Foto: Alejandro Barella

Con su segundo disco la cantautora Pamela Rudy corte todo un riesgo -aunque al contrario del titulo de la nueva placa, no lo hace sola-. Corredora del desierto se llama su nueva obra, que supone un cambio radical en el camino que había comenzado a recorrer con su predecesor El Reino.

En este segundo trabajo, Rudy, se muestra má menos naif y con un sonido folk rock más crudo y orgánico respecto a su predecesor. Se notan las influencias de Jonni Mitchell, los primeros discos bluseros de Celeste Carballo y da vueltas por la lírica el espíritu de Patti Smith (que no es poco decir).

El cambio se ve fuertemente en el cambio de sonido que Pame Rudy y su productor, Tomás Ferrero, encararon en el disco y para el cual buscaron a músicos de las bandas Nautilus e Hijo de la Tormenta para darle más honestidad y densidad a ese sonido rockero. Es un riesgo tambi{en la predominancia de las guitarras para una artista que primordialmente compone y ejecuta en el vivo teclas.

En las composiciones también se ve que, sin dejar de lado ese halo juguetón que impregnó las canciones del primer disco, la lente se pone en otro lado. La metáfora cinematográfica no es gratuita, ya que Rudy, es una amante del cine, arte que siempre ha funcionado como musa para sus canciones.

Hay algo de desesperación, disgusto y soledad -claro-, en Corredora del desierto, que se matiza con lineas sugerentes e irónicas. Sigue apareciendo lo naif e instrospectivo, pero no deja de tener este disco las atmósferas de los tiempos difíciles que venimos soportando en el mundo cotidiano.

Corredora del desierto es un disco muy interesante si nos guiamos por los tiempos que vivimos donde se busca en el pop y las referencias trap, las fáciles salidas para vivir las mieles del éxito. En cambio Rudy ha optado por crear una obra de arte que expande su universo y le da nuevos caminos por recorrer en el futuro.