A los 66 años murió uno de los artistas fundamentales de la música de raíz folklorica moderna.

“Cuando me pille la muerte / la via’esperar / cajoneando fuerte el bombo / y l’hago bailar… / Salamanca… llévatela” dice “Salamanqueando pa´mi” una de las más reconocidas creaciones de Raúl Carnota, que a los 66 años dejó este mundo para inmortalizarse en el cielo de luminarias de nuestra cultura popular. En los últimos meses, a Carnota venia pelando contra diversos problemas de salud. De un tiempo a esta parte sufrió varias internaciones derivadas de pólipos de garganta y de una enfermedad pulmonar que se había vuelto crónica.

Ni santiagueño, ni tucumano, ni salteño, Raúl Carnota nació en el barrio porteño de Almagro y vivió su infancia en Mar del Plata, rompiendo así los estereotipos de un compositor y músico folklorico. Es decir… desde ese dato estrictamente biográfico Carnota se encargó de romper los moldes. Luego los siguió rompiendo arriba de cada uno de los escenarios que se presento. En la guitarra, primero sonaron los Beatles y canciones folklóricas argentinas, luego llegarían el jazz, la bossa nova y su amor por Zappa. En un comienzo, allá por 1983, deslumbro en el festival de Cosquín, junto a su por entonces pareja Suna Rocha. A ese escenario llegaron Raúl y Suna después de deslumbrar a Mercedes Sosa, quien quedó impresionada por ambos artistas, apadrinándolos y empujándolos a grabar su primer disco.

Raúl Carnota es un fundamental. Estará allí en el cielo iluminandonos junto al Cuchi Leguizamón, Atahualpa Yupanqui, el Chango Farías Gómez, el Chango Rodríguez, Jaime Dávalos y Eduardo Falú, sin dudas. Seguramente florecerá en alguna “vaina de algarroba, en alguna primavera”, como dice en “Grito santiagueño”.

Dejó muchísimas grandes canciones, pero en Otra Canción decidimos despedirlo con una que creemos el fundamento y motor que nos mueve a hacer las cosas que hacemos día a día. Adiós maestro Carnota, gracias por permitirnos seguir pecando de juventud…

Pecado de Juventud

Con la ilusión como fusil
entra el chango a la vida
buscando dónde echar raíz
de su joven semilla
tan sólo encuentra la oquedad
enfrentada a la prisa.

Pecado de juventud
no comprender el cansancio
y andar buscando la luz
al costado de lo rancio,

Con la esperanza de cambiar
el destino, camina.

Pecado de juventud
no imaginar las traiciones
y jugarse a cara o cruz
porque le sobran cojones.

Con la ilusión como fusil
entra el chango a la vida.

Trabajo que es la dignidad
del hombre va mermando
y así la solidaridad
de a poco van matando.
Sobran traidores, falta fe
y el pueblo aquí esperando.

Pecado de juventud
rechazar la hipocresía
y cuerpear el impudor
de tanta frase vacía.

Con esperanza de cambiar
el destino camina.

Pecado de juventud
del hambre mal aprendido
la impaciencia y el candor
promesas de nunca olvido.

Con la ilusión como fusil
entra el chango a la vida.