Sombrero roto fue uno de los discos más elogiados del 2019. Su autor es el español Kiko Veneno. El disco se gestó en diferentes momentos durante los tres años que precedieron a su lanzamiento. La primera en soledad, mientras que la segunda contó con la producción de quien, a está altura, ya podríamos considerar «su socio» Martín Buscaglia. La última fue junto Santi Bronquio también sumando su aporte en la producción.

La novedad del trabajo yace en el aporte de los dos productores a un sonido más electrónico y, de alguna forma, también cercana al pop. Melodías que le aportan un aire fresco al disco y a las letras de Kiko que abordan diferentes temas, como la soledad, el miedo o el ser español.

Otra Canción: El nombre Sombrero roto viene de una canción del álbum ‘Veneno’, ‘Los delincuentes’. Esa parte dice “Me quiero asegurar / que mi sombrero está bien roto y así los rayos / pueden entrar en mi cabeza”. ¿Es casualidad o cómo surge la necesidad de llamarlo así?
Kiko Veneno: Bueno, quería recordar cómo empecé, y verme con el sombrero después de tantos años, a ver si sigue roto y los rayos pueden seguir entrando.

O.C: Si bien siempre estuviste buscando el cambio, creo que este disco es el más revolucionario de los últimos años, por lo menos en lo sonoro. ¿En qué crees que está principalmente la ruptura en este disco?
K.V: Para mí lo normal es acometer nuevos campos, nuevos desafíos, utilizar las mismas intenciones con otras herramientas, investigar, experimentar, ver lo que puede salir de uno. Y, siempre me interesó, pero en este disco de una forma más premeditada, el sonido. No de una forma técnica, sino de una forma intuitiva y emocional. Ver que no hay dos voces iguales, pero también cómo puede parecerse la voz de una persona a la de su padre o a la de su madre. El sonido comunica pasajes y emociones. Buscar la textura sonora es tan importante como buscar los instrumentos o la letra. Y después, como tú dices, ir adelante, nostalgia ninguna, alegrarse de las potencialidades que tenemos ahora, y darle al ritmo y a la melodía, y nada de lamentos. Es un privilegio poder crear canciones, es un juego magnífico y vital.

O.C: Quiero ser español es una canción que más allá de ser español habla del miedo, algo que en gran medida ligas al dinero ¿Por qué sostenes que el miedo es lo que más dinero da?
K.V: Oficialmente el miedo no cotiza en Bolsa, pero proporciona enormes beneficios financieros. El miedo alimenta el mundo en una proporción no sé si más o menos grande que el amor. Quisiera que menos.

O.C: Aparte el miedo sale en varias canciones como en Autorretrato. ¿Qué es lo que más miedo te da?
K.V: Lo que más miedo me da es que no sepamos comprender como especie que tenemos que vivir de otra manera, necesitando menos y siendo más felices, y respetando la naturaleza.

O.C: Usted parece aggiornarse a la modernidad, a los sonidos electrónicos, a los más jóvenes. ¿Qué tan importante es para alguien con trayectoria como usted acercarse a ese mundo?
K.V: Hay un sonido contemporáneo, y eso siempre me interesa. Pero yo no veo este sonido de ahora de la misma manera que lo ven los jóvenes, yo lo utilizo como un ingrediente más que añadir a los que ya utilicé en otras ocasiones, me siguen tirando los sonidos sencillos y acústicos, hay espacio para todo.

O.C: ¿Cómo ve la música española actual? En lo personal veo que hay circuito de cantautores y trovadores muy interesante. Pero también se destacan algunos raperos y un movimiento indie que viene ganando cada vez más terreno.
K.V: Sí, Rozalén y el Kanka vienen tirando fuerte. Y hay mucha gente nueva con ideas guapas, en todos los estilos. Creo que el momento del pop español, por ejemplo, es bastante bueno, hay trabajos luminosos y letras brillantes. Y el flamenco no deja de dar sus nuevos frutos, Cristian de Moret, Antonio Lizana

O.C: El disco cuenta con la producción de un viejo socio suyo podríamos decir Martín Buscaglia y Santi Bronquio. ¿Cuál fue el aporte de cada uno a este nuevo trabajo?
K.V: La aportación fundamental es la primera, la de Martín: elegir las canciones, los tonos, los tempos, tenía muchas versiones diferentes de muchas canciones, más de 20. Martín es un gran amigo y compañero, con muchísimo talento, y lo puso todo claro en pocos días. Ya por entonces Santi Bronquios había metido sonidos y teclados en alguna de las canciones, como Andrea y Eloy y Ojalá, después se ocupó de otras más. Su punto de vista, muy festivo, muy rico sonoramente, muy sugestivo y espacial creo que ha enriquecido la textura sonora de muchas canciones.

O.C: Recuerdo haber leído una declaración suya que decía que no te gustaba «ver chavales con 18 años cantando a tormentas interiores y penas que se transformaban enfermizas». Que a esa edad era la edad «para poner el puño en alto y gritar». ¿Por qué crees que se da eso? ¿La música dejo de ser de alguna manera un grito de guerra para ser lamento?
K.V: Bueno, las declaraciones son momentos. Está claro que los humanos le cantamos a todo, a lo bello,  lo trágico, a lo cómico. Creo que hay que cantar el Bella Ciao y también el Gracias a la vida.

O.C: Algunos sostienen que la música tiene más poder que la palabra, que tiene más llegada. ¿Usted qué cree?
K.V: No creo que la música tenga tanto poder ritual y político como la palabra. Pero sí tiene un poder de operar en el inconsciente, de flotar entre las mentes, de expresar y compartir los sentimientos, muy importante.

O.C: Para terminar, el disco cierra con una balada en ingles (Miss you) ¿Por qué escribir en inglés?
K.V: Me hacía gracia, y hay que reírse, chi chi way. Y así salió, y me gustó.