La visita del viernes a Belle Epoque será la vuelta de Las Sombras a Córdoba luego de festejar el cumpleaños del club nocturno, cuando tuvieron una noche consagratoria en la capital mediterránea actuando para cerca de mil personas. Claro, allí no estaban solos (compartieron escenario con Telescopios y Peces Raros) por lo que el show se tuvo que ajustar a los tiempos que serán más extensos en la noche del 30 de agosto.  

Para después de un nuevo concierto en Córdoba, los nacidos en La Pampa tienen planes inmediatos. En la segunda semana de septiembre verá la luz su nuevo single (La frase habitual) y luego se concentrarán en lo que será el lanzamiento de su tercer disco. “Vamos a ir adelantando canciones y después vamos sacar el disco completo en marzo o abril del año que viene” dice Nicolas Lippoli, mientras espera abordar su viaje a la ciudad que los abrazará en el comienzo del fin de semana.

Si bien la música que estamos haciendo mantiene la esencia de lo que fue Las Sombras en los primeros discos, estamos explorando nuevas tonalidades y buscando un poco para poder abrir el abanico de nuestra música”, asegura el cantante y guitarrista de la banda cuyo disco Crudo (2018) los puso en un lugar referencial para la nueva generación de la música nacional.

-Ese sonido de Las Sombras suele ser asociado a lo que se nombraba como hard rock en la Argentina de mediados de los setenta. ¿Ustedes se sienten ahí?
-En cierto modo, sí. Pero lo cierto y concreto es que somos una banda post-2010 y si bien reivindicamos sonidos y líricas de esa primera época, nosotros estamos apostando a una música contemporánea. Hacemos música de ahora y nos nutrimos de nuestros contemporáneos. Si bien uno remite siempre a un pasado muy valioso como lo fue la música de los setenta en la argentina, nosotros nos vemos en la obligación de hacer una música que responda al mensaje que quiere dar nuestra generación.

-¿Cuál es ese mensaje?
-Son nuevas musicalidades y nuevos matices que exceden lo que tiene que ver estrictamente con el sonido. Desde la puesta en vivo hasta el diseño gráfico de los productos que tienen que ver con la banda. Hay muchas ganas de llevar el arte un poco más allá de lo que fue establecido como cánones estilísticos por la ex industria musical. Hay una búsqueda de algo nuevo y fresco que merece salir a la luz. Hay una energía renovada dentro del arte argentino porque no podemos seguir haciendo lo que se hacía en los 80 o lo que se hacía en los 90. Esta es una era especial que se va a recordar como “los 2010”. Hay una manera de hacer las cosas y consiste en el avance y en el cambio constante.

-Una de las características de le época, también, está marcada por cierta federalización de la escena. A ustedes se los nombra como una banda representante del rock pampeano. ¿Se sienten parte de algo que podría denominarse de esa forma?
– Somos de allá, aprendimos a tocar y nos formamos como banda en La Pampa. Hoy, nos encontramos con muchos amigos que tocan en Buenos Aires y surge una especie de sentido de pertenencia por el lugar en el que uno nació. Pero es cierto que ese lenguaje se entiende más desde una cuestión de sangre, de origen, de adn. Yo no podría decir que soy de una banda pampeana porque vivimos entre La Plata y la CABA. Pasa que venimos de ahí y, desde hace un tiempo, se empezó a poner el foco en las bandas de las provincias y no tanto en la Capital Federal. Gracias a eso empezamos a conocer a artistas buenísimos que surgían de Mendoza, de Córdoba, de Rosario, de Santiago del Estero, de Neuquén. Nosotros respondemos, en parte, a esa lógica y se nos nombra como una banda de La Pampa porque es una provincia de la que no han surgido muchos grupos que pudieran tener el nivel de actividad que tenemos nosotros hoy en Buenos Aires y en el país. En cierto modo, terminamos siendo protagonistas de un movimiento que surgió hace aproximadamente seis años y que, por suerte, crece cada vez más.