El viernes de 3 de Mayo Rodrigo Carazo y Carlos » El negro» Aguirre se juntarán para presentar Meta Dúo en la Sala de las Américas en la Universidad Nacional de Córdoba.

El show que propone un singular juego entre el músico radicado en Paraná y el cordobés. La tímbrica del repertorio se basa en el Piano, la guitarra y ambas voces con la posibilidad de alguna sorpresa que expanda el viaje.
El primer encuentro entre ambos sucedió en el «Ciclo de dúos» de Carlos Aguirre. En esa oportunidad compartieron sobre todo canciones de Rodrigo Carazo. Mientras que en esta edición prometen abrir las puertas para que vuele la imaginación y la improvisación de las canciones.

Otra Canción: ¿Qué es la música para el Carlos Aguirre?
Carlos Aguirre: Es ante todo una herramienta de autoconocimiento, un espacio de reflexión, una posibilidad de diálogo, una construcción colectiva…y la lista podría seguir.
La responsabilidad que siento hacia ella y hacia mí mismo es hacerla de la forma más sincera posible, no mentirme  y por ende no mentir a quien va a escucharla. No dar lugar a la especulación de cómo será recibido lo que hago sino más bien indagar en un decir propio. Siento que ese es el mejor aporte que humildemente uno puede hacer desde su lugar, dar una opinión, generar una escucha crítica y hasta incómoda en muchos casos pero con ternura y buscando la belleza.

O.C: Con los años te volviste un referente dentro de la música popular argentina y también de requerido desde otros países… ¿vos cómo te ves?
C.A: En relación  a este tema siento que la música es una construcción colectiva, pero a esto lo pienso a nivel mundial, es decir, somos un montón de manos dando forma a una masa de información y las influencias viajan desde y hacia todos los puntos cardinales y más en estos tiempos donde internet puede mostrarte expresiones de lugares muy distantes.
Es así que cada uno, en el mejor de los casos, se constituye un poco en referente de algo en lo que se detuvo y donde tal vez propuso mínimos cambios en algún aspecto de la arquitectura de la música o de un punto de vista, pero al mismo tiempo estamos parados en la otra punta del hilo siendo quienes abrevamos en las obras ajenas. Siento esto muy fuertemente y no sólo mirando hacia nuestros predecesores sino que en muchos casos nos encontramos aprendiendo intensamente de personas muy jóvenes que traen otras verdades para enseñarnos.

O.C: Los otros días por un trabajo tuve que indagar un poco en las grillas de los últimos años tanto de Cosquín como de algunos otros festivales masivos. Y a veces me da la sensación que existen lamentablemente dos músicas “folclóricas”. Una es festivalera (por decirlo de algún modo) y la otra no tanto. Algo que me llama la atención porque creo que la música folclórica es una sola…
C.A: Es un tema complejo el de los Festivales. No tengo un particular enojo frente a eso porque es una expresión más de lo que pasa culturalmente en un país. Es decir, es uno de los carriles por donde van algunas músicas. Otras, como vos lo mencionas van por otro andariveles y ahí hay enormísima cantidad de factores que forman parte de esa realidad.
Algunos tienen que ver con la decisión misma de cada artista en cuanto al camino que elige hacer con su música y otros tienen que ver con las famosas “leyes del mercado” y un estado de las cosas que se asume como “lo normal”. Esas leyes que nada tienen que ver con el arte desde mi forma de ver son las que desconocen absolutamente la diversidad y tienden a estandarizar el discurso. A esto último lo padecemos en todos actos de la vida. Yendo al supermercado  donde te imponen marcas sobre otras y donde se repite un criterio de marketing igual en todos los países del mundo; prendiendo la televisión donde te muestran un recorte de la realidad según la conveniencia de los negociados más oscuros de la política; yendo a las escuela y universidades en las que, a pesar de el esfuerzo de miles de docentes despiertos, muchas veces se baja un programa de estudio absolutamente funcional al sistema y creando así en cada estudiante una sucursal del modelo impuesto en lugar de una persona pensante.
Esos Festivales como Cosquín y tantos otros de nuestro país no hacen más que replicar esa cultura mediática en cada escenario. No juzgo a quien decida ir porque considero que cada uno puede tener razones fundamentadas tanto para hacerlo como para no. En mi caso particular siempre lo consideré un espacio ajeno a lo que hago y sobre todo porque no se produce una intimidad que es, tal vez, la condición mínima que busco para generar una comunicación profunda con quienes se disponen a regalarte un momento de sus vidas y abrir sus corazones a lo que tenés para decirles. Es tan preciado ese gesto que siento una enorme responsabilidad en hacer que el mensaje llegue con lujo de detalles y en un marco cuidado y amoroso -que el sistema con el que se amplifica, por ejemplo, sea de calidad y se entienda claramente cada sonido y cada sílaba de las palabras y con el volumen justo para que sea escuchado, no más que eso, sino es como que alguien te está hablando a los gritos y, lógicamente, es difícil que una persona se abra a escuchar a otra que le está gritando.

O.C: Como es el proceso compositivo de Carlos en negro Aguirre. Me imagino que debe ser distinto a armar una canción donde te surge primero la letra…
C.A: No tengo un modo de abordaje sino varios. No siempre es la letra lo primero que me aparece. Es más bien un estado, como una suerte de “preñéz” en la que una idea empieza a empujar para salir. Y claro, luego es poner ese primer embrión en el microscopio y desentrañar lo que tiene para decir. Es para mí un proceso que en algunas canciones me ha llevado años de indagación, lecturas, entrevistas a personas que están más próximas de la temática que quiero desarrollar. Podría decirte que cada vez me cuesta más cerrar ese proceso, no sólo porque me siento sin los elementos para hablar de lo que quiero hablar sino porque además disfruto muchísimo de saberme envuelto en ese viaje.

O.C: Recordas cual fue la primera canción que compusiste? ¿De qué se trataba?
C.A: La primera que recuerdo fue una suerte de vals peruano que hice en la adolescencia cuando formaba parte de una agrupación con la que dábamos talleres de distintas disciplinas de arte en un barrio muy humilde de Paraná. Conocí gracias a ese trabajo la crudeza de esas realidades y tuve la necesidad de expresarlas en la música. Esa canción, como otras de esa primera horneada, nunca llegó a ser tocada en vivo. De todas maneras siempre les estoy muy agradecido porque fueron el impulso inicial que abrió una nueva puertita que vino a transformar mi vida.

O.C: Escuché que tenés una cosmovisión más abarcativas a la tradicional nuestra. Estás centrando en la  cosmovisión Aymara…. Me gustaría que expliques un poco eso…
C.A: Muy paulatinamente que me fui acercando a otras formas de leer nuestro vínculo con lo que nos rodea y a partir de un viaje que emprendimos con un grupo de amigos a Bolivia volví muy movilizado con ese país y su cultura. Sentí por sobre todas las cosas que había allí una concepción muy cercana a lo que me gustaría que suceda en el mundo.
No soy un estudioso tan profundo de esas culturas pero algunos enunciados y prácticas que pude ver personalmente me alcanzan para resonar fuertemente con ellos.
El concepto de “comunidad” por ejemplo. Donde absolutamente todos los seres vivos son parte y el hombre es uno más, sin esa jerarquía que solemos darle y en base a la cual se hacen tantos atropellos.
El planeta visto como un ser vivo en constante evolución y nosotros como pasajeros de mundo, pero sin propiedad sobre él.
Sería largo de desarrollar pero si partiéramos sólo de ese enunciado cuántas cosas cambiarían. Por empezar el modelo de agricultura que está matando nuestra especie pero por sobre todas las cosas está terminando con todos los seres vivos.

O.C: Pensaba en vos y en tu vida musical, estas radicado en Paraná según tengo entendido por tu amor al rio.. .
C.A: Mi vida en Paraná comenzó a los 14 años y me establecí allí por razones de estudio. Soy oriundo de Seguí, un pueblito de campo en las proximidades de la capital de la provincia.
Fue pasando el tiempo y además de seguir habitando mi paisaje interno cargado de imágenes rurales vine a enamorarme también del río. Y salvo un par de momentos en que por otras razones viví en Buenos Aires y luego en Lima (Perú), siempre regresé y procuré durante algunos años vivir cerca del río. Así es que actualmente vivo en Bajada Grande, un barrio de pescadores con su folclore ligado a los trabajos del río y un biorritmo que se asemeja más al de un pueblito que al de la ciudad.

¿Cuánto falta por conectarnos con la naturaleza, escuchar su música para poder vivir  aunque sea un poquito mejor?
C.A: Y claro, el paisaje suena, tiene su propia música pero hay que aprender a escucharlo. La contemplación silenciosa nos va sensibilizando y cuando menos lo imaginamos se ha colado en algunas texturas o atmósferas de las músicas que venimos haciendo. Y si no nos expresamos desde alguna disciplina del arte se meterá en nuestro andar, o en el habla o en el temple que da cada lugar a sus habitantes.
Lo importante es no perder la conexión con ese abrazo que nos da la naturaleza permanentemente y en todo lugar.

O.C: Algunos sostienen que cuando la música suena constantemente se vuelve ruido. Que la música se disfruta también cuando hay momentos de silencio. Al igual que en el silencio también hay música… ¿Qué pensas?
C.A: El silencio es una maravillosa posibilidad en la música. Desde allí todo comienza, es el vacío donde se produce una idea, una nuevo torrente creativo que comienza a desplazarse hacia algún lugar.
Tiene el enorme poder expresivo de lo no dicho, lo sugerido. No es para nada una interrupción del discurso sino más bien un hueco donde cae una melodía para encontrar otros destinos.

O.C: Tenés mucha influencia del jazz sobre todo a la hora de improvisar pero sino me equivoco uno de los que más te marcaron fue Remo Pignoni… ¿Qué significo él en tu historia musical?
C.A: El encuentro con Remo fue muy significativo en mi vida más allá de la música. Él era alguien a quien admiraba profundamente en el tiempo en que ingresaba a la Universidad. Que me reciba en su casa y que surja un vínculo, (regado en sucesivas visitas a su casa de Rafaela), fue muy inspirador. Hubo consejos que guardo como un tesoro y acompañan mi hacer cotidiano. Reconozco influencias concretas de maneras o abordajes en la composición que vienen directamente de sus obras.

O.C: A lo largo de tus discos podemos observar que te preocupan diferentes cosas como lo ambiental, las cosas cotidianas. Actualmente creo que vivimos en un mundo donde tenemos muchas batallas libradas al mismo tiempo. ¿actualmente qué lo está preocupando al negro Aguirre a la hora de componer?
C.A: Muchas de que has mencionado con las infinitas ramificaciones. Lo ambiental, por ejemplo, es vastísimo y todo el tiempo está en juego y siendo víctima de los negociados más horrorosos que nos podamos imaginar.  Ese tema ya nos daría un montón de motivaciones para componer.
Luego las cosas que van pudiendo emerger con claridad como para ser compartidas en relación a algunos procesos introspectivos ligados al trabajo espiritual.
Lecturas de algunos escritores que disfruto y que terminan sembrándome algunas imágenes o temáticas susceptibles de cancionarse.

O.C: En esta ocasión estarás presente junto a Rodrigo Carazzo. ¿algo que nos puedas adelantar de ese disco?
C.A: Es una especie de celebración de nuestro encuentro y de la afinidad inmediata que se dio naturalmente. Es para mí una inmensa felicidad la de compartir días y música con Rodrigo.