Sullivan presenta “Continental”, su segundo disco. Charlamos con su alma mater.

tapa_sullivan_continentalLa Córdoba de septiembre abunda en calores fuera de tiempo y vientos que, aunque aislados, solpan con molesta furia. Faltan un par de días para que Carlos Sada, Lucas Méndez y Macario Torres salgan a estrenar oficialmente el disco que vienen pergeñando desde hace años y cuyas canciones se pueden escuchar en el espacio bandcamp de la banda desde noviembre del 2015.

Carlos se muestra orgulloso del trabajo que en horas más tarde será presentado en el Auditorio del Auditorio Luis Gagliano. Confiesa que está contento, que en un rato le llegarán las cajitas para que el proceso del disco físico esté definitivamente terminado. “Yo lo escucho mucho al disco. Es un disco que significó muchísimo sacrificio, fue muy placentero hacerlo” dice para romper el silencio e iniciar la charla con Otra Canción. “Fue todo un proceso de casi seis años desde que lo empezamos hasta que estuvo listo. Yo lo sigo escuchando y me parece un muy buen disco. Le pusimos tanto empeño a cada una de las cosas que aún no veo que las canciones se pongan viejas ni nada por estilo. De hecho, he compuesto muy pocas cosas después de las que están ahí.

Otra Canción: ¿Por qué tardaron tanto?
Carlos Sada: Pasó de todo. No fue que estuvimos seis años con el disco sino que hubo muchos intermedios. A nosotros nadie nos corría, trabajamos mucho con una dosis de perfeccionismo muy grande. Por otro lado, Valentín (Scagliola, productor del disco) grabó como tres discos con Los Caligaris, filmaron DVDs, hicieron como 8 giras por México. Fueron muchas cosas en verdad. Pero en un momento, los dos dijimos “Che, hace cinco años que estamos, vamos a darle un cierre” y salió.

O.C: Hablas de seis años. ¿Las canciones estuvieron desde un comienzo?
C.S: Cuando comenzamos a grabar el disco, en el 2010, registramos trece canciones. De todas esas, quedaron siete. En un momento, en el 2013, nos dimos cuenta de que había unas cuatro canciones nuevas que eran superadoras de las anteriores y fueron las que finalmente aparecen en el disco. No sé si está bien decir que la banda fue madurando, más bien me parece que fue todo parte de un proceso. Hay dos covers en el disco que responden a esos dos momentos. “Paseando por Roma” (de Soda Stereo) había sido grabada en la tanda del año 2010. Y “Siempre tú” (de Los Shakers) apareció después.

O.C: ¿Por qué la grabaron en castellano?
C.S: Por buscar algo distinto para la canción. El tema de Soda, si no lo conoces, perfectamente puede sonar como un tema de Sullivan porque lo hicimos a nuestro modo. No es una copia. Con el tema de Los Shakers pasa lo mismo, en la traducción aparece la rareza. Pero yo no me planteo muchas cosas. Si un tema me gusta, si vibro con eso y funciona, le damos para adelante. Eso es lo bueno de no tener ningún tipo de limitación. Me pareció que hacer el tema igual y con la letra en ingles no tenía mucho sentido. Ya la habían grabado ellos así, entonces con la letra le buscamos una vuelta de tuerca.

O.C: Hay un bolero también.
C.S: Eso terminó siendo un bolero, pero nació totalmente distinto. Es uno de los cuatro temas de la segunda tanda de canciones. Mi intención era hacer una especie de continuación de “No soy un extraño” (de Charly García). Era ese ritmo con la misma letra. Después se convirtió en ese bolero medio bosseado que vos escuchas. Yo en ese momento tocaba con los Mersery Mustard, de hecho, la letra es de Leonardo Cabo (el cantante de esa banda). Lo ensayamos y me gustó tanto que lo pedí para Sullivan.

O.C: ¿Y qué relación tenías vos con el bolero?
C.S: Ninguna. Pasa que yo no tengo demasiadas limitaciones a la hora componer ni a la hora de escuchar. Puede ser Iron Maiden, Juan Gabriel o Abba. Si vibro con algo, voy para adelante.

O.C: Hay un trabajo en las letras que me parece interesante. Puntualmente tiene que ver con ese laburo que convierte a las canciones en piezas únicas. El ensamble de las historias a partir de la musicalidad de las palabras.
C.S: Debo confesar que ese es un recurso heredado de (Gustavo) Cerati. Aunque para mí, yo escribo horrible (risas). Él buscaba las palabras, andaba con el diccionario. Yo hago lo mismo. De algún lado hay que agarrarse. Trato de buscar palabras que te saquen un poco del eje. Es muy difícil poder explicar la forma en que las palabras y la música se convierten en una canción porque cada proceso es único. Salvo una vez que me pasaron unas letras para una película que nunca se filmó, siempre parto desde la música. Tengo las melodías, balbuceo algo en inglés y la letra termina pareciéndose a ese balbuceo. Después logras despojarte de eso y todo suena natural.

O.C: Partís de pensar tus canciones en inglés.
C.S: Sí, claro. El rock es en inglés. De todas formas, jamás se me ocurriría cantar en otro idioma. Es más, hay un tema que compuse en inglés para la época en que tocaba con Hyperstatic, que me gusta mucho y que quedó afuera de los dos discos de Sullivan. Eso es producto de un gran consejo de Antonio Birabent. Yo tenía la lista de temas para el primer disco y cuando se los mostré, se sorprendió con esa canción y me preguntó por qué iba a grabar un tema en inglés cuando teníamos un disco tan marcado por lo nacional. “Vos haces lo que quieras, pero si me preguntas, yo no la pondría” me dijo. Yo quería grabarla porque me parecía un tema muy lindo y la quería para Sullivan. “You make me cool” es el tema y está grabado en “Spin the sun” de Hyperstatic. Nosotros nunca lo grabamos. Hasta el día de hoy estoy agradecido a Antonio porque es evidente que tenía razón.

O.C: Ahora que mencionás a Antonio. Me paree que entre todos los invitados hay dos que se destacan entre los demás por el color tan propio que le ponen a las canciones que van llevando un camino que está muy claro en el disco. Uno es el caso de Birabent, el otro es el de los Hipnótica.
C.S: Con Antonio la relación es histórica. Somos amigos, somos contemporáneos, yo quiero que él siempre esté en mis discos. En “Fauna de gala”, él había hecho la letra de una canción con música mía y la habíamos cantado juntos. Para este disco, a mí se me ocurrió aprovechar sus dotes actorales entonces surgió la idea de hacer ese recitado que él mismo escribió.

O.C: ¿Y con los Hipnótica?
C.S: Yo quería que los grabaran algo en medio de “Payaso” porque tenía un pasaje justo en el medio del tema que me parecía que estaba muy bueno para que ellos lo intervinieran. Se los pedí varias veces y no pasaba nada. Cuando con Valentín decidimos que no íbamos a esperar más, vino Nahuel (Ortiz) me pidió disculpas por el cuelgue y me dijo que querían hacerlo si es que todavía había tiempo. Se fueron un fin de semana al campo y grabaron esa música que nace de una melodía mía y una letra de ellos. Es una pieza con la marca de Hipnótica que sólo tiene un patrón melódico que yo les había pasado. Nada más.

O.C: Me gustaría preguntarte por ese concepto de “lo nacional” en la obra de Sullivan que mencionaste recién.
C.S: Yo soy un fan del rock argentino de todos los tiempos. Por ahí no tanto a los que son contemporáneos a mí. Yo capaz que llegué hasta la década del 90, Babasónicos es una banda de esa época que me parece fantástica y que sigo porque precisamente siempre están avanzando y cambiando. Pero yo siento que tengo una pata muy aferrada a Charly, a Fito, a Spinetta. Eso no significa que se refleje en mi música pero hay cosas que me cruzan todo el tiempo. En “Payaso”, por ejemplo, yo escucho a Sullivan pero también a Serú Girán. Son cosas que a uno se le han pegado y aparecen solas. Mira, yo a modo de capricho quería que Spinetta estuviese en alguna parte del disco. Pero no hay ningún cover ni un tema en el que se refleje su obra. Entonces le busqué otra vuelta. Para el tema “Mi fantasía” agarré dos samples spinettanos y los puse al principio al final. Es posible que no se note pero el tema arranca con un pedacito de la “Sed verdadera” que ni siquiera es una melodía, es apenas un sonido ambiente y termina con una especie de ruido de un muelle que lo saqué de “Resumen porteño”. Ahí está Spinetta.

O.C: ¿Cómo fue laburar con Valentín?
C.S: Valentin es un genio. Yo tenía la idea de poner a otro productor y German Arrascaeta me lo recomendó. Yo no lo conocía, pero él me señaló que era un tipo que también era compositor como yo, que venía de otro palo y además tenía ya la bendición del público puesto que él es el compositor de muchos de los hits de Los Caligaris. Cuando lo llamé se sorprendió porque nunca lo habían convocado para eso por lo que se prendió enseguida a modo de desafío. El trabajo fue impresionante. Tiene una cabeza fuera de serie. Sus conocimientos técnicos de música eran algo que yo no había visto tan de cerca. Yo, que soy un autodidacta, me imagino algo y tengo que estar cuatro horas para darle forma, a él le suena una melodía y en cinco minutos te la escribe en un pentagrama. A eso tenés que sumarle el profesionalismo para trabajar y pensar en todo. Yo estaba con un tema que tenía un estribillo al minuto y medio y él me decía “No, el estribillo tiene que estar a los 40 segundos”. Eso te lo da el haber grabado tantos discos y saber cómo eso se hace. Él tiene el decálogo de la canción pop y yo me muevo más por los impulsos, por lo que siento y tengo ganas de hacer. Entonces empezamos a negociar a partir de las cosas que yo estaba dispuesto a ceder y las que podía ceder él. Yo estoy muy contento porque los dos estamos muy orgullosos de lo que hemos hecho.

O.C: EL disco arranca con una tríada de temas con un sonido con pasta de hit y después va tomando su rumbo identitario…
C.S: Bueno, eso es una idea de Valentín. Yo hubiese empezado por “Payaso” por ejemplo. Pero él pudo explicarme que los temas que potencialmente pueden pegar en la radio o en el tipo que se topa con el disco y lo escucha tienen que ir adelante. En ese sentido, yo quería empezar con “Pasional” que también es un tema bien pop. Él me convenció de que “Carne de cañón” era un hitazo. Y así fue. Todo el orden fue pensado minuciosamente.

O.C: También aparecen otros de los integrantes de Los Caligaris en el disco. Bueno, hay un glosario enorme de invitados que va de Birabent a (el locutor) Aldo Lumbía.
C.S: Esa es otra de las virtudes que, para mí, tiene el disco. Todo se me fue ocurriendo y lo fuimos haciendo a medida que se pudo. El color que le da otra persona al disco es algo tremendo. Para eso, yo tuve otro gurú aportando ideas que fue Luis Primo, de Maya Estudio, que fue como otro productor. Mezcló, aportó con esas ideas, me ayudó a loopear cosas. Fue un aporte gigante el suyo.

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Sada tiene más de 20 años en la escena cordobesa. Desde su primera banda que se llamó Parte de Freud hizo un camino que lo llevó por bandas de renombre como Enhola, los Mersey Mustard, Pate de fua, The Tristes, Hyperstatic, Sueño Valvular y otros tantos artistas con los que se fue cruzando y con quienes compartió escenario y proyectos. Esa trayectoria le brinda una visión panorámica de un momento y una escena que no duda en referenciar como la mejor en muchos años.
C.S: Yo creo que hoy el rock nacional está pasando en Córdoba. La calidad de las bandas es superlativa. Entiendo que esta nueva camada ha tomado todo un antecedente de por acá en el que yo me incluyo. Cuando salió “Fauna de gala”, en el 2004, no había cosas con esas características que se hiciesen desde acá. Creo que junto con algún disco de Capuchas de Hop o de Enhola tienen que haber sido un antecedente. Tomás Ferrero me ha confesado que “Fauna de gala” fue la banda de sonido de unas largas vacaciones que tuvo de muy chico, los Hipnótica me han dicho que “Desorden” de Enhola también les funcionó como disco de cabecera en un momento en que capaz el dúo ni siquiera estaba en sus planes. Con esto te quiero decir que evidentemente algo hay. De todas formas, ellos perfeccionaron todo. Nosotros nos quedábamos en el disco y pensábamos que ahí terminaba todo. Con el avance de la tecnología, internet, las redes, ellos empezaron a pensar todo para adelante. El disco, pero también el video, la distribución, la promoción, las giras, la guita. Nosotros nunca pensamos esas cosas y nunca pudimos salir de esa burbuja.

O.C: ¿Llegaste a vivir un momento de explosión similar?
C.S: Puede ser. En la movida del 87, las bandas de Córdoba eran bandas famosas. El rock salía en la tele y en las radios. Proceso a Ricuti era una banda famosa, Pasaporte era una banda famosa. El Hueso Horsmann tenía que parar a firman autógrafos en la calle. Eso no volvió a pasar nunca, hasta ahora. Me parece que desde principios de los 90 hasta el 2010, que para mí es el año bisagra en donde empiezan a aparecer todas estas bandas hubo un largo continuum en donde tuvimos que sortear cosas bastante truculentas. Sufrimos la persecución municipal con la manía de cerrar locales que no nos dejaban espacios para tocar, no había medios. Salvo las excepciones de los que llevaban a cabo la patriada, no había radios que pasaran rock de Córdoba. Hoy día tampoco pasan, pero cuando suena alguna banda de acá nadie se sorprende. Yo veo un gran momento y me siento parte. Eso está bueno. Tengo mucho contacto con muchos grupos y soy muy fan de otros. A mí me parece increíble.

*La Foto de portada es de Simon Templar