Ha pasado una nueva edición del Festival Nacional de Folklore. Otra Canción estuvo allí y recoje un puñado de encuentros y momentos históricos que se dieron durante otras nueve lunas históricas en la Próspero Molina.

El domingo finalizó la edición número 58 del festival folklórico mas importante de nuestro país. En consonancia con lo que viene sucediendo hace unos años se hicieron presentes distinta figuras de todo el territorio argentino y de países vecinos como Illapu (Chile) y Los Jarkas (Bolivia).

Un dato no menor, que marca un clima de época: tanto arriba del escenario como en las conferencias se pudo observar que tenemos un nuevo cancionero comprometido con la realidad y que algunos referentes como Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, Illapu o Yamila Cafrune acompañan, apoyan y empujan desde sus espacios ya consagrados. En esa misma línea, el mensaje que pareció cruzar el festival estuvo en consonancia con lo que viene sucediendo en torno a problemáticas bien actuales como desmonte y algunas situaciones sociales que preocupan como la agresión al pueblo Mapuche.

Algunos puntos a destacar:

Juntadas: La comisión organizadora demostró, una vez más, que si bien no se pueden tener todos los proyectos en el festival por cuestiones de espacio, tiempo y logística, bien se pueden encontrar alternativas. Esta edición tuvo la particularidad de proponer encuentros. Las juntadas más destacadas fueron los “Regionarios” integrada por algunos de los nuevos compositores como Josho González, Ariel Attoyo y Gustavo Ecclesia. Allí, cada uno de sus integrantes pudo mostrar parte de lo que vienen haciendo como solista, en está ocasión en formato trío.
El otro destacado en este aspecto fue el proyecto “Ulkan Folil (Raíz que canta)” integrado por Rubén Patagonia y Che Joven. Una unión de canto ancestral donde se destacó en todo momento la determinante postura frente a la realidad de los pueblos autóctonos que ellos representan.

Homenajes: La edición número 58 tuvo varios homenajes como el que recordó a Horacio Guarani o a Luis Transito Cocomarola, pero el que se lleva todos los elogios sin duda el de Jorge Cafrune. A cargo de su hija Yamila Cafrune junto a grandes invitados como Peteco Carabajal y Bruno Arias, entre otros. Más de una lágrima se vio caer de los rostros presentes tanto arriba como abajo del escenario.  La plaza despidió el homenaje con un aplauso generalizado y los elogios de la prensa especializada abundaron en los análisis posteriores. Un homenaje que estuvo a la altura de lo que significa Cosquín y la historia de Cafrune en ese festival.

Nuevo cancionero: Como viene sucediendo desde hace varias ediciones el nuevo cancionero viene ganando espacio y se va afianzando entre los tradicionales números del Atahualpa Yupanqui. Es necesario destacar, una vez más, la gran actuación del Nahuel Pennisi que volvió al festival luego de la gran repercusión que tuvo su actuación en la edición anterior. Está vez regreso con un show que fue repartido entre los dos discos editados hasta el momento y con un público que se propuso como pocas veces simplemente escuchar y  aplaudir. Sin duda uno de los cantores que se perfila para la consagración de las próximas ediciones.
Lo de José Luis Aguirre volvió a ser superlativo. Una vez más, el músico de traslasierras demostró que tiene canciones, que tiene mensajes y carisma para ganarse al público. Otro de los artistas que desde hace 3 o 4 años vienen sonando cada vez que se habla de la consagración.

 

Incorporaciones: Esta edición hubo nuevas incorporaciones que hicieron su debut en el escenario histórico. Hay que destacar la llegada de Duratierra que subió al escenario para mostrar parte de su ultimo trabajo “Cria”. Sin duda es una de las grandes apariciones de nuestro cancionero popular que creemos llegó al festival para quedarse.
Otra de las incorporaciones destacadas de esta edición fue la de Mery Murúa, que debutó con su proyecto solista al comienzo de la octava luna. Con su carisma característico subió al escenario para sumarse al mensajes con la canción “Desmonte” o “ Quiero Ser De luz”.  A destacar, el público la despidió con pedido de bises que no pudo ser.

Consagración: El cordobés criado en Chilecito Emiliano Zerbini quien hizo bailar a la plaza con las danzas tradicionales argentina fue la consagración del festival.  Emiliano es uno de los nuevos referentes del folklore riojano. Es el segundo año consecutivo que un músico riojano se lleva el premió consagración. En el 2017, ese galardón fue para La Bruja Salguero.

El Bonus Track  es compartido por dos pesos psados. Uno es sin duda Abel Pintos, el artistas más convocante dentro del folklore en la actualidad y que parece no tener techo a la hora de imaginar convocatorias. El bahiense brindó un show acorde a los 20 años de su primera presentación en Cosquín donde recorrió parte de todos sus discos, empezando con la canción “Fuego de Anymaná” y pasando por otros clásicos como “La Flor azul”. El público lo ovacionó desde la primera hasta la última canción y a más de uno se le cayo una lagrima.

El otro es (son) Hermano Hormiga. El sábado la plaza se transformó en teatro o en guitarreada con el proyecto que se propusieron conformar desde hace ya un tiempo Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño.  El dúo se propuso lograr una cercanía al público para así captar la atención para la escucha, algo que lo logró con creces desde el momento que se subió a escena. Acompañado de dos bombistos arremetieron con “Subo” (una vidala del Chivo Valladares) que se continuó con una cataratas de grandes canciones como “El surco”, “Amiga tierra querida”, “El Necio” y “Mi memoria” entre tantos otros.

Fotos: Mauro Bruno Kunath