La cita será durante los días 6 y 7 de marzo, en el teatro Gran Rex de la Capital Federal.

Parece que el año que comienza continuará con el flujo de visitas internacionales que han vuelto a ver a la República Argentina como un lugar interesante para presentar sus canciones desde hace un par de años. O por lo menos así lo auguran los que no se quejan, que por suerte no son pocos. A finales del año pasado se confirmó la visita de Joan Baez a la Argentina, luego de casi 32 años.

Baez_Dylan

El fenómeno es comparable con la visita de Bruce Springteen que tuvimos la suerte de disfrutar el pasado 2013. Las dos veces que Baez había pisado suelo argentino habían sido en el marco de situaciones que, por suerte, van quedando atrás en el tiempo y la historia. La mujer que se hizo camino a la par de Bob Dylan y que fue, durante los sesenta y los setenta, ícono de la música folk, la defensa de la paz y la libertad y lo que, en aquellos años, se llamó en muchos lugares del mundo “canción de protesta” (que por lo general referían a temáticas anti-belicistas a favor de los derechos sociales y civiles, principalmente en EEUU) había llegado a Latinoamérica, por primera vez, en 1974.  Esa visita (a partir de la cual hizo escala con dos noches en el Luna Park) estuvo centrada en su defensa por los derechos humanos que comenzaban a ser violados sistemáticamente con la apertura de un ciclo de golpes militares en el continente que habían dado comienzo en Chile. El gesto de Báez no se centró solamente en su visita y su denuncia a lo largo del territorio continental sino que, además, Joan Baez había grabado en 1974 un disco que tituloó “Gracias a la vida” en el que interpretaba esa canción de Violeta Parra, la que hacía convivir con su versión de “Te recuerdo Amanda” de Víctor Jara y el poema “Sube a nacer conmigo hermano”  de Pablo Neruda (que sirvió de introducción para la canción “No nos moverán”). En ese disco también aparecían versionados otros clásicos latinoamericanos como “Guantanamera” (de Joseíto Fernández y José Martí), “Currucucú Paloma” (del mexicano Tomás Mendez).

La vuelta al sur de América no tuvo razones más felices, mucho menos contextos proclives a ser memorables e, incluso, estuvo plagado de problemas mayores. Esa gira estaba pensada desde el Comité Internacional Humanitas Derechos Humanos (del que Baez había sido una de sus fundadoras, Presidenta y principal referencia) para denunciar la violación a los derechos humanos que, a esa altura de la historia, era generalizada en el continente americano. Lamentablemente, las canciones no fueron las protagonistas aquella vez. En Argentina la dictadura le puso bombas en el hotel y estableció un mecanismo de persecusión que hizo que el concierto se suspendiera por obvias razones.  La misma suerte corrió en Brasil, aunque la salida fue más “elegante” e “ingeniosa”. Los militares brasileros, que todavía mantenían un poder muy grande durante la presidencia de João Baptista Figueiredo, le prohibieron salir al escenario minutos antes del concierto.  El teatro estaba lleno. Pero la cantante encontró la forma de hacer sonar su voz para la multitud presente (o por lo menos para muchos de ellos). Fue a una ventana detrás del escenario (algunos señalan que se trataba de un baño), se asomó por ella y cantó dos canciones para una multitud en la calle de abajo. ” Gracias a la vida ” en español , y “Cálice” (de Chico Buarque y Milton Nascimento) en portugués. En Chile, lugar en el que ella sabía que le sería imposible actuar, también logró encontrar una grieta y tocó para unos cuantos cientos de personas en el salón de la parroquia de Santa Gema (en Santiago). En las casi 24 horas que duró en el país trasandino, logró reunirse con las madres de desaparecidos y con otras numerosas  víctimas de la dictadura, recolectando datos que luego presentó en un informe en Washington.

El dibujo que Joan Baez le regaló a Mercedes Sosa ilustra la portada del disco "Corazón Libre" del 2005.

El dibujo que Joan Baez le regaló a Mercedes Sosa ilustra la portada del disco “Corazón Libre” del 2005.

Es otro el país y es otro el continente que visitará Joan Baez en este regreso. Al igual que Springteen (que había llegado por única vez a latinoamérica en el medio de la gira de Amnesty Internacional que había sido, también prohibida en Chile) la cantante se convertirá en anfitriona de una noche en la que lo más importante serán las canciones. Aunque, es obvio que, nada de los demás podrá despojarse de ellas.  En la cita del Gran Rex seguramente no faltarán las clásicas canciones de su repertorio, en las que se recorrerán las plumas de Dylan, Donovan y Violeta Parra (entre otros) y una segura referencia a su amiga Mercedes Sosa, con quien realizó varias giras por el viejo continente y cuya relación quedó inmortalizada en la portada del disco “A corazón abierto” que Mercedes editó en el año 2005. Ese dibujo de tapa es un regalo de Joan a Mercedes que, según cuentan amigos y allegados, la tucumana mantuvo durante años enmarcando una de las paredes principales de su hogar.

Con 72 años, Joan Baez vuelve a la Argentina, en el marco de una gira que también la llevará por Chile y Brasil. Es decir, Baez vuelve a otra Argentina y a otro continente. Esta vez, estará a acompañada por Dirk Powel en banjo, mandolina, guitarra, acordeón y teclados, y Gabriel Harris en percusión. Su último disco “Day after tomorrow” fue editado en el 2009 y el horizonte parece deparar otro tipo de actividades, más que el encuentro o la búsqueda con la canción por nacer. Al menos así parece sentenciarlo en su última entrevista a la prensa chilena en la que sentenció: “No quiero hacer más discos si no tengo las canciones o la gente indicada. Tienes que hacer algo que me mantenga a mí y a mi audiencia interesada. Toma más planificación que hacer una gira. Y ahora disfruto mucho más viajar que cuando era joven. Cuando te vuelves mayor, aprendes a rodearte de las personas exactas y mi vida se ha vuelto tanto más fácil. Hago dos o tres tours al año, que no son muchos. Pero lo amo

Fuente: Diario “La Tercera” de Chile – 26/12/2013