“Se trata de nosotras” en Villa María.

Casi dos mil personas fueron testigos el pasado fin de semana de la cuarta edición “Se trata de nosotras. Música y poesía contra la trata” que tuvo lugar en el Salón Bomarraca de la Ciudad de Villa María. El concierto, con algunas modificaciones en su grilla de artistas, se había presentado a comienzos de año en San Marcos Sierras para luego tener sus experiencias en San Rafael (Mendoza) y en Mar del Plata. No suele ser este un espacio en donde se comenten este tipo de circunstancias, pero las excepciones que confirman las reglas suelen traer consigo la certeza nacida de la necesidad y la convicción. Quisimos comentar este concierto porque este concierto, enmarcado en este proyecto, merece y necesita ser comentado.

“Se trata de nosotras…” forma parte de la campaña nacional “Paremos la trata”, que promueve el Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas. La iniciativa se propone concientizar a la población sobre la trata de personas y contribuir a instalar la línea nacional y gratuita 145 (dependiente de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación), que atiende denuncias las 24 horas del día, durante todo el año, y brinda información al respecto. Desde el año 2008 a esta parte (según datos actualizados en Abril del 2015), el Estado Nacional rescató a 8325 personas que eran sometidas a distintas formas de esclavitud. La música y el arte se ponen, una vez más, esta vez acompañados desde las políticas oficiales, al servicio de sacudir conciencias, de despabilar insomnes, de prevenir y combatir una de las problemáticas más increíbles de nuestros tiempos. Repetimos, la esclavitud.

Se trata de nosotras Collage

Sobre el escenario montado en el Salón Bomarraca más de 30 mujeres fundieron voluntades expresivas de modo magistral. Entre textos de Laura Devetach, Maqui Corbalán y María Elena Walsh, Leda García Pérez, Sandra Morán y Gioconda Belli, la voz de Liliana Daunes fue ensamblando un repertorio cuidadosamente curado por Luciana Jury, en el que las voces en escena se mezclaron con obras inmortales de la música popular de esta parte del planeta que nos ha tocado habitar en suerte. Minutos antes del concierto, Luciana decía que la idea fue “buscar canciones que tocaran de alguna forma el desamparo que sufren las personas en casos de vulnerabilidad extrema. Fue un desafío hacer de eso un espectáculo, desde el arte, desde la belleza poética y musical, pero siempre llevando un mensaje: que despertemos a esta realidad que nos rodea”. A medida que la noche transcurría, los asistentes empezábamos a comprender (desde nuestro costado sensible que luego se transformará en intelectual) que ambas cosas siempre anduvieron en los terrenos de lo inseparable. Aunque, claro, cuando la predisposición es más transparente, la carga sobre lo emotivo encuentra menos barreras en el camino. Georgina Hassan y Miss Bolivia evocaban con “Barro tal vez” a Luis Alberto Spinetta al promediar la noche. “Si quiero me toco el alma”. Permítaseme decir que la sensación concreta es que el concierto entero es con el alma en las manos.

Es sobre esa línea, la de la simbiosis sincera y consciente, el trayecto en que las explosiones sonoras de Miss Bolivia, Andrea Álvarez y la cuerda de tambores Panambí conviven con la pulsión emotiva de Luciana Jury, Georgina Hassan, Barbarita Palacios, Soema Montenegro o Sofía Viola, con lo más genuino de la expresión de raíz popular argentina de Roxana Carabajal o Sara Mamani y con la frescura de Hilda Lizarazu. “Todas profundas cantoras de tierra adentro”, como las definió Sara en una de las conversaciones que pudimos cruzar con ella durante la transmisión del concierto desde Radio Nacional Córdoba. Todas ellas acompañadas por un grupo de notables intérpretes que hace las veces de banda estable comandada desde la dirección musical de una Luna Sujatovich que, desde el piano, deslumbra haciendo y dejando hacer a las guitarras de Lucy Patané y Pampi Torre, al acordeón y los teclados de Gimena Álvarez, al bajo de Aldana Aguirre en bajo y al tridente representativo del espíritu rítmico del escenario compuesto por Andrea Álvarez, Vivi Pozzebón y Conce Soares. Estas últimas, partes ventriculares de un corazón que se expone y se retuerce para gritar en pos del abrazo colectivo que se sostiene al final del espectáculo.

Una apostilla final debe referenciar a los otros aspectos que tienen que ver con las causas, las expresiones y las posibilidades. El concierto estuvo organizado en el marco del Plan Nacional Igualdad Cultural que, en todas sus expresiones, brinda la posibilidad de llevar a cabo este tipo de encuentros artísticos amplifican el concepto democratización cultural a extremos poco comparables en la historia contemporánea. Por un lado porque brinda a miles de argentinos la posibilidad de disfrutar de artistas y expresiones en puntos geográficos que a lo largo del tiempo estuvieron relegados de ese privilegio por los caprichos del mercado y la ideología que entiende el arte únicamente desde sus valores monetarios. Por otro lado, la mayor parte de esos encuentros logran plasmar sobre el escenario un entrecruzamiento generacional y expresivo que enriquece a músicos y auditorios fomentando la multiculturalidad que se plasma en cada una de las manifestaciones artísticas de nuestro país. Otra decisión política; surgida del esfuerzo y el trabajo conjunto del Ministerio de Cultura y el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de la Nación; de esas que deben destacarse, celebrarse y cuidarse en cada momento.

* El video corresponde a la edición marplatense del concierto realizada en el marco de la campaña “Verano de emociones”

** Mas info: http://www.igualdadcultural.gob.ar/