Juan Ingaramo vuelve a Córdoba para compartir escenario con El Kuelgue. Después de lanzar su última gran creación a finales del año pasado, el hitazo “Hace calor”, el cordobés encara un 2018 que lo encontrará con el sucesor de “Músico” aterrizando en las bateas. O lo que queda de ellas. Dicen que el día señalado será en algún momento del mes de Octubre, pero eso no quiere decir que esté quieto hasta entonces. Antes de venir a Córdoba estuvo en Rosario y desde acá zarpa para Mar del Plata para continuar por Tucumán, Misiones, Chaco, Paraguay, Uruguay y de regreso a recorrer la Argentina. Lo llamamos con la excusa del concierto en Studio Theater y nos pusimos a charlar.

Otra Canción: ¿Cómo te encuentra esta nueva vuelta por Córdoba?
Juan Ingaramo: ¿Te acordás que cuando Belgrano ganó el ascenso ganaba de visitante y perdía de local pero todos estaban contentos con Zielinsky? Bueno, yo siento como que es algo parecido, como que es un arma de doble filo. Hay mucha presión pero a la vez el feedback es único y el sentimiento es profundísimo. Estoy en casa y me encanta. Además voy con El Kuelgue, que es un grupo de personas que amo y tiene un público fantástico. Así que está todo más que bien.

O.C: ¿Y qué estás haciendo?
J.I:
La verdad es que estoy con hormigas en el culo. Estoy grabando lo que va a ser mi próximo disco pero que va a ser lanzado de a poco con temas en formato single. En estas semanas va a aparecer uno, en un par de meses otro y después le vamos a dar el marco de un disco.

O.C: ¿Qué estas grabando?
J.I:
Estuve con varios productores hasta que di con uno que es como el Pep Guardiola de la producción que se llama Nico Cotton y es un pendejo tremendo. Tremendo compositor, tremendo ingeniero, un capo con el que tengo la suerte de entenderme muy bien. Estoy muy contento porque él comprende mis necesidades artísticas y las lleva más lejos aún. También te tengo que decir que el nuevo disco me genera un poco de vértigo y un poco de miedo porque este material conlleva un riego que me saca un poco de mi zona de confort, pero entiendo que eso significa que hay movimiento y de eso se trata el arrrrrrrte.

O.C: Siempre te has movido en una especie de fundamentalismo pop que un poco marcó tu estilo. ¿Te corres mucho o el moverte de la zona de confort te lleva a profundizar sobre ese perfil?
J.I
: Moverme de la zona de confort es meterle a fondo. Quiero hacer de la música de este tiempo una música más fina, afinar lo mainstream o adaptar esas estructuras a mis necesidades artísticas. O viceversa. A mí me apasiona el movimiento de la industria, es el lugar en el que yo trabajo y me parece que entenderla y desafiarla es un hecho artístico. A su vez hay un riego porque esto me corre un poco de esta cosa más de nicho alternativo. A mí me está llamando más la atención lo popular, lo que le llega a todo el mundo, lo que no necesita de un capital cultural específico para poder ser disfrutado.

O.C: ¿Te jode la idea del nicho o estás dando un paso que simplemente tenés ganas de dar?
J.I:
Me gustaría que fuera solamente una parte del camino, yo no reniego de esa instancia. A mí me apasiona la industria, me gusta la música que es para todos, me gusta el pop y lo que más quiero es que me escuche la mayor cantidad de gente posible. Y en eso estoy.

O.C: ¿Y cómo ves la industria esa que se arma y se desarma, qué escuchas en ella?
J.I:
Yo no sé si tengo un análisis muy claro a ese nivel, creo que hacen falta huevos. Como con la selección, es como que todo lo que hicimos mientras que formamos parte de ese “indie esperanzador” durante estos últimos cinco años debe ser demostrado juntando los huevos y poniéndolos en la cancha. Mientras eso suceda va estar muy bien, sino va a haber quedado en un intento más de esos que marcan un pedacito de época pero a los que al final les falta cuerpo.  Yo confío en que podamos hacerlo, más con esta coyuntura que ayuda porque son tiempos de cuestionarlo todo, desde uno mismo a la vida en sociedad.

O.C: No te quiero pedir nombres pero me gustaría saber dónde albergar la esperanza.
J.I:
Hay espacios que se están abriendo, sin duda. Es como un trabajo colectivo en el que tiene que ver mucho el público, el periodismo y las compañías. Pero si del lado de los músicos se ponen huevos, después sale todo el resto. Hay bandas muy buenas que están entendiendo así las cosas y apostando. Un buen ejemplo es el de los pibes de Usted Señálemelo que van a hacer un estadio en Mendoza. Y eso que hacen rock que es un género que para mí ha perdido fuerza, tanto a nivel nacional como a nivel histórico del arte.

O.C: ¿Por qué?
J.I:
Me parece que ya no hay desafíos, me parece de padres.

O.C: Puede ser pero creo que en la Argentina el concepto engloba otras cosas. Para mí, vos sos un artista de Rock Argentino.
J.I:
Pero porque no actualizamos el sistema operativo. Yo tenía la necesidad de refundar lo hacía, de separarlo de ahí. Así como cambia la historia, está bueno que las cosas cambien. Es como que vivimos en una especie de “anclasionismo” esperando que nazcan los García y los Spinetta de nuevo y eso no va a pasar porque cambió el mundo y la sociedad…y todo lo demás. Por eso en una época se hacían estatuas como el David y en otra época una obra es un hilo dental colgando.

O.C: Bueno, me dejas picando para que te pregunte por Charly y el autotune. Entiendo que vos estás convencido de que ese y otros recursos sonoros son como marcas que quedarán para identificar a esta generación.
J.I:
Sin duda. A mí me encanta el autotune. ¿Y sabés qué es lo groso de estos efectos estéticos que se usan ahora? Que se te escucha tu voz, siempre. Y si cantas bien se escucha todo.  Capaz que la forma en que lo usan los raperos o los que hacen de eso una forma de cantar no me atrae pero para usarlo como un color, sinceramente me encanta. Desde Kanye West hasta los Hipnótica, mientras sea usado con buen gusto, me parece que está bárbaro.

*La foto de portada es de Phlori.