En pocos días comienza la Fería del libro y desde Otra Canción queremos recomendarte algunos libros de esos que nos gustan leer a nosotros. Para descubrir músicas, revisitar canciones o acompañar alguna que otra escucha. Empezamos con “Cemento. El semillero del rock” y el “Mas o Menos Bien. El indie argentino en el post cromañon (2004-2017)“. Hablamos con Nicolas Igarzabal.  

En la historia oficial del Rock Argentino existen lugares históricos. El que salta automáticamente es La Cueva, lugar de donde salieron  Los Beatniks, Los Gatos, Manal o José Alberto Iglesias (más conocido como Tanguito). Otro que aparece fácil en la enumeración es uno que tuvo lugar casi dos décadas más tarde, se llamó Cemento, abrió sus puertas en 1985  y mantuvo su puerta abierta hasta el 2004. Durante 20 años el local comandado por Omar Chabán fue el  semillero de algunas de las bandas más importantes de los últimos años de nuestro país ya que allí dieron sus primeros conciertos masivos grupos como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Hermética, Miranda, Babasónicos o El Otro Yo, por nombrar artistas abriendo el abanico. Ahí dentro, Los Piojos convocaron apenas 50 personas en una noche buena alejada de los años en que llenarían el Estadio de River Plate. Es un ejemplo, de los que abundan.  En el 2014, diez años después del cierre del local, el periodista Nicolás Igarzábal decidió volver a recorrer la historia gracias a las entrevistas de Ricardo Iorio, Ale Sergi, Walas, Roberto Petinatto, Jorge Serrano, entre otros.

Este año el periodista fue por más y hace unos meses publicó “Mas o Menos Bien. El indie argentino en el post cromañon (2004-2017)”, un libro que explora la nueva escena musical de nuestro país a lo largo de 30 bandas como Los Espiritus, El mató un policía motorizado, Viva Elástico, Las ligas Menores y 107 Faunos, entre otras.  En total el libro cuenta con 85 entrevistas  a productores, músicos y periodistas.  Este ultimo trabajo del Nicolás Igarzábal se podría tomar como uno de los primeros libros que busca retratar la nueva escena musical de nuestro país donde lo principal es la autogestión y  en muchos casos la amistad entre bandas para seguir alimentando una escena que de a poco va ganando terreno.

Otra Canción: ¿De donde surge la necesidad de escribir sobre Cemento?
Nicolás Igarzábal:
Era un lugar que estaba olvidado y me interesaba  reivindicarlo, reconstruir su historia y recuperar un poquito de toda esa mística. En mi caso, el primer recital que fui en mi vida fue en Cemento, y mis primeras coberturas periodísticas, también. Eso me marcó mucho.

O.C: El libro momentos parece querer reivindicar la figura de Chabán, como uno de los promotores culturales más importantes de la historia reciente en nuestro país. Algo que personalmente creo que es importante de destacar a pesar de lo sucedido con Cromañon. Creo que no se puede negar el trabajo que realizó en los años de Cemento. ¿La idea desde un principio era un poco esa?
N.I: No, se fue dando durante el proceso del libro. Sabía que su figura era polémica y que generaba amor y odio, debido a que fue uno de los responsables de la tragedia de Cromañón, pero la idea del libro era contar la historia previa a ese hecho. La mayoría de los entrevistados (150) me habló con cariño y admiración de él, por eso el ángulo fue virando para ese lado, pero lo cierto es que la idea siempre fue una biografía de un lugar histórico, no es una biografía de Chabán.

O.C: Varios de los artistas que entrevistás definen a Cemento como de cierto modo un lugar de libertinaje donde cada banda presentaba una propuesta y por más loca que sea y casi siempre Chabán aceptaba. Además de contar cosas que pasaban debajo del escenario que si no la viviste creo que no lo crees. ¿No podríamos decir que parte de ese libertinaje que sucedía en Cemento fue lo que incidió después a un Cromañón?
N.I: No creo. En Cromañón murieron los chicos por la media sombra que se prendió fuego con las bengalas y largó un humo tóxico, y en Cemento no había ninguna media sombra en el techo, era justamente un lugar todo de cemento, donde nada se podía prender fuego. En 20 años que estuvo abierto no sufrió ningún incidente similar al del 30-D. La idea de libertinaje que se respira en el libro no se refiero solamente a falta de rigurosidad en controles y normas de seguridad, sino también a algo artístico e incluso económico, donde podían tocar bandas que claramente no cubrían todos los gastos del lugar, algo que sería inaceptable en otros boliches.

O.C: ¿Porque crees que era tan importante tocar en Cemento, cuando según cuentan los mismos protagonistas del libro era un lugar medio desprolijo y hasta bizarro?
N.I: Porque tenía su mística y te daba cierta “chapa”. Era la universidad del under, ahí te recibías cuando llenabas Cemento. Y después venía Obras Sanitarias. En ese sentido, el boliche de Chabán era como una catapulta y también servía como vara de popularidad. Pienso en el caso de Los Redondos, de Attaque, de A.N.I.M.A.L…

O.C: Si bien la historia es de Cemento atraviesa la figura de Chabán y conecta de algún modo también con Cromañón. ¿Crees que Omar intentó de algún modo replicar el trabajo de Cemento?
N.I: Más que replicar, buscaba tener un espacio donde pudieran tocar las bandas que les quedaba chico Cemento y competirle a Obras Sanitarias. Así como en los años 90 abrió Die Schule, que era un lugar más chico que Cemento y se lo podía usar de trampolín, en Cromañón buscó una medida más grande para los grupos que lo llenaban con facilidad y querían pegar un salto. Recuerdo de aquel 2004: Cadena Perpetua, El Otro Yo, Massacre, Bulldog, Miranda!

O.C: En la historia del rock argentino Cemento ocupa el lugar de semillero que también se le atribuye a La Cueva. ¿Identificas un lugar que sea como el semillero para las bandas actuales?
N.I:
Sí, Plasma, Zaguan y Matienzo en Buenos Aires, el bar Pura Vida en La Plata y el Tio Bizarro en el sur del Gran Buenos Aires. Son polos de donde salieron las bandas indies más importantes post-Cromañón, como El Mató, Los Espiritus, Viva Elástico, Bestia Bebé y El Perrodiablo.

O.C: Esto me da paso para que hablemos del último libro que escribiste  “Más o Menos bien. La historia del Indie”. Tomas como punto de partida 2004 después de Cromañón. ¿Por qué pensás que ese fue el comienzo del indie?. El Mato viene un poco antes, de hecho uno de los últimos capítulos del libro de Cemento habla Santiago Barrionuevo cuando tocaron en un festival…
N.I: No lo tomé como el comienzo del indie en sí, porque era una estética que ya venía desde los años 90, pero lo tomé como punto de partida de una nueva generación que tomaba la posta de aquella anterior y la reivindicaba (hablo de Suarez, Perdedores Pop, El Otro Yo). Después de Cromañón cambió absolutamente todo el panorama y en ese contexto, la movida que encabezó Él Mató desde La Plata revivió al rock argentino, que estaba herido de muerte.

O.C: Empecemos a definir que es el indie. Porque muchos lo confunden como un género musical dentro del rock donde entran Suárez, El Mato, 107 Faunos, Las Ligas Menores, Perrras on the beach entre otros. Pero si lo definimos como movimiento sería parecido a un movimiento autogestivo  como fue M.I.A. con Donvi Vitale a la cabeza o Mandioca. En ese contexto me atrevería a meter algunos cancionistas del Río de La Plata en la escena indie . ¿Según tu percepción de qué hablamos cuando hablamos actualmente de indie?
N.I: Sí, el antecedente de la familia Vitale en los años ’70 es clave, porque tenían su propio estudio de grabación y su propio sello. Incluso editaron el primer disco de Los Redondos (Gulp!, 1985), con todo lo que eso significa. Y también estuvo Mandioca, creado por Jorge Álvarez, a fines de los 60. Todos estos pedacitos de historia me sirvieron para configurar un mapa del rock independiente en Argentina, tomándolo como una ideología y una forma de moverse en la industria, por fuera del camino de lo netamente comercial, o lo que se conoce comúnmente como “mainstream”. El indie rompe con todo eso y va por otro lado, apoyado en la autogestión y el “do it yourself”. Después, en cuanto a lo musical, es súper plural.

O.C: El nombre le hace un guiño a la canción de “El Mato un Policía Motorizado” ¿Por qué el nombre?
N.I:
Es una canción que habla mucho de lo independiente, con ese verso que dice “Amigos, formemos una banda de rock and roll” y que tiene cierto optimismo, de que arriesgarse y todo va a salir bien. Muchos músicos que entrevisté lo eligieron como su tema preferido, el que más se identificaban.

O.C: Volvamos al diciembre de 2004 ¿En lo estrictamente musical crees que hubo un quiebre que dio inicio a esta escena musical?
N.I: Sí, desde lo musical hubo cierta vuelta al rock alternativo americano de los años 90, con mezcla del noise y el kraut rock, influencias que estaban un poco olvidadas en el rock de acá (Suárez había levantado esa bandera, pero ya estaban separados en 2004). Y en cuanto a la lírica, se pasó a un rock de letras muy cortas, casi haikus, como en los primeros discos de Él Mató. Eso fue novedoso y controvertido.

O.C: Si hablamos de bandas de interior creo que  Mendoza viene pisando muy fuerte seguido, Córdoba también, en la escena indie con varias bandas. ¿Porque crees que se da eso recién ahora?
N.I: Internet expandió todo (y más aún con las redes sociales) y hace que haya un indie más global, donde estamos todos conectados, y sabemos lo que está pasando tanto en Mendoza como en Nueva York. Hace unos años fue la movida de Córdoba, después la de la Patagonia y ahora le toca a Mendoza, de donde salieron bandas muy interesantes como Mi Amigo Invencible, Las Luces Primeras y Usted Señálemelo. Está buenísimo que el rock se federalice y no pase todo por Buenos Aires.

O.C: El libro habla también un poco sobre la tecnología dentro de la escena. ¿Cuál es el rol de facebook, instagram, spotify?
N.I: Son vitales hoy en día las redes sociales para promocionar una fecha o la salida de un disco. Y en cuanto a lo musical, estamos en la época del streaming, con Spotify a la cabeza. El CD ya quedó en el olvido y hoy los discos son links. En algún momento volverá a tener su revival, como con los vinilos, pero hoy en día, donde todo es tan fugaz, es difícil sentarse a escuchar un disco entero.

O.C: Hay quienes sostienen que el indie viene a romper con la pose  rockstar. Personalmente creo que en algunas bandas hay una pose de no me importa nada, de la desprolijidad y no me importa cuantos me ven. ¿Cuánto hay de pose en eso y cuanto hay de cierto? Me cuesta creer que esas cosas no importen si queres vivir de la música.
N.I:
Hay mucha pose de la no-pose en eso de decir que no les importa sonar en la radio, grabar en grandes estudios o vivir de la música. Yo creo que en el fondo sí les importa, pero el indie siempre estuvo tan marcado por esa falta de ambición y ese desparpajo que es difícil salirse de ese discurso sin perder honestidad. Si te dan a elegir entre tocar en la cancha de River o en el Salón Pueyrredón, elegís River.

O.C: ¿Estás de acuerdo con lo que afirma Alfredo Rosso en el prologo “que estamos en la edad de oro”?
N.I: Sí, claro. Él lo dice desde una perspectiva histórica y yo lo avalo desde una postura del hoy. Nunca hubo tantas bandas, tantos sellos, tantos estudios para grabar. Es una época súper interesante, donde hay bandas para ir a ver todos los fines de semana, donde todas se nuclean en sellos para poder expandirse y donde grabar tu disco y subirlo a internet es facilísimo… mientras tengas buenas canciones para mostrar.

O.C: Para terminar… Es una escena que parece ser el puntapié de una renovación… ¿Si me tuvieras que decir 3 bandas que la encabezan según tu visión cual sería?
N.I: De las más conocidas: El Mató, Los Espiritus y Las Ligas Menores. Dentro de las bandas más nuevas, recomiendo Riel, Gente Conversando y Mañana Mi Coche Explotará.