Otra Canción te propone recordar 30 discos del año en que los argentinos recuperamos la democracia. Semana a semana, recordaremos las pequeñas historias de aquellos grandes discos editados hace exactos 30 años.

MI VOZ RENACERÁ – CELESTE CARBALLO

El segundo disco de Celeste Carballo es otra de las tantas declaración de principios a los que la cantante y compositora nos ha acostumbrado a lo largo de su carrera.  Luego del sacudón y el éxito de su primer disco («Me vuelvo cada día más loca»), “Mi voz renacerá” vuelve a interpelar al auditorio, está vez, desde el mismo título. El tema en cuestión es el que, a lo largo de su desarrollo lírica va planteando el mensaje que recorrerá el álbum. «No me harán sentir el frío de la soledad/ ni tampoco el castigo/ de encerrarme en algún lugar,/ mi voz renacerá…» arranca diciendo (la canción y el disco). Casi una vuelta de rosca al final de una historia a la que, por ejemplo, Charly García identificaba con el encierro y la posibilidad única de «ver películas». Una lectura.

Pero en «Mi voz renacerá», también hay otra marca de Celeste, muy personal, pero también provocativa y rupturista. «Nadie quiere escuchar/ nadie aprende a gritar» dice la misma canción y ahí el mensaje es para todos (en una lectura simple de propuesta de libertad) y también para algunos, centrados principalmente en el universo roquero. Eran años complejos, en dónde todavía eran insultados y reprobados los tipos como Miguel Abuelo o Federico Moura y celebradas las posturas escénicas de artistas al estilo de Juan Carlos Baglietto. Lo que algunos les pesó con el baile o con el uso de la instrumentación (caso Miguel cantilo y Punch) a Celeste le pasó con su voz. Con su forma de utilizarla, con esa propulsión a quebrarse en alaridos, dulces y pasionales, pero demasiado altos para un público acostumbrado a otra cosa. El tiempo iba a poner las cosas en su debido lugar.

En el disco, en el que participaron como invitados, entre otros, León Gieco, los Oveja Negra, Domingo Cura y las Rouge (María Gabriela Epumer, Claudia Sinesi y Andrea Alvarez), aparece una canción de Horacio Fontova («¿A dónde van?) cual se referencia de forma directa y cruda, en algunos pasajes, a lo sucedido durante al dictadura, que ya era conocido por todos en el territorio del país. «Escucho reír/ a una familia de cuervos/ pensando en los entierros que vendrán/ A dónde van, los que muere dónde van/ Seguramente nadie sabe/ que nunca de la muerte escaparán (…)» El disco, en el que también se destacan la canciones «Maya» y «Ahora me quedo más tranquila» (otras de las piezas clásicas en la carrera de Celeste), mantiene la estructura en torno al rock tradicional y el blues que Carballo había presentado en su debut, pero también incursiona en fusión con la música tradicional latinoamericana, otra de las marcas de época de aquel tiempo de regreso democrático.


ORSAI – OEVJA NEGRA

Nacidos al calor de compartir historia y travesías a la par de León Gieco, Aníbal Forcada, Willie Campins y Osqui Amante dieron origen a un trio folk acústico de los más recordados en la primera etapa de los ochenta en la Argentina.  El debut de Oveja Negra se produjo en el Festival de La Falda de inicios de 1983, año en el que editaron su disco debut, «Orsai». En ese disco, hay un par de temas que se destacan del resto. Una versión folk del tema «Ando Rodando» que había marcado el regreso de Santaolalla a la Argentina (aunque en una estética new wave bien alejada lo que representaba Oveja Negra y a lo que había representado Santaolalla antes de decidir emigrar a los EEUU) y un tema que inmortalizaría León Gieco, llamado «Canción de los plomos» (también conocida, en la versión de Gieco como «Blues de los plomos»).

El disco fue muy bien recibido por la crítica y por el público. 1983 fue un año bastante prolífico en materia de actuaciones para el trío. La mñas recordada, quizás sea aquellas que los llevó a telonear a Nito Mestre (en el punto más alto de su carrera post-Sui Generis por aquellos años)  en la cancha de Velez, aunque también anduvieron dando vueltas por el continente de la mano de otros artistas que andaban caminos estéticos similares. Más allá de eso, el grupo se disolvió en 1984, aunque siguieron trabajando juntos a la par de León. En el 2011, se reunieron para grabar su segundo disco llamado «Mientras vamos viajando».