La Pata de la Tuerta festejará 15 años de carrera en una fiesta donde repasará canciones de todas sus épocas con la compañía de músicos de la talla de Vivi Pozzebón, La Madre del Borrego, Los Caligaris, Fede Flores, Nenes Bian, Los Cocineros, Cony La Tuquera, Toch, Rompe Coions, Volá Pescao, Tomates Asesinos, Rimando Entreversos, Sabor Canela, La Tunga Tunga, La Cartelera Ska, Ninfas, Narvales, Circo Zeta y el Circo Da Vinci que reversionarán los temas de La Pata a lo largo del show.

El dicho popular que relaciona la nada y los veinte años es una de las tantas falacias que se convierten en populares por ser ubicadas sobre un punto de inflexión estratégico para el imaginario popular. La culpa, en este caso (como en tantos otros) es de Gardel y Le Pera. Caóticos, complejos, eufóricos y felices han sido los 15 años que la banda hoy celebra. Hay quienes dicen que de las crisis sólo nacen oportunidades y esperanzas. “Bienventurados los que están en el fondo del pozo porque de ahí en adelante sólo cabe ir mejorando”, escribió alguna vez Joan Manuel Serrat. Como la flor creciendo en medio del barro, o el mismísimo barro sublevado, La Pata de la Tuerta salió a rodar en medio de la debacle del año 2001. Repasar aquellas primeras canciones y recordar las primeras actuaciones bastará para volver a sentir un frenesí cargado de broncas y euforias que escondían necesidades de escape que cada cuerpo manifestaba a su manera.

Todo parece demasiado lejano visto desde hoy cuando, aunque el destino circular del universo insista en pararnos en el mismo sitio, la celebración de sonrisas y la expresividad del encuentro o el abrazo y el baile como manifestación colectiva de los cuerpos parecen ser algunos de los aspectos centrales de la comunión patera. Pero sucedió, y así como cambiaron los ánimos de los habitantes de nuestro país, cambiaron las historias y las musicalidades de La Pata de la Tuerta. Las barreras se fueron cayendo, los límites se fueron desconociendo, las historias fueron madurando y los horizontes se ensancharon. Se abrieron las fronteras, los discos se sucedieron y los escenarios se multiplicaron. La música le ganó la pulseada a la historia porque empezó a ser parte de su escritura, de su creación, de su delimitación cartográfica.

La Pata de la Tuerta, esa banda que “tenía signado un destino de carnaval” construyó su camino hacia ese estado de celebración permanente con la complicidad de la cofradía de nómades que baila cada vez que, en medio de una muchedumbre, en una playa, en una plaza de barrio o en algún escenario de multitudes, comienza a sonar una marchita que invita a la explosión. Así, durante 15 años. Hoy, “son doce músicos y doce cantantes. Todos hacen más de una cosa en el escenario, y cambian bastante de lugar”, resume Juan Carlos Rogna en el epílogo de su libro “La Pata de la Tuerta. Un carnaval de Ida y Vuelta“. “Todos (o casi) componen, además de que otros autores suelen rondar el escenario. Y cada tema permite que se muestre en relieve una figura que solo puede salir de ese barro con aires de estudiantina despreocupada, y que en el escenario funciona con precisión de relojería. Ahí es cuando se nota, sin que se vea mucho, el trabajo de Ale y el Paca (los asistentes de escenario) y del sonidista. Antes, durante y después, está la producción de Manuela consiguiendo lugares, vendiendo entradas…y lo que haga falta. Manuela Heredia, la que empezó en La Pata a partir de lo que más le importaba: sumarle barra a la banda. O sea: veo en funcionamiento un colectivo artístico, no una suma de individualidades estelares. El despliegue de semejante equipo, que empezó con la música cerebral y que ahora anda en onda cardiotripa, se asemeja a un ritual de renacimiento. El renacer es la clave de La Pata de la Tuerta