Siete canciones son las que componen el álbum debut de Los Árboles, el proyecto surgido del encuentro creativo de Santiago y Pedro Sosa, que acaba de ser lanzado oficialmente a comienzos del mes de julio.

Los árboles nace en 2012 o 2013, sin ese nombre todavía, cuando Pedro y yo nos decidimos a armar a dúo algunas canciones que empezaron a aparecer”, cuenta Santiago a Otra Canción. “Digo empezaron a aparecer porque fue bastante mágica su aparición. Bueno, no estoy diciendo nada nuevo ¿no? De esos momentos de composición suele decirse que la magia juega un papel determinante, como si el músico fuera el medio de algo que estaba ahí en el aire buscando aparecer”, describe.

Grabado en los Estudios Desdémona entre el 2019 y comienzos del 2020, el disco logra recoger una buena parte de la tradición musical argentina y cordobesa de las últimas décadas del siglo pasado y el comienzo de este, marcado por un resurgir de la canción como género excluyente para desarrollar una expresividad original y novedosa.

Pedro vino a mi pieza a mostrarme Samurai, que es la primera canción del disco. Inmediatamente celebré el hallazgo: la melodía, un aspecto en que detenemos bastante nuestra atención y la letra. En ese momento me había comprado un piano y estaba practicando mucho. Apenas la destreza técnica me lo permitió, empecé a acompañar con notas graves y una melodía aguda, el arpegio de guitarra con que inicia la canción. Yo creo que a partir de ese momento somos una banda. A lo largo de todos estos años, contamos con la participación de muchos músicos amigos hasta llegar a la formación actual, que tiene a Antonio Sosa en batería y a Julián López en bajo”, dice una de las mitades de la banda de hermanos que, como muches artistas a lo largo del mundo, tuvieron que modificar los planes de lanzamiento en medio de la pandemia.

Yo siento que todo el camino que hemos hecho, desde aquel entonces hasta hoy, pasando por este tiempo de grabación y de lanzamiento del disco, fue de algún modo todo comienzo. Siento que estamos empezando, fue un comienzo largo que por momentos se apuraba, por momentos se demoraba, pero se dio así, de ese modo”, señala Pedro, para quien “lo que en el fondo anima el disco«, es algo que empezó mucho antes, cuando siendo chiquitos los hermanos comenzaron a tocar canciones de Charly García o de los Beatles. «La relación que tenemos con la música es algo natural, y es constitutiva de nuestra existencia y nuestra manera de habitar el mundo. Es algo que está antes que nada, uno de los lugares desde los cuales hacemos todo lo demás”, afirma.

Otra Canción: El disco se compone, básicamente de media horas de canciones. No digo esto como una obviedad sino como una descripción del trabajo, con la canción al frente y esa unidad entre letra y melodía que marcan una apuesta por un estilo y una forma de trabajo. Un LP hecho por dos cancionistas. ¿Se sienten identificados con ese término?

Santiago Sosa: Sí, totalmente. Hay una identificación especial con la canción, con la composición de canciones. Es como un medio privilegiado a través del cual conectamos con la música. Cabe destacar, no obstante, que nos gusta la música en todas o muchas de sus formas. Escuchamos mucha música instrumental, como por ejemplo Dominic Miller (guitarrista de Sting), Ennio Morricone, Carlos el “Negro” Aguirre, Nando Lauría, Egberto Gismonti, por nombrar algunos. De cualquier modo, sí, la mayor parte de la música que escuchamos son canciones. Y en los momentos creativos, es la canción el medio que elegimos. La palabra entonada con acompañamiento armónico. En ese sentido puede que el término sea una buena forma de definirnos.

O.C: Desde hace tiempo, la canción volvió a ser la base creativa de la gran parte de las propuestas musicales que después “la visten” a partir de un desafío estético específico. Sin embargo, cada vez resulta más extraño encontrar obras que, a partir de una propuesta novedosa y fresca como la de ustedes, se paren desde el costado más orgánico del sonido. Con una instrumentación más limpia, pero a la vez inscripta en corrientes estilísticas muy claras que tienen que ver con la música popular contemporánea. Digo todo eso para preguntarles por qué eligen esa forma de trabajar. Por qué Los Árboles deciden sonar como suenan.

S.S: En primer lugar, no sé si “decidimos” sonar de esa forma. No sé cuánto de sonar así tiene que ver con una decisión, esto es, que nosotros tengamos consciencia de ello, y cuánto es simplemente un hecho, una posibilidad, algo que se da “naturalmente” en nosotros a partir seguramente de la música con la que hemos estado en contacto y de la forma en que nos hemos relacionado con ella. Nuestra decisión tal vez pase más por no atentar contra ese vínculo.

Pedro Sosa: Yo creo que dado que al trabajo lo hicimos en gran medida nosotros mismos, viendo para dónde nos llevaba cada canción y para dónde las llevábamos al mismo tiempo, el sonido orgánico del disco tiene que ver con eso, se nutre de todo ese proceso, y de la intención de ser fieles al sonido en vivo de las canciones que se fue cocinando en los ensayos. Y ese fue un punto de partida metodológico: grabamos las bases de las canciones, batería, bajo, guitarras y teclas, tocando los cuatro en simultáneo.

S.S: En este sentido, creo que viene realmente bien que hables de “vestimenta”, de “sonido”, porque es probable que, sin renunciar a las posibilidades que ofrece la tecnología a nivel sonido y producción, lo nuestro pretenda volver la mirada sobre la sustancia de la canción, atender esa dimensión primaria, darle mayor importancia a ese núcleo, privilegiando el “cuerpo desnudo” por sobre las prendas que lo visten. Gran parte de nuestro esfuerzo, entonces, se concentra ahí, en el momento de componer la melodía y letra. Y es muy valioso que nuestro sonido guarde y conserve esa esencia. Eso quizá sea lo novedoso, lo fresco, por usar las categorías de tu descripción. La novedad es quizá la “no novedad”, y creo son muchas las bandas que están en esa línea. Esto para nada quiere decir que no nos entusiasme el siguiente paso, de arreglar y producir la canción, y que, por otra parte, creo que con Pedro nos gusta cada vez más.

P.S: Sí, totalmente, cómo vestir las canciones, la cuestión de la “producción”, es una tarea creativa, sin dudas compositiva, pero que excede a la composición de la canción propiamente dicha, y es un trabajo que requiere una atención especial.

S.S: Tal vez lo que nosotros buscamos es que en todo caso el arreglo ponga de relieve aquello que ya acontece en la canción. Para seguir con la metáfora de la vestimenta, es una ropa bastante transparente la que le ponemos a nuestras canciones. Pero fíjate qué curioso: a una semana de lanzar el disco, no es un dato poco significativo que entre la gente haya tenido mejor acogida la canción más despojada, más “desvestida” si se quiere: A tu árbol, que además cierra el álbum y expresa de un modo más certero lo que somos musicalmente. Fue la última canción en ser incluida en el disco y sobre la que hubo más certezas que dudas  a la hora grabarla y arreglarla.  No hay bajo ni batería ni teclados. Está el maravilloso cello de Marce Vicente, pero lo fundamental son las guitarras y voces.

P.S: Y eso no deja de ser producción, es decir, hay una decisión de que la canción suene de determinado modo y eso es producción. En ese sentido, no es que “A tu árbol” tenga menos producción que las demás. Ahora bien, si la pregunta es por el sonido del disco, tenemos que hablar de Sebastián y Martín Bergallo, del estudio Desdémona, que no sólo fueron técnicos e ingenieros de mezcla y masterización, sino también, en los hechos, productores artísticos del disco. Una mención aparte le corresponde a Juan Pablo Toch, que nos dio algunas orientaciones claves en función de que la producción esté al servicio de la materia prima de la canción.

O.C: Pan de cada día es la canción que tal vez resuma ese cruce de tiempos a los que nos venimos refiriendo. Incluso tiene un rapeo en el medio, un recurso que no vuelven a utilizar. Aparece Horacio de invitado por lo que el combo queda redondo.

S.S: Sí, comparto la apreciación general.  Pan de cada día es, ante todo, una canción, con dos estrofas y estribillo. Sin embargo, aparecen estos otros elementos: por un lado, el rap sobre una base trapera en su concepción, donde se enfatiza, además, una dimensión de la letra. Pedimos por el Pan de cada día pero no al Dios al que se le suele hablar; si hay un ángel es el nuestro, no es divino, es bien concreto. Por otro lado, la aparición de nuestro papá, Horacio, inmediatamente después del rap, genera tal vez un contraste notable por todo lo que implica su voz dentro de ésta o cualquier otra canción. Es un sello inconfundible que representa a la vez la historia y la continuidad. La presencia de todos estos elementos hace que la canción contenga ese cruce de tiempos al que haces alusión. Y si al rap no volvemos a utilizarlo es porque tampoco fue un capricho incluirlo aquí. No fue inmediato, pero la canción de a poco le fue haciendo un lugar. Lo más lindo de todo esto es que no hubo a priori una intención de conjugar varios elementos distintos. Y recién ahora, a posteriori, podemos verificar la existencia de esa síntesis.

P.S: Sí, la canción condensa una serie de elementos que se combinan de un modo que nos resulta muy satisfactorio. En cuanto a lo lírico, hay una búsqueda que da cuenta de una mirada contemplativa y al mismo tiempo crítica de la película que nos ofrece la realidad. Es un poco eso, una película, en la que se suceden una serie de escenas que remiten a situaciones a veces más íntimas e intemporales, y a veces más colectivas y que remiten a cierto estado actual de eso que llamamos la sociedad. Trata de dar cuenta, no desde el lugar de un juicio ni de una condena, pero sin dejar de tomar posición, de la yuxtaposición de lo bueno y lo malo que tiene lugar en el mundo. Todo ocurre a la vez: dos madres reciben a un niño en paz, con todo su deseo, con todo lo que eso significa en términos de la posibilidad de vivir, en este caso la maternidad, la sexualidad, fuera de todo mandato, al mismo tiempo que afuera linchan a un pibe que había salido a robar por lo que sea, no importa, nada justifica esa violencia brutal pero que está ahí latente. Hay también una inversión en la relación entre la animalidad y la humanidad: un perro que saca a pasear a su compañero humano, un hombre ciego. Una soledad, una carencia, pero también un afecto y una compañía. En fin, una serie de imágenes que se suceden dando cuenta de un extracto del film del mundo.  Pareciera que la estrofa estuviera escrita desde la mirada del ángel del que habla el estribillo, ahora que lo pienso, y entonces hay como una doble perspectiva. Una si se quiere celestial, que ve las cosas desde arriba, y otra terrenal, que desde abajo pide en gesto de plegaria profana por ese pan de cada día que no es un elemento divino, sino que es el símbolo de las condiciones materiales de una vida digna al tiempo que de las condiciones si se quiere espirituales para experimentar la vida con la sensibilidad necesaria ante las injusticias del mundo.  La intervención de la voz de nuestro viejo en esa canción no es caprichosa. La mirada y la búsqueda lírica de la canción nos remiten a una cierta herencia, no a una línea que él nos haya bajado conscientemente, pero sí a una cierta forma de ver las cosas, a esa sensibilidad, que percibimos y recibimos de lo que dicen y de cómo dicen lo que dicen sus canciones, pero que por otra parte no tiene sólo que ver con mi viejo, sino también con una cierta perspectiva, crítica y sensible, de cuya transmisión también participó nuestra madre en gran medida.  Musicalmente, el rap en el medio introduce un modo de acentuar ese aspecto lírico de la canción, en la que lo que se dice tiene una relevancia particular, al mismo tiempo que propone un corte que renueva la canción. El arreglo coral a tres voces al final también pretende sugerir la idea un canto de iglesia, esa dimensión espiritual que a veces queda relegada en una visión materialista crítica de la realidad y que para nosotros conviene sin embargo reintroducir. En fin, una espiritualidad laica si se quiere, una espiritualidad sin Dios.

O.C:  Yendo a las líricas, hay también una búsqueda transversal en la que por momentos la expresión más intimista se cruza con miradas de la realidad más cruda, y conviven con un vuelo que se acompaña con imágenes tan distópicas como existenciales. ¿Cómo se construyen esas formas de decir?

S.S: Nosotros observamos algo parecido a lo que decís y esa correspondencia es significativa. También podría suceder que observes en las canciones cuestiones que nosotros no, y eso también sería bienvenido y celebrado. Creo que sí, están la expresión más intimista, que podríamos llamar “el adentro”, y la mirada sobre la realidad más cruda, como “el afuera”. Lo que las canciones parecieran sugerir es que “adentro” y “afuera” no van por separado. El afuera está en el adentro y el adentro en el afuera. A veces se está más en uno, a veces más en otro. A veces se está en los dos al mismo tiempo y con la misma intensidad. A veces se está en una suerte de intermedio indefinido, ni afuera ni adentro. Por eso, por ejemplo, pueden convivir perfectamente una canción de amor como A tu árbol y Pan de cada día con una mirada más social. Y eso quizá se deba a que ni A tu árbol es completamente una canción de amor ni Pan de cada día una canción íntegramente social y política. Finalmente, las dos tienen un poco de cada cosa. A tu árbol podría ser una declaración de amor, una confesión íntima dedicada especialmente a alguien, pero a la vez ofrece una lectura acerca de las relaciones, donde amar se vuelve una oportunidad de conocerse, de descubrir una verdad interior, y eso trasciende a la relación misma en cuestión. Y Pan de cada día pide por el alimento diario, por la inclusión de ese alguien que “no encuentra lugar” pero recurre en última instancia a imágenes de amor: la del hogar, la de dos madres que reciben a su hijo en paz. Además, toda reivindicación social y política es, a fin de cuentas, una bandera del amor.  Creo que estas formas de decir se construyen sobre lo que nos mueve y conmueve tanto a Pedro como a mí. Soñamos y queremos un horizonte distinto para toda la gente. Pensamos y reflexionamos nuestra realidad política. Leemos la historia. Pero también reflexionamos y nos dedicamos a pensar y vivir nuestra realidad más íntima, como ser las relaciones amorosas, las amistades, el trabajo.  La política no está separada de la vida. El amor, el encuentro más íntimo entre dos personas, no está separado de la política, sino condicionado por ella. Que por un tiempo hayamos tenido que postergar los besos y los abrazos es una muestra contundente de esa idea.

P.S: Sí, yo suscribo a todo lo que dice el Santi. Sólo agrego lo siguiente: hay un afuera de la música en sí misma, que sin embargo la alimenta. Y que al menos yo siempre pienso como un afuera necesario. Creo que hacer música, sobre todo hacer canciones, pero no exclusivamente, de la misma manera que cualquier otra actividad artística, es algo que debe nutrirse de lo que hay en sus alrededores, en sus afueras. No es una cosa cerrada sobre sí: pienso que es clave ver películas, leer poesía, novelas, ver obras de teatro, leer filosofía, todo puede ser combustible. Y todo eso al servicio de tener otra experiencia de la vida misma. De transformar la mirada. Ahí aparecen ideas que a veces se pueden expresar a través de canciones. 

O.C: Conociendo a Horacio, me parece que hay una tradición familiar en el sonido del disco. ¿Ustedes lo reconocen?

S.S: Claramente, reivindicamos también la existencia de un sello más sosero. Hay también una identidad propia.

P.S: Sí, pero también obviamente se meten Spinetta, Charly y Fito. Son referencias, por la búsqueda estilística que representan en la cancionística del rock nacional, y porque efectivamente son las músicas que hemos recibido por ósmosis familiar, porque han sido gran parte de la banda sonora de nuestra casa, junto con mucha música brasilera, junto con los Beatles, con James Taylor, con Peter Gabriel, en fin. Junto con las canciones de nuestro viejo, sin ir más lejos, hablando de ese sello sosero al que hacía referencia el Santi.

O.C: El disco lo grabaron el año pasado y, entiendo que como a todo el mundo, la pandemia les complicó todos los planes. ¿Se resignifica o revaloriza el laburo por el momento en que termina saliendo al mundo?

S.S: La verdad es que hace mucho tiempo que queremos grabar estas canciones. El año pasado pudimos por fin concretar la grabación, pero no así su publicación. Era nuestra primera experiencia en un estudio y los tiempos se hicieron largos, por lo que nos quedó pendiente para este 2020 y bueno, pasó lo que todos ya sabemos. A decir verdad, al principio de la cuarentena no queríamos compartirlo, porque no era el escenario social y emocional en que nos imaginábamos que nuestras canciones salieran al mundo. Las sensibilidades estaban a flor de piel, acá y en todas partes.  Así que dejamos en suspenso la publicación, hasta que entendimos que había que seguir adelante. Que estas eran las circunstancias, que no había otras. Por otro lado, creemos que las emociones sociales se estabilizaron un poco, aunque por otro lado se haya exaltado la violencia y la grieta haya adquirido nuevas y preocupantes dimensiones. Las canciones, según nuestra humilde perspectiva, dicen y hablan en este contexto. Porque todo de lo que hablamos se ha acentuado. Pero fueron compuestas y concebidas en un momento donde, naturalmente, no teníamos idea de lo que se avecinaba. Entonces, creemos en la capacidad de las canciones de decir en otro contexto, uno más parecido a ese en el que las hicimos; e incluso en uno posterior donde ojalá llegue este replanteamiento que está necesitando el mundo en general.  Creemos que su valor es independiente del contexto actual, pero sí, seguro se revaloriza en función de lo que estamos viviendo. No te vamos a decir que en un momento de tanta incertidumbre este trabajo no sea de repente algo a lo que aferrarnos, un muy fiel cable a tierra.

P.S: Sí, yo pienso que las circunstancias en las que sale el disco sin duda lo resignifican. Es una situación sumamente especial y rara a nivel mundial, y la aparición del disco siempre va a estar asociada, en nuestra memoria por lo menos, a este momento particular, en el que por otra parte se han generado condiciones materiales diferentes para el ejercicio de escuchar música. Pero al mismo tiempo el disco aparece en un momento particular dentro de ese gran momento particular, que es el de una cierta apertura, relativa, frágil, sí, pero apertura al fin, del encierro más estricto. Entonces aparece también junto con la revaloración de algunas posibilidades que antes teníamos y dábamos por hechas, y que tienen que ver con la recuperación de la posibilidad del movimiento y del encuentro. Y si esa sensación acompaña la escucha del disco, en buena hora. Las canciones hablan también un poco de una cierta liberación.