“Prender un fuego” se llama el nuevo disco de Marilina Bertoldi aparecido hace poco más de un mes. Un nombre que abre las interpretaciones para un momento histórico particular que la traerá nuevamente a Córdoba para participar en el Festival La Nueva Generación por tercera vez en apenas doce meses (estuvo presente en la pasada edición del hipódromo y en la edición otoñal de la Plaza de la Música a mediados de este 2018). A través de las once canciones que forman parte de su reciente trabajo, la artista nacida en Sunchales (Santa fe) se permite abrir el juego a un impulso funk con el que ya se había abrazado en sus tiempos con su banda Conor Questa. “El disco está muy pensando para el vivo. Me venía pasando que venía versionando mucho las canciones de discos anteriores para que funcionen en el tipo de show que quería dar” dice en la previa conversando con Otra Canción. “Me gustaba mucho hacerlo porque está bueno ver como cada actuación se trabaja a partir de determinadas formas del repertorio, pero definitivamente estas canciones están en un lugar de convivencia con el vivo, con la cuestión del ahora y con estar compartiendo esa especie de festejo que se da con todos en los conciertos. Siento que en cuanto al sonido, más allá de las vueltas que queramos darle a la discusión de lo que es el rock, el disco es rock y en el rock siempre se da que el vivo supera a los discos. O debería ser así, me parece, siempre está bueno cuando las bandas tocan y te dejan claro que ahí está el rock, es un momento en el que entras y empezás a compartir ese momento. Es algo que sucede, lo vivís en el presente y se va”, afirma.

Irremediablemente una cae en la cuenta de lo que Marilina advierte en su nueva propuesta y recae en la necesidad de señalar que esa potencia roquera que ella identifica a partir de su repertorio actual estuvo, en mayor o menos medida, siempre presente en sus actuaciones en vivo. “Pasa que el repertorio del anterior disco estuvo pensado justamente para el disco” dice marcando la diferencia. “Hubo un trabajo para generar una producción mucho más minuciosa, un poco más plástica en algún sentido más pesimista que puedo observar hoy en día. Pero eso pasa porque estaba en otro tipo de búsqueda, realmente quería aprender el mecanismo para lograr eso, entender ese tipo de producción y ese tipo de encare de las canciones. Eso hizo que después el vivo tenga esa cuota de alma que sentía que le faltaba al disco. Los anteriores, incluso, eran más acústicos por lo que el vivo también tenía otro tipo de reversiones. Recién ahora yo siento que logro poner en un disco lo que yo quiero para sonar en todos los lugares en donde voy a sonar en vivo”.

¿De qué forma llega Marilina a la conclusión de que su repertorio actual la lleva naturalmente a una explosión del vivo más apegada a lo que se escucha en un disco en el que conviven enormes canciones, momentos más explosivos desde el plano de la psicodelia roquera y pasajes más intimistas que pueden incluir una conversación telefónica (“Correte”) o una canción con un aparente destinatario concreto (“Tito volvé”)? La respuesta está escondida en esos momentos creativos a los que el escucha sólo puede llegar a partir de ejercicios que en la mayoría de los casos se ubican en el plano de los supuestos. Ella lo explica y los lleva a la naturalidad. “El modo de armar los temas fue fundamental para todo el sonido final porque arranqué a producirlos en el momento en que los iba componiendo. Los iba armando en la computadora y los arreglos iban sucediendo a medida que la canción iba evolucionando. Entonces los arreglos, que son parte de la producción, iban siendo también parte de la composición. Todo estaba ahí,no podía faltar a línea de bajo, la línea de la viola que iba a usar, de repente trabajaba la melodía, siempre presente la bata, es como que todo se iba construyendo en el mismo momento. En el disco anterior, creo que lo que hice fue componer primero para producir después. Me gusta más pensarlo de este modo,por lo menos para este momento que yo estoy viviendo donde todo sucede al mismo tiempo. Obvio que siempre después hay una etapa ineludible de producción en donde yo escucho ya la cosa más terminada y trabajamos una cuestión que tiene que ver con el audio, con los planos y esas cosas. Pero la producción general sucede en el mismo tiempo en el que la canción se compone por eso yo no me puedo correr jamás de la producción de mis temas y menos en este disco“.

Festivales y cupo femenino

Marilina Bertoldi estará ocupando el escenario rojo del Festival La Nueva Generación promediando las 22 horas del próximo domingo 18 de noviembre. “Me gusta mucho el festi porque me parece un festival distinto que realmente refleja a una nueva generación. Creo que está bueno cuando un festival muestra una nueva escena más que algo más consagrado y, como pasa, repetitivo” dice con tono entusiasta, el mismo con el que valora que le “parece muy bueno ver que el público lo apoya. Eso es un buen indicio“.

El festival se da en un momento histórico particular. Después de un reclamo que lentamente fue sumando voces en torno a la presencia de mujeres en los festivales, el Congreso de la Nación recibió un proyecto para garantizar la presencia de al menos un 30% de presencia femenina sobre “el total de artistas solistas y/o agrupaciones musicales de la grilla“. El proyecto fue ingresado a la Cámara de Diputados con 15 firmas, 14 mujeres y un hombre. Entre los fundamentos que sustentan la ley se presentan datos estadísticos a nivel nacional basados en el Registro Nacional Único de Músicos del Instituto Nacional de la Música, que al 22 de junio de 2018 contaba con 37.346 artistas registrados, representando los hombre un 80% del total, de lo cual “se infiere que la proyección profesional de las mujeres en la música es notablemente más limitada”. Según se puede leer en el portal www.cuarto.com.ar, los festivales relacionados con el rock y el pop representan los mayores índices de desigualdad. Según un relevamiento, de un total de 7 festivales analizados, todos tienen menos del 5% de solistas mujeres o bandas lideradas por mujeres en sus grillas de programación. 2 de los 7 no tienen ninguna banda cuya líder sea una mujer. Si sumamos a éstas las bandas mixtas (con alguna mujer en su formación) de los 7 festivales, 5 (el 71% de los festivales), tienen menos del 13% de representación femenina en sus grillas. En festivales de rock y pop (se analizaron los 4 principales) el 100% de ellos tienen menos del 16% de presencia femenina liderando bandas; 1 de los 4 no tuvo ninguna solista ni agrupación musical liderada por una mujer.

Marilina es tajante en cuanto a su ya conocida postura al respecto.  “Entender el reclamo le cuesta a quienes no quieren sumarse, nada más. No quieren hacerse parte de esa movida y la cuestión es muy simple de entender” dice al ser consultada por aquellos sectores que dicen no compartir o directamente no entender el reclamo que se expresa en el proyecto de ley. “A ver, salió hace poco la grilla del Cosquín Rock y, quizás pensamos que ese festival se podía hacer eco del reclamo, escuchar lo que se está reclamando y convertirse en vanguardia. Nada de eso pasó, demostraron que son el pasado. Está bien, la verdad es que son posturas. Todavía no hay una ley que obligue a nada, estamos peleando por eso y cuando salga yo me voy a acordar de eso. Me parece que es una vergüenza que hayan sacado la peor grilla en cuanto a representación femenina de todos los festivales del país justo en este momento. A partir de eso, estamos en condiciones de decir “bueno, está bien, esta es tu postura, nosotros tenemos la nuestra”. Que hagan lo que quieran, nosotras también lo vamos a hacer. Pero tengamos en cuenta que el público joven que es el que entiende todo esto también va a hacer lo que quiera. Pero, la verdad es que fue bastante vergonzoso ver esa grilla“.