Otra Canción tuvo enviado especial en el Pepsi Music que crónico el festival y nos produjo sana envidia. Pearl Jam, Black Keys y Queens of the Stone Age con botas bien embarradas por el temporal. Todo aquí, en la magnifica crónica de Néstor Vivas.

por Néstor Vivas para Otra Canción

Al anunciado festival más grande del mundo probablemente el nombre le haya quedado grande. Es que no se lo puede dejar de ver como el derivado de lo que vivieron los brasileros y chilenos con sus ediciones del Lollapalooza y que a Buenos Aires llega dividido en varios recitales. Además de las bandas que integraron el festival local otras como A Perfect Circle, Tomahawk, Franz Ferdinand, Gary Clark y Keane tuvieron o tienen sus fechas aparte. Y el line up del Pepsi Music se fue armando a medida que se daban las confirmaciones del armado Latinoamericano del Lollapalooza. Primero se anunció la fecha del día 2 con Pearl Jam y Black Keys como números centrales y luego se completo con la presencia el día uno de Queens of the Stone Age. Se sumaron bandas locales de renombre y otras que participaron en una selección votada por internet donde se incluyeron bandas del interior (la banda Rayos Laser de Villa María fueron los representantes de nuestra provincia) Todavía estamos lejos de experimentar un festival del tipo europeo, aunque en esta edición estuvimos más cerca de sentirnos en un Glastonbury no tanto por los stands de algunas organizaciones sociales sino por el barro que dejó el temporal en la ciudad. ¿Es nuestro país, y en especial el público, apto para un festival de esas características? Es otro debate que podremos dar más adelante.

El día uno tuvo menos bandas, menor convocatoria y uno de los cuatro escenarios sin usar. Igualmente el traslado de un lugar a otro se podía hacer ensuciándose los pies desde un lugar al otro, e incluso se podía llegar a mirar de reojo el mini escenario de acústicos (el nombre solo servía para identificar el lugar). Passion Pit fue la primera banda internacional en subir a tocar a plena tarde intentando hacer bailar a los espectadores. Kaiser Chiefs logro mejores resultados a fuerza de hits y de un frontman (Ricky Wilson) que animaba y agitaba por toda la banda. Antes del grupo que todos fueron a ver en el escenario Sur hizo lo suyo el trío Humo del Cairo, con una propuesta de rock stoner en clara sintonía con lo que el público había ido a buscar. Massacre amenizo el anochecer para dar pie al plato fuerte que no era el cierre de Catupecu.

Queens of the Stone Age tocó por tercera vez en Buenos Aires en una gira previa a lanzar su nuevo disco “…Like Clockwork” del que se hablo mucho por los invitados que tiene (Dave Grohl, Sir Elton John, Trent Reznor, Alex Turner) y del que se espera más. Esta serie de recitales le sirve también para presentar a Jon Theodore -ex Mars Volta- como nuevo baterista. La banda no deja de sonar afiladísima: el tándem polifuncional del grupo Troy Van Leeuwen y Dean Fertita se alternan teclados, guitarras y slide para acompañar a Josh Homme en una seguidilla de temas que son acompañados por el pogo, los coros o ambas cosas como cuando suena No one knows. Son mayoría los temas del disco Songs for the Deaf (uno de los mejores discos de rock de la primera década del 2000), incluida la que le da el título con la que cierran el recital, mientras que el resto del show se completa con hits de otros discos y la presentación del tema nuevo My god is the sun.

Zapatillas de Néstor Vivas, cronista de Otra Canción.

Zapatillas de Néstor Vivas, cronista de Otra Canción.

El día dos ya fue más difícil poder ver alguna de las propuestas locales. Los horarios estaban muy ajustados, la grilla impresa que se repartía en el predio no coincidía con los tiempos establecidos, el recorrido era más largo y con más barro que el día anterior. El ida y vuelta estaba entre el escenario Norte y el Este (el principal) donde se iban sucediendo y hasta superponiendo las bandas extranjeras. Los irlandeses de Two Door Cinema Club fueron punta de lanza y entretuvieron a propios y extraños con un set ajustado y sobre todo bien ejecutado. Del otro lado siguió una de las sorpresas, Alabama Shake dio una cátedra de soul y blues y su versátil cantante Brittany Howard arranco aplausos generalizados. Vuelta al Este para el show de los Hives. Los suecos salen de frac para una gala de garaje rock mientras su cantante Howlin’ Pelle Almqvist se autoproclama rey del rock y a sus compañeros como la mejor banda del mundo. El que haya visto algún recital en vivo sabe la intensidad y energía que tienen en cada tema, sumado a un cantante que esta todo el tiempo levantando al público sin dejar que haya un solo segundo de silencio (“¿Por qué el silencio? No hay silencio en un show de los Hives” dijo en un correcto español Almqvist, aunque le costaba acomodar otras palabras y decía cantando en lugar de canciones). Inmediatamente después largo Hot Chip, reivindicando que son una de las mejores bandas para bailar y tomando la posta de los Pet Shop Boys o de New Order. Es realmente muy bueno verlos en vivo, interpretando una música que pareciera solo de maquinas pero que mantiene su lado humano y sentimental. Lamentablemente no nos dejaron terminar de ver su presentación. A lo lejos la pantalla mostraba el rostro Dan Auerbach, guitarrista y cantante del dúo que comparte con Patrick Carney y lleva por nombre The Black Keys. Ellos hacen otro juego y con la suya demostraron que se puede llegar a lo más alto sin necesidad de perder la simpleza de una buena canción de rock. Contemporáneos de otras bandas del festival hicieron un show donde no hacían falta demasiadas palabras que introduzcan o pidan aliento y sin demasiada escenografía teniendo en cuenta que el cartel lumínico se encendió en la última canción. A los muchachos solo les basta con transitar El Camino (nombre de su último disco) que los tiene como referentes de un lugar que antes podrían haber ocupado The White Stripes.

Foto de Agustín Dusserre de Rolling Stone

Foto de Agustín Dusserre de Rolling Stone

El final fue para Pearl Jam y lo que se espera de ellos. Lo destacado paso por la dedicatoria a Fabricio Oberto de Given to Fly, la mención a las víctimas del temporal en el medio de Just Breathe y un par de temas que no se suelen escuchar en vivo como In hiding. Y otros que al parecer quedaron fuera del set armado para la ocasión. Las postales de esta noche fueron similares a las de sus pasadas previas: Eddie empinando una botella de tinto, la gente coreando cada tema y haciendo la estrofa inicial de Better Man y el infaltable “Hey ho let’s go” ramonero para pedir por I believe in miracles. Un gran recital que se empieza a hacer costumbre para nosotros.