La banda liderada por Acho Estol y Dolores Solá celebra sus dos décadas de existencia con un ciclo de conciertos alusivo, un libro y un disco con grabaciones inéditas.  

A nosotros, los cordobeses, nos suele llegar el tango a través de las historias que nos van contando. A grandes rasgos, las cosas parecieran suceder a unos centenares de kilómetros de nuestro andar (*).  Los que vienen de allá nos hablan de realidades que conviven, se contraponen y, por momentos, hasta se disputan en sus formas. Entre mercado turístico de añoranzas, tradicionalismos y también cierto estancamiento nostalgioso, hace años que el tango ha ido encontrándose con experiencias surgidas desde sus entrañas que lo hacen resurgir con historias y paisajes del presente, con las nuevas maneras del hacer y el decir. En esa corriente, que algunos insisten en observar como novedad, hace veinte años que anda transitando La Chicana, la agrupación que a fuerza de las canciones y del respeto por su identidad ha forjado un estilo propio que (junto a otras tantas experiencias) ha hecho fuerzas en pos de la actualización de la música urbana de Buenos Aires.

Hace un par de años, cuando la banda visitaba Córdoba por primera vez, Dolores Solá le decía a Otra Canción que “se podría decir que dentro del tango somos una banda rockera. Pero lo que he ido dándome cuanta que todos estos años cuando quiero explicar que es La Chicana, le ido dando a la gente estereotipos que no le cierran entre ellos, porque no se sabe como combinar una cosa con otra, y que además son un tanto injustas“. La reivindicación del tango como lugar originario de la postura ética y estética siempre fue una claridad que marcó el rumbo de sus acciones. “Intentamos seguir el ejemplo de Gardel, que ya siendo el cantor de tango por excelencia, Gardel cantaba tangos, valses y milongas, que pertenecen al mundo del tango, pero también cantaba canciones criollas, fox trot, camel trot, fados y hasta cancionetas napolitanas llegó a cantar. Era un tipo que le gustaba cantar también lo que sonaba en el mundo.Es muy lindo esto que hacia Gardel, y nosotros lo que intentamos es levantar ese guante que durante mucho tiempo fue olvidado, porque el tango se concentro en si mismo y entro como en una capsula que yo creo que no le hizo bien. Nosotros desde La Chicana recogemos ese guante de Gardel y desde el tango hacemos otros géneros. Hacemos algo de música Latinoaméricana, hacemos por ahí una canción de Kurt Vile o Bertolt Brecht o adaptamos una canción de Tom Waits. Jugamos mucho con las fronteras del tango y por eso también aparece el rock” decía Dolores. Despejaba dudas y plantaba posición.

En este 2016, La Chicana va a cumplir 20 años en el camino y los planes para el festejo tienen previsto el lanzamiento de su disco “Demos y Rarezas”, en el que recogerán material grabado durante estas dos décadas que nunca antes se había publicado; la edición del libro “Lo que hay”, una antología de las letras de Acho Estol; y un ciclo en vivo de todos los viernes y sábados de febrero  en el Centro Cultural Torquato Tasso de la Cuidad de Buenos Aires. Dolores señala que fue la conciencia sobre los 20 años en los escenarios lo que los impulsó “a presentar estos hijos bastardos de nuestra relación. Las canciones que conforman “Demos y Rarezas” se pueden describir en cinco grupos: aquellos demos cantados por Acho para mostrar la canción (Mi Involución, Canción Llorada, Lejos. La Uva); canciones que pensamos y grabamos para algún disco pero finalmente no quedaron (Luna, Rumor, Palomas, Degueyo); demos cantados por mí que finalmente cambiamos de ritmo (Meteorito, Origami, Revolución o picnic); temas compuestos antes de La Chicana (Los peces no saben si llueve, Hotel Octavio); y temas en vivo en Brasil con Bebeto Alves (Llamame Chamamé, Vuelvo al Sur)”.

Desde su primer disco de 1997, “Ayer hoy era mañana”, y su “Antihéroes y tumbas” de 2015, pasaron cuatro producciones discográficas que fueron acompañándose de reconocimientos del público, la crítica y los trabajadores de la música popular que fueron ubicando a La Chicana en ese lugar de privilegio que hoy sigue defendiendo en la escena artística nacional. A la par de ello, sus integrantes impulsaron proyectos en soledad que fueron bifurcando los caminos sin abandonar nunca la base identitaria que los había unido en un comienzo. De ambas experiencias se nutre “Lo que hay”, el libro que reúne todas las letras escritas por Acho Estol. Algunas grabadas con La Chicana y otras como solista. Son en total 105 letras ordenadas cronológicamente por disco, con la tapa de cada CD y prólogo de Juan Forn. “Nos dijo el Indio Solari que el compositor de hoy que más le gustaba era Acho Estol de La Chicana, un tanguero rockero que cuenta historias actuales de barrio con el tono de cafiolo bajo un farol” escribió alguna vez Pipo Lernoud en un elogio a la obra de Estol para la Revista La Mano. Casi una caricia que unifica a dos poetas urbanos de su tiempo que puede resumirse en la apuesta que redobla La Chicana y que también proponía Dolores Solá cuando en aquella charla con Otra Canción del año 2013 decía que si bien “es entendible que esos primeros músicos del rock hayan sentido la necesidad de oponerse generacionalmente al tango y su estética, nosotros venimos unos años después y creo que tanto en Argentina como en el mundo el rock ha perdido el potencial revolucionario con el que nació. Es por eso que se da una búsqueda en las raíces para buscar generar algo nuevo, quizás en mundos que parecen perdidos“.

 

(*) Uso el potencial porque hay grandes músicos que han dedicado gran parte de su vida al estudio del género, por lo que negar la existencia del tango fuera de Buenos Aires sería erróneo e injusto.