Lucas Pelliccia y Fabricio Moras acaban de editar “La experiencia intransferible”, su disco compartido. Hablamos con Fabricio. 

Fabricio y Lucas se conocieron por los caminos que para muchos resultaran demasiado obvios y comunes en el transcurrir de dos músicos que, en un determinado momento, andan la misma escena, se cruzan con la misma gente, dan vuelta por los mismos lugares y comparten los mismos amigos. Sólo que esa condición, compartida por muchos, no siempre llega a un estado de simbiosis tal como para derivar en la producción de un trabajo conjunto. Según Morás,  la razón más profunda para avanzar en un proyecto común fue “la necesidad de movimiento. La necesidad de hacer cosas, de no dejarse comer por la niebla corrosiva de la vida. Los dos, por distintas razones, nos encontramos parados frente a esa motivación. Digamos que el disco es un fin en sí mismo. Cumple con el objetivo de no dejarnos rendir ante la adversidad” dice a Otra Canción el prolífico cancionista que ya tiene una decena de discos grabados desde el 2003 hasta la actualidad.

Lucas Pellicia se volvió a Río Cuarto, su lugar en el mundo, pero las distancias no evitaron que las ideas compartidas prosperaran y el camino hacia el disco se fuese allanando. Morás lo explica de modo didáctico. “En un momento me puse a pensar qué sentido tiene hacer un disco, por qué lo hago. No creo haber llegado a una respuesta pero la pregunta me puso un poco en las dimensiones correctas. Me obligó a considerar el tiempo, el esfuerzo y el amor que uno pone en esto. El resultado es “ok, hagamos lo que más nos gusta hacer, lo único que nos da un alivio, pero lo hagamos real. No podemos gastar 50 mil pesos en hacer un disco, armar una banda, grabar, editar, mezclar, masterizar. No tenemos el tiempo ni la energía para enfrentar todas esas barreras. Pero aún así podemos hacer canciones y podemos encajonarlas en nuestra verdadera dimensión” Al estar los en esa situación, fue natural que hicieramos “La experiencia intransferible”. La solución fue ponernos un plazo que nos permita enfocarnos y caminar derecho hasta el final sin palos en la rueda. Que todo sea para adelante. Dos meses, ocho temas, un disco.” Ese material, ya puede ser descargado desde el espacio bandcamp de Fabricio Morás y está compuesto democráticamente por cuatro canciones de cada uno de sus intérpretes, que también unieron fuerzas para ejecutar toda la instrumentación que se escucha en el disco.

Otra Canción: Es un disco de rock, con mucha fuerza. En tus canciones, además, se percibe una especie de clima epocal marcado por algo de bronca. ¿De cuándo son las canciones?
Fabricio Morás: Las dos primeras (“Piedras y balas” y “Luna en carnaval”) son del verano pasado y las dos siguientes son mas viejas. La visión agria de la vida no es algo que pueda marcar una época en mis canciones, siempre algo de esa amargura aparece y sí, algo de bronca también. De cualquier manera esas cosas van cargándose de significado nuevo todo el tiempo. Desde que nace la canción hasta la última vez que la escucho, su tema y su carácter se fortalece y toma sentido en relación a las canciones que la acompañan.

O.C: Esto que te digo, lo percibo apenas pongo las canciones a rodar. “Piedras y balas” me lleva directamente a ese tipo de manifestaciones musicales que dan vuelta en torno a temas que tienen mucho que ver con un estado de descontento…
F.M: Siempre son visiones que tienen que ver con lo más íntimo y, como el disco lo dice, son finalmente intransferibles. Puede haber empatía y comprensión, uno puede proyectar, comparar lo que le pasa a otro con lo que le pasa a uno mismo, pero la experiencia, la sensación, es intransferible. “Piedras y balas” es un intento de compartir eso intransferible, eso que nunca se puede decir por más que hables y hables. Nunca se puede decir todo. En este caso es ese momento inicial de desesperación donde todo es demasiado y el mecanismo de siempre aparece con odio, enojo. Abandonar todo, dejar todo, cortar el afecto con todo para estar a salvo. Más que descontento es desesperación o miedo. De cualquier manera, el descontento no se lleva mal con la desesperación y el miedo, esta claro. No intentan ser enseñanzas de nada, claro. Porque no creo que “aislado conquistás tu infierno”

O.C: “La luna en carnaval” suena a un aire de baguala. Está cruzada por esa misma tónica. “Sobra gente en las ciudades” decís ahí. ¿Cómo decidiste llegar a ese lugar y que te pasa cuando te cruzas con esos géneros?
F.M: No fue intencional, En mi disco anterior (“Ruido como antes”, 2015) hay varios momentos donde también se “filtraron” elementos folclóricos. La verdad es que en ningún momento tomé la decisión de llegar a ese lugar y si bien en mi vida musical el folclore no tuvo mucho lugar nunca, siempre estuvo dándome vueltas muy cerca y por suerte me ha dejado cosas muy lindas. Es imposible, e innecesario, estar aislado de eso. La música es música y viene en varios sabores. Y me gusta comer música.

O.C: Si bien hay una marca personal muy clara, “11 de Agosto” parece ese tema que más se cruza con tus discos anteriores.

F.M: Supongo que es notable que algo ha cambiado en mi forma de componer o arreglar las canciones, o en las cosas que digo. Tiene sentido que “11 de agosto” se junte mejor con lo anterior porque de hecho es anterior, pero también “Material de explosiones”, y ahí ya hay elementos más nuevos. Quizás también el carácter más apacible conecta a 11 de agosto con lo anterior, que era menos “de rock, con mucha fuerza” como decís al principio

O.C: ¿Cómo trabajaron en el cruce de los temas y la elección de los mismos?
F.M: Cada uno hizo su lista y cuando las juntamos hicimos las modificaciones que nos parecieron. Pero casi desde el comienzo sabíamos con que canciones íbamos a trabajar.  No tuvimos mucho trabajo con eso porque a nuestro entender el azar acomodó las cosas muy bien. Si no me equivoco los dos reemplazamos una canción por otra mas a o menos a la mitad de todo el proceso porque consideramos que se amoldaban más al conjunto y funcionaban mejor dinámica y conceptualmente. Con “conceptualmente” no me refiero a algo muy profundo e intelectual si no a que el carácter de las letras y las canciones se relacionaban mejor.
O.C: Decís que grabaron en sus casas. No me queda del todo claro si esa libertad que brinda la tecnología termina siendo considerada como una ventaja o una desventaja para los trabajos en conjunto como este.
F.M: Yo no entiendo cual sería la desventaja.  Puedo hablar solo por este disco pero para nosotros es todo ventaja simplemente por el hecho de que nos permitió hacerlo. Hubiera sido imposible coordinar todo desde armar una banda, ensayar grabar y hacerlo todo in situ digamos. Entre lo imposible y lo posible voto por lo posible y eso juega como ventaja. No es que hacer lo otro sea totalmente imposible, pero es altamente improbable dadas nuestras situaciones de tiempo, dinero, y geografía. En este caso, eso es lo que define los niveles de imposible y posible.
Hacerlo de otra manera hubiera sido posible de recién en mucho tiempo, y el tiempo es una variable que no estábamos negociando con Lucas.

O.C: ¿Qué planes tienen con Lucas a partir de este disco?
F.M: Por el momento no hay planes. El tiempo que teníamos y las posibilidades que teníamos eran estas, y el disco está hecho. Hay muchas ganas de otras cosas: otro disco por ejemplo. Pero antes de eso hace falta otro análisis mas o menos detenido de la realidad y una proyección. Por ahora disfrutamos de haberlo podido hacer y de que mucha gente pueda escuchar esto que sí existe y no la nada que no existe.