Daniela Doffo tiene una historia abrazada al rock argentino. Como tantas, lo descubrió en su juventud, cuando el cine y la poesía ocupaban el tiempo de su espacio creativo, inquieto por herencia y curioso por naturaleza etarea. Con el paso del tiempo, formó sus bandas y la vida la puso a la par de los grandes hacedores del género en nuestro país.

Va a llegar a Cosquin Rock por primera vez con su proyecto solista. Si bien en el 2015 había tocado con su banda Amas de Casa Rock, la del domingo 9 será la primera actuación que la tendrá como protagonista exclusiva, con un disco nuevo bajo el brazo.

Producido por Augusto Gianoni (baterista de Fantasmagoria) y Jorge Rossi (ex Intoxicados y Gardelitos, actual Manto), Mutaciones parece ser un manifiesto de vida, que recorre la vida de la artista en su idioma, que también busca sentarse a conversar con la universalidad.

-¿Con qué expectativas llegas a la actuación en el Cosquín Rock?
-Llego muy contenta después de mucho trabajo y mucho esfuerzo. Vamos a lanzar mi primer disco como solista el viernes, entonces vamos a llegar con todas las expectativas puestas en poder presentarlo como corresponde en un marco imponente como el que representa el festival.

-¿Qué hay en ese disco?
-El que pasó fue un año difícil en el que tomé muchas decisiones complejas.  Yo venía tocando con mi banda Amas de Casa Rock, con la cual editamos un muy lindo disco llamado Amor bacteria (2015), pero en estos últimos años me había decidido a encarar mi carrera solista y tras un año y medio de laburo armé este disco que se llama Mutaciones. Tiene dos lados, uno que muestra el “de dónde vengo” y otro que tiene que ver con estos últimos años míos con la música. Te diría que el lado A viene de mi relación con el rock argentino y el lado B muestra una transición muy personal que deriva en el blues y en el folk, entendido más allá de ese género relacionado con los Estados Unidos ya que tiene mucho de folklore argentino. Es difícil pensar el momento en que uno está mutando porque son cosas que pasan permanentemente, incluso te diría que también es una forma de adaptarse al mundo en el que vivimos. Hay cosas que nos pasan y nosotros aprendemos a hacer con esas cosas mientras nos están pasando. No hay forma, una receta, un cómo proceder, la vida diaria en la que uno tiene que lidiar con los demás y con uno mismo, nos cambian de modo permanente. Todo eso está en el disco. Es un disco raro. Pero, además, hay un perlita: una grabación encontrada donde toco un tema mío con el Negro García López. Un tema que está grabado medio jodiendo en alguna noche perdida y me dieron ganas de sacarlo a la luz.

-Qué loco esto de venir del rock y derivar en el blues y el folklore. Te digo porque, por lo general, todos identifican al folklore en ese “de dónde vengo” que vos pones en rock. ¿Identificas cuándo entró el folklore en tu vida?
-Obviamente que de chica me enseñaron a tocar zambas y los ritmos relacionados con el folklore argentino. Pero lo que más me queda de toda mi formación es la idea de la canción, no importa qué ritmo ni qué género, me interesa enfocarme ahí. La canción tiene alma y yo te podría decir que hay algunas que han tomado vida propia. Mi padre, el artista plástico Juan Doffo, nació en el campo y yo escuchaba mucho folklore ahí, que se alimentaba a su vez con el tango que escuchaba mi abuelo. Eso lo fui redescubriendo en mí con el paso de los años. Me han pasado muchas cosas en este tiempo, yo tuve que sobrevivir encontrándome a mí misma y creo que ahí fue todo lo que yo había adquirido de chica volvió a ser parte de mi presente. Creo que todos pasamos por procesos similares alguna vez, obvio que no todos vivimos lo mismo, pero está claro que todos a lo largo de la vida mutamos y nos adaptamos a las circunstancias que nos tocan en suerte. Reímos, lloramos, nos caemos y nos volvemos a levantar, es un proceso del que nadie escapa.  

-Es muy loco poner toda esa carga en un disco.
-Es que por eso mismo yo trate de ponerle una carga individual muy marcada al disco. Pensar en todos esos procesos desde lo que viví pero tratando de abrir esa perspectiva, por eso la portada del disco es un ojo. Hay todo un mundo atrás de cada ojo y todos tenemos uno distinto. Hay una apuesta en el disco que consiste en tratar de llevar lo micro a lo macro y lo macro a lo micro en un diálogo constante para hacer de eso un círculo que se manifieste en la música y en mi manera de interpretarla.  

-Tenés una relación muy ligada con el rock argentino. ¿Me gustaría preguntarte cómo es ese andar tuyo con el rock?
-Yo siempre escribí, de hecho este año tengo pensado poder editar un libro con mis poesías. De chica, cuando mi mamá estaba escuchando discos de Serrat y la trova cubana, con mis amigas nos íbamos a alquilar películas al videoclub y en esos lugares vendían cd compilados. Yo nunca me voy a olvidar que una vez encontré uno que se llamaba Rock mántico, ponele que me salió un peso. En ese disco me encontré con De mí (de Charly García) y cuando yo escuché esa primer melodía se me salió la tapa de los sesos y entró una información que me cambió la vida para siempre. Ahí descubrí a Charly y eso fue un viaje de ida. A los 16 armé mi primer banda que se llamó María Antonieta y a dos o tres años después conocí al Negro García López, con el cual estuve en pareja hasta la tragedia que sucedió (NR: Carlos García López murió en un accidente automovilístico en septiembre del 2014) y gracias a él descubrí el mundo del blues y todo un universo mágico que también me puso enfrente a un montón de artistas maravillosos.

-Vos tuviste una banda integrada por mujeres, tocaron en el Cosquín en el 2015, y el año pasado se dio un gran debate acerca de la presencia femenina en los escenarios. ¿Qué ves vos en ese debate que hoy tiene una Ley de Cupo aprobado en el Congreso?
-Yo diría que hay que discutir la presencia femenina en todos los ámbitos y no sólo en el escenario. Yo laburaba con una chica que se llamaba Marilina, que era técnica, pero cuando nos metíamos al estudio de grabación eran todos hombres. Es muy raro que veas a una productora mujer tipo Marilina Bertoldi, que se produce a ella misma. Esas cosas pueden estar pasando recién ahora, por eso tenemos que exigir que haya más mujeres en todos los ámbitos. Aguante el cupo femenino, ojala que esto sea un paso para que se naturalicen estas cosas y que no sea necesaria una ley para que tengan que poner la atención sobre las mujeres que queremos tocar. Así como incorporaron la idea de que el hombre sale a trabajar y la mujer se queda en la casa, ahora incorporemos la idea de que la mujer puede desarrollarse en el ámbito en el que ella se quiera desarrollar. Dado que eso no va a pasar tan rápido, son necesarias leyes y trabajo en conjunto. Imaginate que vivimos en un país en el que recién en 1952 las mujeres pudieron votar, ¡No hace ni cien años que votamos! Hay que trabajar mucho y hacerlo juntas.