Otra Canción te propone recordar 30 discos del año en que los argentinos recuperamos la democracia. Semana a semana, recordaremos las pequeñas historias de aquellos grandes discos editados hace exactos 30 años.

ALMA BAJO LA LLUVIA – MEMPHIS LA BLUSERA

Memphis La Blusera se había formado a finale de los setenta. Después de ir puliendo formaciones y perfiles durante varios años, en 1977 se nombraron y debutaron oficialmente al año siguiente, el 5 de Mayo de 1978. Surgidos en el barrio de Mataderos, la raigambre arrabalera estuvo presente desde sus comienzos. Las crónicas de los primeros espectáculos en vivo retratan a muchedumbres populares coreando las canciones que lentamente se fueron metiendo en el inconsciente colectivo de un Buenos Aires que se arrancaba el corset militar para explotar en alegría, pero también para relatar las historias de los claroscuros de las clases populares. En 1983 llegó el debut discográfico.

En realidad, hacia principios de la década de los ochenta, la banda se había ido fortaleciendo. Sobre todo a partir del ingreso de Adrián Otero a la banda, en 1980, que fue tomando el rol protagónico a partir de la compocisión y las interpretaciones. «Alma bajo la lluvia» arranca con lo que, con el paso de los años se convertiría en uno de los clásicos más renombrados de la banda. «Moscato, pizza y fainá» da en el punto justo como carta de presentación en el que la noche porteña, sus calles tradicionales y sus personajes se mixturan en una canción nacida con espíritu de hit.

Desde la portada del disco, el debut de Memphis hacia respirar smog. Quizás, esa banda era la primera que se proponía, en los ochenta, como la heredera natural de lo que había sido, en tiempos del nacimiento del rock argentino, el mestizaje del Mississippi con el Río de La Plata de manera concreta, sin matices. Pero lo hacía, tal vez, desde un lenguaje mucho más llano y popular. En el debut de Memphis, Otero le pone voz al puerto, casi con el mismo significado que Javier Martinez le había impreso a las vías muertas, casi una década atrás. Dice en «El Estibador»: «Puerto de Buenos Aires/ allá el laburo es duro bajo el sol/ todos los días voy al puerto/ me baña el mismo sudor./ Mi alma amarrada a los muelles/ hace el blues del estibador/ Cada vez que zarpa un barco/ los guinches no se mueven más/ tres remolcadores tiran de un barco/ y se lo llevan de la dársena/ Pregúntenle cuánto dolor/ a mi espalda de estibador/ Blues obrero, blues obrero/ blues obrero, nena, blues bien grasa/ tengo blues, tengo blues/ blues del estibador (…)»

Ahí estaban entonces los contactos directos de Memphis con la historia del Rock Argentino, joven por aquellos años del renacimiento. Habían comenzado a levantar vuelo como teloneros de Pajarito Zaguri en un recital brindado por el mítico guitarrista en el Estadio de Obras en 1981 y habían sido uno de los cuantos que recibieron naranjazos en el B.A.Rock de 1982. No obstante lo cual, la prensa los había recibido con elogios. Zarpaba Memphis con disco bajo el brazo en 1983 hacia lo que sería una carreras cargada de éxitos. Porteños por geografía, convicción y postura estética, la arena de la garganta de Otero comenzaba a entonar aquellas estrofas populares desde las tripas, medulares del rock de barrio adentro. Con «el alma bajo la lluvia» y «los pies en los zapatos»

 

HUEVOS – MIGUEL MATEOS /ZAS

El segundo disco de la banda liderada por Miguel Mateos es un disco fundamental para entender varias cosas que iban a comenzar a pasar en la música argentina de los primeros ochenta. Es un disco plagados de futuros éxitos pop, con un puñado importante de referencias al entorno inmediato reflejado desde una incorrección política (que hoy seguramente parecerá) descremada y vacía de profundidad y con una formula para hacer canciones que lentamente iba a colarse como formato obligado en las nacientes frecuencias moduladas que iba a ser fundamentales para la difusión musical a partir de la década de los ochenta.

Huevos-Zas-interno

Los dos temas que abren aquel trabajo son dos de los más grandes éxitos de la carrera de la banda. Ambos marcados por esa combinación de melodías pop, referencias elásticas y radiabilidad asegurada. En «Un poco de satisfacción», Mateos canta «Quiero votar dos presidentes /quiero un país muy, muy diferente/ no banco más tanto dolor/ esta ciudad está llena de heridas de amor/ solo yo puedo pelar tu cáscara/ no te escucharé gritar/ al morderte el corazón/ es que solo necesitas/ Un poco de satisfacción (…)» , perfil sobrevolador que continúa en «Un gato en la ciudad» con frases como «La noche esta más/ peligrosa que ayer, no quiero desaparecer,/la patrulla descansando en el bar/ y en las calles quiero vagar.» Pero, sin lugar a dudas, todos esos indicios toman forma extrema en «En la cocina, huevos», que fue una de las canciones más observadas del Festival B.A.Rock de 1982 e, inclusive, se había convertido en una de las canciones más esperadas del disco (de hecho, terminó por nombrarlo). Allí se escuchaba: «Yo sé que a pesar de todo/ la lucha es desigual/ Hoy te convocan a la plaza/ y mañana te la dan…/Si pasan música nacional/ no es que se hayan dado cuenta/ que la cultura de un país/ esta en su gente/ y yo sí que aquí hay polenta/ Nena vos creías que con la B.C.G./ se acabaría el drama de tus días/ la vida es algo más, la vida es algo más/ Huevos, en la cocina hacen falta huevos(…)«. En medio de la efervescencia, las miltitudes comenzaron a corear «En la Argentina hacen falta huevos», entendiendo aquella postura como algo que podía asemejarse a alguna posición crítica al pasado y al presente.

El disco iba a ser el puntapié de una carrera meteórica en la historia de la banda que iba a ser la más vendedora de la década, estallando un par de años más tarde con su disco «Rockas Vivas», que llegó a vender más de 200.000 copias en 1985.