A medida que los días van pasando, la incertidumbre en torno a las formas en que la actividad musical podrá adquirir en pos de acelerar su regreso a los escenarios se acrecienta. Las iniciativas se multiplican, los bocetos de protocolo son cosa de casi todos los días, los organismos público buscan paliar la situación con ayudas económicas y alimentarias, los espacios privados se inventan nuevos modos de subsistencia, Sadaic recauda. Algunos se enojan, otros intentan entender, los artistas quieren seguir tocando, actuando, mostrando sus obras. Todos miran al futuro con una extraña mezcla de preocupación y esperanza.

Sólo en Córdoba, cerca de 600 personas músicas solicitaron ayuda alimentaria desde el comienzo del aislamiento. Esa realidad parece volver a poner sobre el tapete la necesidad de rediscutir modos de producción, modelos de industria y formas de organizar el trabajo. Para Nicolás Kuitca la manera de hacerlo es apostar al “laburo colectivo”. Tan lejos y tan cerca de la imagen solitaria del artista creada por el inconsciente colectivo, el músico, productor y militante, entiende que el futuro podría encaminar su destino hacia mejores destinos aunque sabe que la forma que tome la historia dependerá de sus propios protagonistas.

Desde esos preceptos se para Kuitca, que en medio del aislamiento continúa con su labor en el colectivo Sonar y en el Sindicato de Músicos de Córdoba y, mientras empieza a preparar un disco que llevará su propia firma, se hace un rato para conversar con Otra Canción.  

Nicolás Kitka durante las presentaciones de «Criatura», el último espectáculo de Quieto Poliester. Foto: Instagram (@kitca_kuitca)

O.C: ¿Cómo la estás pasando?
N.K:
Como todo el mundo, con altibajos. El confinamiento empuja toda una serie de cuestiones emocionales y psicológicas muy particulares. Es una especie de invitación a la introspección que sirve para revisar cosas. Yo soy un privilegiado que tiene techo, comida y salud, por lo que en ese sentido no me puedo quejar. A nivel trabajo también tengo el privilegio de laburar mucho y desde ahí tengo la oportunidad de ayudar a otros colegas. Quizás me está costando un poco adaptarme a las clases virtuales, pero en líneas generales estoy bien. Soy consciente de que la realidad de otres no es esta que yo estoy viviendo y eso pesa un poco, no lo voy a negar.

O.C: ¿Cómo ves esas situaciones que parecen ser la norma y que, en verdad, no surgen con la pandemia sino que se profundizan a partir de ella?
N.K:
Mirá, salvo momentos muy breves de la historia,  universo mayoritario de las personas músicas ha quedado fuera de los mecanismos de producción de la industria. Eso es lo que siempre hizo que los músicos y músicas tengan que completar sus ingresos con otras actividades, por eso ante la crisis sanitaria y la falta de certezas a futuro hay muchas personas que se están planteando si van a poder seguir adelante con su actividad musical. A mí no me gusta ver esto como una “oportunidad”, pero sí creo que la situación nos invita a pensar nuevos modos de producción por fuera del paradigma del “éxito” y esa forma en la industria maneja las cosas. No puede ser los primeros eslabones de una industria que mueve cifras astronómicas sean pobres y vulnerables. Tenemos que avanzar hacia una reconversión porque si una crisis a escala global deja a la enorme mayoría en la precariedad total es porque ya antes había algo que no venía funcionando.

O.C: ¿En qué consistiría esa reconversión?
N.K:
Me gustaría que no estemos apuntando a un horizontes en el que existan artistas megamillonarios rodeados de toda una parafernalia que a los que tenemos cierta edad nos bajó MTV, sino que tengamos un universo con personas trabajadoras que puedan sostenerse económicamente y, a partir de eso, sostener su arte. Me parece que es un tema complejo, pero es una lucha que hay que dar y estoy convencido de que es una lucha colectiva.

O.C: ¿Cuáles son los impedimentos para avanzar en esa dirección?
N.K:
Es lo que pasa siempre. Hay una falta de identificación de muchas personas con su condición de trabajador que solamente es funcional a quienes tienen el capital simbólico y económico más concentrado. La falta de conciencia de clases sólo le da más poder a quienes tienen más poder. Eso pasa en Córdoba, y lo podemos identificar porque nos conocemos entre todes. Hay muchas personas que tienen una pequeña estructura tipo micropyme, que estarían mucho más cercanos a les musiques, pero se paran del lado de las cámaras de grandes productoras del mundo de la música, que a la vez están poniendo todo su esfuerzo para no pagar sueldos y no regularizar a los empleados y empleadas que tienen a su cargo. Eso tiene que cambiar.

O.C: La idea de éxito de la que hablas ¿es algo que está muy arraigado entre los artistas o crees que es algo que la industria impone como una estrategia cultural?
N.K:
Me parece que es algo que opera mucho desde lo simbólico. Para que cuando yo me paro desde el lugar de músico-trabajador-autogestionado, lo hago porque creo que esas ideas van a estar latentes mientras las condiciones de producción no se modifiquen. Si yo, persona música, sé que mi economía está bien tocando seis veces al mes, ensayando y dando un par de clases no voy a estar dependiendo de “llegar” a ese lugar que se proyecta desde ese imaginario, que por otro lado para la mayoría es inalcanzable. Pero tampoco estoy proponiendo un sistema opuesto, lo que yo quiero decir es que tenemos que avanzar a un estado de situación que garantice cierta seguridad social para quienes se dedican a la música. Los argentinos somos recontraremil hinchas de todo lo nuestro, pero no generamos las condiciones para que eso se propague. Es muy difícil tener cada vez más músicos si no generamos las condiciones para que eso suceda. Vivimos atrapados en medio de esa contradicción.

O.C: ¿Ves que este tipo de discusiones están instalándose en el mundillo de los músicos y músicas? ¿Cómo ves ese tipo de discusiones entre las nuevas generaciones?
N.K:
Yo me paro desde un lugar que está en los shows de mediano formato. En esos espacios que habito, hay de todo. Pero incluso sabiendo que la apoliticidad es algo de lo que está impregnada una parte muy grande de la población, este tipo de discusiones tarde o temprano te llegan. Hay personajes sumamente consagrados que siempre han lidiado con la forma en que la industria intenta imponer y experimentan situaciones bastante tormentosas. Eso es algo que ha sucedido a lo largo de toda la historia, son tensiones que no desaparecen más allá de las reconversiones que se puedan dar con el paso del tiempo. La payola pasó de las grandes radios a las listas de Spotify, pero sigue existiendo. Creo que son mecanismos que uno tiene que aprender a detectar y eso se consigue en el andar. Nadie nace sabiendo.

O.C: ¿Cómo te atraviesan esas discusiones en tu actividad?
N.K:
Mi reflejo siempre fue tratar de encontrar respuestas y fortalezas grupales. Yo siento que sé a dónde hay que poner la energía, lo complejo es lograr eso. Yo creo que hay que pechar nuevas legislaciones para poder ir hacia un camino más equitativo y más justo. Creo que tenemos que tener un marco regulatorio laboral, conseguir que en los lugares en los que se toca música en vivo hay tratos más justos como podrían ser los clubes de música. Me parece que eso ayuda también a la calidad de las creaciones, porque uno va a poder desarrollar obras más elevadas a medida que vaya teniendo más roces y más toques. Mientras mayor experiencia tengamos sobre los escenarios, más nos vamos a enriquecer como creadores. Pero si no generamos las condiciones primero, no lo vamos a poder hacer. Cuando yo me planteo cómo seguir adelante, siempre pienso cómo podemos hacerlo entre todes. Sabiendo siempre que ese “todes” es mucho más reducido que el total.

O.C: ¿Y cómo canalizas eso creativamente?
N.K: En lo personal, nosotros estábamos en un proceso de transición con Quieto Poliester. Veníamos a armar un disco que terminó siendo un concierto teatral que llevó muchísimo laburo de producción, lo que generó un desgaste que es una consecuencia casi natural por lo que significaba el proyecto.  De allí en más, empecé a trabajar en algunas canciones que estimo terminarán yendo a parar a un disco solista y que se va puliendo en este tiempo de confinamiento. En ese sentido estoy tratando de aprovechar todos estos días del modo más creativo posible. En lo personal, yo encuentro mucha inspiración en artistas en otras ramas. Me identifico mucho con escritores, artistas visuales y teatreros, mientras que con mis pares me identifico más desde la militancia. Les musiques solemos ser muy endogámicos y eso es algo que a mí nunca me gustó mucho. De todos modos, encuentro algo muy inspirador en el proceso que llevan adelante las mujeres y las identidades no binaries. Desde lo político organizativo y, lógicamente, la forma en que eso se traduce en los discos. El último de Feli Colina, por ejemplo, me voló la cabeza.  

O.C: ¿Cómo te imaginas saliendo de esto?
N.K: No creo que esto cambie nada para siempre. Sí me parece que se abren interrogantes. Entonces, nos veo saliendo un poco más despabilados. Alguien me dijo días atrás que vivía estos momentos como la previa a la “primavera alfonsinista”. Salvando las obvias diferencias, esa idea me gusto. Me gusta imaginarme un renacer de la esperanza en la Argentina, un florecer de la música nacional, un auge de esa efervescencia que nos hace bien. De todos modos, no puedo dejar de pensar que estamos viviendo momentos muy duros y que hay gente que la está pasando mal. Esa es mi contradicción a la hora de proyectar las cosas. Estoy esperanzado, pero también sé que hay cosas que suceden que son tremendas y creo que en ese lugar tenemos que poner las energías.