estos tiempos de tanta fugacidad.


Guillermo Beresñak – Mucha Madera
Beresñak es un bestia -en el sentido cariñoso y elogioso de la expresión- y con Mucha Madera nos regala un disco que nos permite seguir creyendo en las canciones como herramientas de cambio de las cosas. En este segundo disco parece que Beresñak decidió naufragar a un mar de canciones que demuestran lo cómodo que se siente habiéndose sacado el peso de la multinacional de la espalda. 12 canciones con el frenetismo pop/rock que marcan las vías del tren del oeste porteño. Nada de languidez, confort y pose. Beresñak es sónico, clásico y psicodelico, pero nunca deja de ser rockero. El disco contó con la producción de Tweety González.

Marcelo Ezquiaga – Caleidoscopio
El ex Mi Tortuga Montreaux sintetiza en los ocho tracks que conforman Caleidoscopio, una nueva faceta de su destino musical, alejando de la canción simple, para adentrarse en un entorno bailable, refrescante y pop. Riffs deformes y sintetizadores de ensueño -que nos linkean a los 80- visten un disco que igualmente no esta despojado de un importante trabajo en la lírica. Lo bailable a veces se da de bruces contra la melancolía de Ezquiaga.

Sue Mon Mont – Sue Mon Mont
No somos objetivos. Amamos a Rosario Bléfari, y este disco no podía dejar de encantarnos si la música y poeta recluta para su nueva banda a integrantes de Los Reyes del Falsete, Bosques y El Mató. Blefari demuestra que esta más que vigente hoy que lo indie y alternativo esta de moda. Ella demuestra que no esta de moda, que en todo caso, su militancia y consecuencia han triunfado de un modo poetico y romantico -que otro día podemos discutir-. Sue Mon Mont es una piña a los sentidos entre tanta pose cliché.

Daniel Melingo – Linyera
El ex Twist es un referente ineludible de la nueva escena tanguera porteña -¡¿Quién iba a decirlo?!- y con Lintera se da grandes gustos en la selección del repertorio. “Volver a los 17” de Violeta Parra y “Canción del linyera” del grandísimo Antonio Tormo son algunas de las canciones elegidas. Del disco participan Jaime Torres, Miguel Zavaleta, Skay Beilinson, Alejandro Terán, Axel Krygier y Juan Ravioli.

Ricardo Iorio – Tangos y Milongas
Otro disco de uno que se da gustos. Iorio fue hacia un lugar que le es familiar para echar mano a un puñado de tangos y milongas que con una instrumentación simple y precisa toman otro vuelo en la voz del líder de Almafuerte. “El adiós de Gabino Ezeiza”, “Martirio”, “El último viaje”, “No te apures carablanca” y “Gol Argentino” son algunos de los clásicos que integran el segundo disco solista de Ricardo Iorio.

Mariana Paraway – Hilario
Otro disco de confirmación es el de la mendocina Mariana Paraway, que logra adentrarnos en un mundo de texturas sonoras y melodías que sensibilizan al escucha con cada segundo que pasa. La matemática de la composición puesta en juego en cada algoritmo preciso. Nuevamente la exploración de lo vocal, llevan a Mariana a jugar con el francés y el inglés para pintar un cuadro preciso de un momento de crecimiento en su carrera.

Leandro Lacerna – Último reset
Otro mendocino, otro disco con la mano de Tweety González.  Junto a su banda Los Perros Orcos, Lacerna logra construir un disco pulido en estudio logrando contundencia en eso de mostrar a la canción por encima de los géneros. Un disco que deja pensando y que nos da tela para discutir el rock como género, formato e ideología en la actualidad, a través del track 10 del disco sugerente llamado “El rock ha muerto”.

Tonolec – Cantos de la tierra sin mal
No hace falta ahondar mucho en lo que Tonolec significa para nuestra música popular contemporanea. Lo clásico y lo moderno, el pasado y el presente se juntan en cada una de sus piezas para armar una superficie donde acentar la constucción de la canción futura. Tonolec nos da la posibilidad de conocer y aprender con ellos, en cada viaje recopilatorio que realizan. Con los “Cantos de la tierra sin mal” Tonolec entabla un diálogo desde adentro hacia afuera de y con nuestra cultura ensanchando el abanico de posibilidades estéticas de una obra musical.

Gabo Ferro y Luciana Jury – El veneno de los milagros
El disco de las voces hermosas, es el que han editado Ferro y Jury. En El veneno de los milagros ambos artistas funden sus voces para lograr una sola que realza las canciones con arreglos mínimos instrumentales. La ferocidad de la oralidad es el secreto de este disco que es, obviamente, realzado por la potencia de sus voces.

Fandermole – Fander
Fandermole nos regaló un disco doble. Uno donde rehace viejas piezas y otro donde nos regala nuevas composiciones. Reconocido por sus hermosas composiciones, el poeta del río, tomó conciencia de que además debia realzar su condición de interprete, y en este disco logra ese cometido. Fander ha creado un sello propio y nuevas canciones como “Alunados”, “Yarará”, “Cantar del viento”, “La luminosa” o “Chamarrón de proa”, suenan hermanadas con viejas canciones como “Tema del vino”, “La ausentadora”, “Coplas para la tejedora” o “Zamba de lo perdido”.

Soema Montenegro y El Conjuro – Ave del cielo
La versátil artista Soema Montengro nos regaló un nuevo disco, y aunque a caballo regalado no se le miran los dientes, hay que decir que este regalo ha sido muy bueno para el alma. Es que en Ave del cielo, Soema se afirma como compositora e interprete variable. En la misma ruta de Tonolec, Soema hace nido en el canto ancestral para volar hacia lo moderno. Un disco que puede ser folklórico y pop, pero en el buen sentido de lo pop, ese pop que no se asemeja al confort que piden las radio, pero que alimenta el espíritu de cada oído atento a nuevas cosas.

Octafónic – Monster
El ensamble jazzero con pose rockera liderado por Nicolás Sorín, no sacudió con el primer disco de una banda que hace rato viene estremeciendo los escenarios del under porteño. Y ahí donde todo parece ser comodidad, Octafonic, parece un hermoso Franckestein pop/rock que utiliza las técnicas y la instrumentación del jazz. Un disco que sacude las cabezas y abre la puerta a nuevas posibilidades de entender lo que pasa hoy que las bateas han dejado de ser importantes.

Intrépidos Navegantes – Conecta el sol
Unir el Río de La Plata y el Río Paraná es posible si nos hundimos en el mundo de Intrépidos Navegantes. Atrás quedó su primer disco, Aguas (2012), más guitarrero y tradicional. Para este Intrépidos Navegantes modelo 2014, la banda se aferró a sintetizadores para encontrar un sonido más pop y cercano a las tendencias modernas de la canción urbana.

Banda de Turistas – Lo que más querés
Si, si, es la banda del tema que se nos pegó a todos durante las pausas del mundial en la TV Pública. Al ritmo de “Química” la banda penetró cada espacio irradiado por el éter y la internet. Con el espejo de los últimos Babasónicos, Banda de Turistas construyó la identidad de su más reciente disco en base a un synth-pop bailable y repetitivo, que con estribillos diabólicamente pergeñados se nos coló en el cerebro. El disco fue producido por Tuta Torres y Juanchi Baleirón.

Los Alamos – Luces Blancas
Durante 2013 el sexteto de narco-country (ese sonido que sale del country y el blues con tonada rock) formado en Buenos Aires se volvió a reunir para festejar sus 10 años y a mediados de junio editaron “Luces Blancas” luego de varios años sin editar. El disco fue grabado en 2 días y no decepciona para nada. Un tono oscuro y directo, acompañado por intrincadas instrumentaciones pero que llamativamente no nos complica la escucha.

Julio y Agosto – Canciones del desastre
El concepto del disco nace en el clásico best seller “El señor de las moscas” y en este disco de pocas canciones, los Julio y Agosto, afinan el lápiz de una canción simple pero con arriesgados arreglos. Allí donde parece difícil la conjunción de elemento de una banda tan multitudinaria esta el quid de la cuestión. El disco fue grabado en vivo en una casa de campo y eso recupera el sonido que la banda consigue en sus eficientes vivos.

Maria Pien – Malinalli
Menos es más es el concepto que trabajó Pien para lograr otro buen segundo disco con Malinalli, cuya realización se logró gracias al crowfunding. Cada canción esta fríamente calculada ya sea con arreglos de un orquesta pequeña de cámara o a María, sola, con su guitarra. Belleza, profundidad y contenido son la clave para vestir las 10 canciones que conforman el disco.