GarcialopezCarlos García López es una de las tantas estrellas que, en el firmamento de la música nacional, siempre estuvo ubicado detrás de las constelaciones mayores. En esos pequeños pedazos de cielo, “El Negro” ocupó siempre planos que en apariencia era secundarios. El que lo haya podido ver en vivo sabrá que estas palabras son injustas. Porque cuando García López tocaba era una aplanadora. No sólo porque sus guitarras son las artífices de algunos de los riffs más gloriosos de la música argentina, sino porque al ejecutarlos, lo hacía con majestuosidad. Toda esa personalidad musical fue constatable para quienes pudieron verlo alguna vez sobre un escenario; que pudo haber sido para multitudes o un pequeño tablado, la entrega y esa especie de magia no diferenciaba alturas de suelos al elevarse al cielo. Los últimos años como parte de la banda de Charly García, con un Charly disminuido en sus capacidades motrices y carente de movimientos explosivos tal vez sean de esos en lo que García López se convertía en el atractivo principal de la noche. “Tenés que verlo tocar a “El Negro” me supo comentar un amigo que había visto al Garcia post-Palito Ortega antes que yo. Tenía razón, verlo a “El Negro” sobre el escenario era sencillamente una aventura de esas que lo dejan a uno boquiabierto. Sus guitarras hablaban, siempre vociferaron cosas y parecían reventarse detrás de cada contorsión que la figura de García López experimentaba en pos de arremeter con esa arma que tan bien supo cuidar. Y con la que tanto cuidó (y cultivó) a los que tuvieron la suerte de laburar con él.

Había arrancado su carrera como parte del grupo La Torre, allí compartió escena con Patricia Sosa, Oscar Mediavilla y con una primera aproximación a los públicos masivos, que potenció cuando se sumó a Zas para acompañar a Miguel Mateos en su conquista continental de finales de los 80. También grabó en “Del 63”, el debut de Fito Páez (con quien volvió a trabajar para el disco que el rosarino grabó junto a Joaquin Sabina, “Enemigos íntimos”) y fue parte de la primer banda de Fabiana Cantilo. Pero sin duda, las cuerdas más gloriosas de sus guitarras estuvieron en su trabajo a la par de Charly García. Su aporte fue una pieza fundamental en algunos de los discos fundamentales del hombre del bigote bicolor. Grabó en “Cómo conseguir chicas”, en “Filosofía barata y zapatos de goma”, en “Say no more” y en “El aguante” y fue uno de esos laderos entrañables que volvió a la par de Charly cuando reunificó su vieja troupe de amigos para encarar su camino de regreso a los escenarios. Atrás quedaron algunas diferencias personales y una estadía mexicana que lo tuvo afuera del país durante casi una década.

Como solista, “El Negro” editó cuatro discos en los que su guitarra estalló en sonidos que compartió con compañeros de ruta y músicos excepcionales. El último se llamó “Frenesí”, y había visto la luz a mediados del 2013. La muerte lo encontró en el camino, cuando el auto en el que viajaba se estrelló de frente con una camioneta en las primeras horas del pasado sábado. Quedan flotando en el viento los sonidos de sus guitarras, y retumbando en el alma de quienes lo conocieron ese sentimiento de vacío que sólo se llena con el recuerdo imborrable de un tipo que supo sacarle el jugo a su existencia entregando lo mejor de sí al desarrollo de una forma de vivir, de manejarse ante los cimbronazos de la vida y de comprender el mundo.