En el 2017, Adrián Berra editó uno de los discos mas interesantes de esos que se ubican en el ámbito cancionístico que año a año se celebra en el Encuentro de Cantautores de Alta Gracia. Casualidad o no, el músico que desde hace un tiempo se encuentra radicado en la República Oriental del Uruguay se estrenará en el escenario de la librería Hora Libre el próximo sábado. “No conozco el lugar personalmente pero han sido muchos los colegas que me han hablado muy bien y me han contado cosas muy lindas” dice a Otra Canción en las horas previas de su llegada al Valle de Paravachasca.

Otra Canción: Llegas a un lugar en el que se respiran canciones. ¿En qué momento te encuentra este comienzo de año?
Adrián Berra: Me encuentra en un momento muy lindo porque vengo de editar un disco y de tocarlo a lo largo de todo el país. Estoy como floreciendo luego de haber tenido un momento introspectivo muy grande que marcó el proceso de grabación. Llegar en esas condiciones a un espacio muy propicio para compartir con amigos,colegas y con gente que por ahí no se cruza tanto está buenísimo.

O.C: Sabemos que te definís como un viajero. ¿Por qué te fuiste a vivir a Uruguay?
A.B: La verdad que me fui porque me gusta cambiar de aire. Yo nací en la gran ciudad, soy porteño, pero siempre me gustaron los espacios más chicos y las comunidades más pequeñas. Entonces aprovechando que mi compañera piensa lo mismo y vibra con las mismas cosas, nos vinimos para acá. Yo tengo una hija de tres años también y es como que también está bueno que pueda crecer en otro ámbito. La idea es abrir, probar y poder mirar las cosas desde distintas perspectivas.

O.C: ¿Sos más viajero que músico o más músico que viajero? ¿Cómo se conjugan las dos formas de entenderte?
A.B: Yo considero que son dos cosas totalmente complementarias. Yo cuando viajo, toco. Siempre. No puedo dejar de tocar así esté en plan familiar o de vacaciones. Necesito hacerlo, necesito pensar cosas para tocar y compartirlas. Los viajes me han regalado canciones porque es un lindo momento para escribir, para conocer gente nueva y nuevas experiencias. Así que en mi caso el viajero y el músico son dos condiciones que van de la mano.

O.C: En tu último disco “El mundo debajo del mundo” volvés a una forma que es la que cruzó tu primer álbum (“Mi casa no tiene paredes” del 2010). Hay una cuestión mucho más despojada e introspectiva. ¿Por qué?
A.B:  Mi esencia es la de la canción despojada. Pasa que en mi disco anterior (“El funeral” de 2013) me dí el gusto de tocar con una banda grande integrada por muchos de mis amigos que son músicos y que andan conmigo. Fue una experiencia nueva en la grabación de ese disco pero me parece que yo me ubico en el plan más minimalista del aspecto acústico que me ayuda a explorar texturas a través de diferentes instrumentos pero coqueteando con todo lo que tengo a mano, incluso con el silencio.  Ese es el lugar que me gusta habitar.

O.C: Hay una búsqueda interior en “El mundo detrás del mundo”. Hay canciones que tienen mucho que ver con estos mundos que habitamos y que habitan en nosotros mismos. ¿Qué conceptos pensás que pusiste en juego con estas composiciones?
A.B: Es eso que estás diciendo, habitar distintos mundo y poder abrirse para habitar los distintos espacios que uno tiene adentro. Es una búsqueda constante. El disco invita a introspección para poder habitar diferentes capaz de ese mundo que muchas veces pensamos como un todo.

O.C: Te sé admirador de Miguel Abuelo. Estas canciones, estos juegos con el silencio, estas búsquedas me hacen encontrar algunas reminiscencias al primer Miguel Abuelo, a ese que se subía al escenario solamente acompañado por su guitarra. ¿Hay algo de eso?
A.B: Lo que pasa es que Miguel fue una de los primeros tipos que me conmovieron profundamente en mi infancia y mi pre-adolescencia. A partir de eso, quedé conectado un poco a esa esencia. Yo conecto con su pensamiento y su existencia, con su búsqueda artística. Ojo, yo no considero que mi música sea parecida o tengan elementos evidentes que te lleven a la obra de Miguel pero sí que es una de las personas que todavía me conmueven cada vez que alguien pone un disco.

O.C: ¿Te encontrás por estas horas con artistas que te cruzan de un modo parecido? 
A.B: Todo el tiempo. A mi me gusta escuchar clásicos pero hace mucho que estoy escuchando músicas de colegas. De nuestro país y de otros países. En general yo suelo mirar más lo que está pasando que ir a buscar para atrás. Estamos en un momento de muchas voces en el que pasan muchas cosas zarpadas. Y eso me encanta porque además los escucho cerca, los tengo cerca, los cruzo un montón de veces y me nutro mucho.

O.C: En esta búsqueda permanente de la que venimos hablando a lo largo de toda esta charla hay un rasgo de tu actividad sobre el cual me gustaría preguntarte y que son los talleres de música para no músicos. ¿Cómo es eso de buscar despertar una expresividad parece encontrarse dormida en alguna gente?
A.B: Todo eso nace a partir de mi experiencia al leer al músico y pedagogo Murray Schafer. Conocer sus conceptos me partieron la cabeza y entonces me metí en esta historia de buscar gente para poder hacer música basándonos en el juego. Desde hace mucho tiempo es como que la música se volvió más teórica, el taller trata de recuperar su aspecto lúdico. Nosotros tomamos algunos conceptos básicos y hacemos música atravesándola por el costado. Es decir, hacemos algunas músicas sin hacerla para después organizarla y desarrollarla. Está muy buena la experiencia y los resultados nos sorprenden todo el tiempo.

O.C: Se han utilizado músicas tuyas para algunos materiales audiovisuales, algunas de tus obras nacieron en el seno de colectivos culturales. ¿Cómo se distinguen las formas creativas que surgen en y para esos ámbitos y las piezas más introspectivas que luego van a terminar formando parte de tus discos?
A.B: En el caso de las canciones que se usaron para acompañar formatos audiovisuales, eran piezas que ya preexistían. Pero está buenísimo tener distintas formas y distintos enfoques a la hora de componer, por ejemplo si la canción va a ser para ponerla al servicio de otra cosa. Es distinto el modo en que se trabaja cuando vos ponés tu compocisión al servicio de la imagen o de algún texto. La canción es una entidad en sí misma pero cuando tenés la oportunidad de trabajarla para algo en particular que exceda esa misma obra es algo espectacular. Te da un enfoque nuevo que te hace pensar en cosas nuevas y trabajar de diferentes formas. A mi me encanta.

O.C: Desde tus comienzos venías trabajando de modo independiente. ¿Cómo ves que eso ha ido avanzando en estos últimos años y cómo ves que aporta a la libertad de los artistas?
A.B: Yo creo que hoy en día somos casi todos independientes. Somos todos hacedores de algo que es muy nuestro y que está hecho para la gente que tiene que ver con nosotros. Yo no conozco muchos colegas a los que le haya caído el monstruo de la discográfica y les haya direccionado la obra hacia otro lugar. La independencia es un bandera pero no individual sino que es una bandera generacional.  Estamos aprendiendo a hacer nuestro propio sueño como generación. Ser independiente te obliga a juntarte, a hacer red, a trabajar en conjunto para lograr cosas que antes lograba la industria y hoy están en nuestras manos.