El 2020, para muchos, fue el año para trabajar en nuevos proyectos postergados y presentar algunos nuevos trabajos. Uno de ellos fue Samuel Majul quien compartió la primera mitad de lo que será Isat, una crónica musical dividida en dos partes, la segunda será presentada durante este año.

Otra Canción: Me gustaría arrancar hablando un poco sobre la creación, sobre todo e la idea del creador nómade.
Samuel Majul: Siempre dependiendo de las etapas de mi vida lo he respondido de modo diferente. Algunas más interesantes que otras. Hoy te puedo contar que hago canciones, que salió el Lado A de la primer crónica dramaturga de mis antecedentes emocionales. Me gusta el café instantáneo. Aprendí a hacer galletas de chocolate y las uso para comerlas cuando toco el piano y pienso en metáforas. Soy productor (Catfonk -oriunda de San Juan-, MINA, Solcia, MuliTa, entre otras) también sesionista (Paracaídas, NAUEL, Fiyi, entre otras pasadas y actuales) y educador poco ortodoxo. Bastante crónico capaz también… un poquito de esto y lo otro que hacen un yo performático. 

O.C: El disco se llama ISAT, un nombre que me remite directamente a los 90.
S.M:
La primera idea de bautizar a ISAT es por que soy un fanático con la mente podrida del antihumor. Desde Pollo Robot hasta Laiseca. Le tengo que agradecer muchísimas horas de crianza en todo arte que tiraban. Muchísimo cine y visuales que engloba bastante bien la matriz como performance atemporal para el álbum.  En todo ese peso de los 90 y lo que implica a la infancia para mí generación, recae sobre la nostalgia en gran margen. Con Multiespacia en el rompecabezas, entre muchas pelis, milenialismo y fundamentos, llegamos a la pregunta disparadora: ¿Escuchamos pop por qué tenemos nostalgia o tenemos nostalgia por que escuchamos pop?. Eso de poner un tema y divagar con el videoclip cerebral. Mirar la ventana del bondi o en el auto en un atardecer romantizándote, o en la cama con el mate o un pucho. Te haces la re mil peli. Imaginas al otro personaje y ese personaje va a ser alguien a quien quieras meter en la fantasía. Es eso. La nostalgia de algo que era o puede ser. O que te gustaría que algo vuelva a ser como era. En mi caso un canal de televisión que me crió en el amor, el humor. En flayar universos posibles de mi vida y enamorarme de todo lo que podía agarrar como materia prima y comerme el viaje. ISAT fue una de las tantas incepciones influyentes en mi forma de hacer cultura. Complementado al cholulaje personal de las experiencias amorosas que hacen a que todo esto suceda.

O.C: Escuché el disco y me encontré con que haces un uso metaforico de las comidas.
S.M:
Soy un lector obsesionado con el lenguaje cortazareano. Marcó mucho mi personalidad. Eso de escribir pensamientos en prosa poética sin poesía técnica pero romantizando las sensaciones con paralelismos que marcaron su estilo. Julio no adjetivaba a alguien con simpleza ni plasmaba la percepción de alguien con un adjetivo general. Usaba una sinestesia para intercambiar las sensaciones con algún acto cotidiano. Decía cosas como «sos tan café con leche», el glíglico me reventó la cabeza. La idea de formar neologismos para comunicar lo que quería donde las palabras construidas no alcanzaban para expresar un sentimiento o anécdota. A partir de ahí me empezó a gustar ésta práctica de ese estilo tan de él y lo asimile tanto como los acordes sin sexo de Charly o los dominantes secundarios de Fito. Me gusta pensar en las comidas como recurso adjetivo hacia una situación. Como la Catsup para el capricho, el confite para la manipulación tóxica hacia otra persona. Me gusta que las reglas se rompan en el arte y poder «cuestionar» a la institución de turno de esa forma tan indirecta. Que si tu boca es mi chocolate amargo un miércoles post café, se aprecie como eso. Por que lo fue. No me basta decir que me gusta su boca. Necesito decir a qué me sabe, y no es «como un chocolate» y caer a la realidad de que parece un chocolate. El «como» y comparar ya te baja a la realidad. Para la realidad tengo el desayuno cuando me levanto. Para el amor tengo su boca que ES un chocolate y no solamente el chocolate. Es amargo y un miércoles a la tarde. Es un chocolate en un momento situacional de un día de la semana en un momento indicado. Me gusta usar la comida y el tiempo como sensaciones. Ayudan a la nostalgia. Como un perfume que te quedó en la nariz y cuando lo sentís en algún momento, te lleva en el tiempo. O esa peli que veías con alguien y verla y acordarte que la veías con esa persona. Es nostalgia con pop o pop con nostalgia y olor a peperina.

O.C: En algunas canciones pareciera que haces catarsis de amores y desamores pero de una manera tragicómica. ¿Qué tan importante es reírse de las cosas malas que nos suceden?
S.M:
Creo que me di cuenta después que me estaba riendo o teniendo alguna especie de humor con la tragicomedia. La chusma dice que hace bien reírse de los acontecimientos desafortunados. Yo creo que lo que comuniqué en clave de humor, lo siento más como una queja y capaz terminó sonando a gracioso. «Te compro un mono o querés ketchup con eso?«. Mucho ISAT mezclado a la generación de sociedades donde estoy incluido y se ríen de su propia tristeza para vivir un poco mejor. Está bueno exteriorizarlo así, creo. Prefiero reírme y que llueva sobre mojado y bla bla… Por lo menos hoy. Capaz mañana hago una obra hiper deprimida.

O.C: A lo largo del disco se nota el uso de muchos artificios como el autotune, pero diría que es moderado a diferencias de otros trabajos. Por otro lado, hay algunos dicen que es una moda…
S.M:
Ya de por sí, soy sintetizadorista. Hago sonidos y los creo. Es artificial. No me caso con ninguna cosa análoga o romántica de que «se rompe el artista por un autotune como estética». Tampoco me pongo a levantar una bandera de la tecnología y el modernismo. Los recursos son recursos. No tienen moral ni convicciones. Las personas elegimos qué hacemos con eso. Y vuelvo a la idea de que cada quien haga lo que quiera con su compu y su plugin. La crítica es crítica y es por qué el aire existe. No hay un exceso de autotune. La gente dice que hay exceso de autotune. No se si hay un vúmetro que nos límite a hacer lo que querramos.  El fin, es escuchar lo que nos hace sentir bien. Nadie nos tiene que decir cuánto queso ponerle a los fideos.

O.C: Hablando de tecnología, algunos insisten que existe una sobreabundancia de música. Hay tanta música que algunas pasan desapercibidas..
S.M
: Pienso que eso fue así desde que el arte existe. Sea por la falta de recursos de medios como el exceso de información que vivimos el día de hoy. Sabes cuántos Hendrix nunca se conocieron por qué no tuvieron la situación de él. Y ahora en la modernidad pasa lo mismo. Sabes cuántos Garcias existen que por el ruido que hay tampoco están ahí. Como consumidor lo mejor que podemos hacer es investigar. Si estás leyendo esta nota andate a bandcamp. Escuchá las personas o bandas relacionadas que te tira espoti. Somos hormigas, Mauro. No pasa solamente con la música. Pasa con todo. Si quiero hacer una birra artesanal en Córdoba, sabes cuántas birras son riquísimas y pasan el trapo a muchas conocidas. Las pastafrolas de mi abuela son épicas, pero las conozco yo y mis hermanos nomás.

O.C: Para cerrar, tengo entendido que se viene un Lado B. ¿Algo que nos puedas contar de eso?
S.M:
El Lado B está esperando a que la performance suceda como secuela. Es la realidad en la que vive el plano del álbum en sí. El Lado A es el capítulo del enamoramiento. El Lado B es la ruptura. Acompaña de la misma forma que el Lado A pero en la tristeza y la superación de esa relación disfuncional con la esperanza de seguir amando en el futuro. A que maduremos como personas y aprendamos de eso que pasó y que va a seguir pasando. Previo al Lado B sale el cortometraje que une los dos Lados, fiel a la estética que viene siendo con la participación de Dari Piumatti en la comunicación visual, MuliTa como personaje que representa a las personas en el placard que inspiraron todo esto.