El próximo sábado 31 de agosto, The Tristes presentará oficialmente Modo Oulet en el Centro Cultural Córdoba. El quinto trabajo de Germán Arrascaeta, Raúl Guzmán, Ariel Elikabe, Augusto Ochoa, Diego Elkin y Hernán Rueda vuelve a caracterizarse por esa escuela cancionera que se asienta en el pop rock y se defiende con altitud (si si, no hay error de tipeo) punk.

Foto: Pini Sclausero

Otra Canción: Contame de Modo Oulet. Desde que salió, el nombre del disco parece actualizarse, por el contexto, cada vez más. ¿Por qué lo nombraron de esa manera?
Germán Arrascaeta:
Podría chamuyarte y atribuirle el título a un certero análisis del contexto  y demás, pero la realidad es que surgió de una lluvia de ideas disparatada en nuestro grupo de WhatsApp. Usé la palabra “outlet” en (la canción) Bigotitos y la propuse como disparador para nombrar la totalidad de la obra porque me sugería algo relacionado a la devaluación del rock, o a su estado de desconcierto ante el reinado de músicas jóvenes que tienen la osadía de resetearlo. Curiosamente, por esos días Duki y sus amigos alumbraban Modo Diablo y nos la dejaron chanchita para clavarla al ángulo. Por otro lado, este año cumplí 50 y mis compañeros de banda se me aproximan peligrosamente. Fuera de joda, me obsesiona la correspondencia entre música y la vitalidad de quien la crea, por lo que siempre trato de mirar a The Tristes “por afuera” para corroborar que es, al menos, digno.

O.C: Si bien la combinación entre la sonoridad propia de esa mixtura histórica entre el pop y el rock siempre estuvo presente en la banda, este disco parece desarrollar el perfil pop con un poco más de fuerza que en sus trabajos anteriores. ¿Cómo fue lo trabajaron?
G.A:
Hasta hace no mucho tiempo atrás, las baladas o los medios tiempos tenían mala prensa en el rock local. Incluso en The Tristes, una banda a la que reivindico como “cancionera” en el sentido ligero (y sosegado) del término. En el primer disco tenemos Uñas; en el segundo, Humos; en el tercero, Incierto; en el cuarto, Tope; y ahora  subimos la apuesta con Abandónico, Bigotitos y Frontales. Tres baladas en un disco de 9 canciones. Es muy desaconsejable, pero nos rebelamos ante ese deber ser que nunca nadie instituyó.  ¿Qué razones nos condujeron a eso? Calmamos ansiedades y elegimos darle aire a lo que fuera apareciendo, cualquiera fuera su naturaleza melódica o impronta rítmica. Personalmente, estaba muy copado con el lado Last Shadow Puppets de la vida, y me había vuelto a enamorar de Richard Ashcroft por lo que expuso en su disco These People. Quería replicar eso y tanto Ariel (Elicabe) como Raúl (Guzmán) plantearon músicas acordes a ese anhelo. Hoy por hoy, me gusta más cuando nos destacan como baluartes de la fácil escucha que como performers punks.

O.C: En la misma línea, se nota un sonido generacional propio de una época que por momentos (y en parte) parece ser revalorizada por algunos de los pibes que siguen refugiándose en el rock en tiempos actuales. ¿Existe una decisión en ese sentido? ¿Se sienten representantes de una época, una forma de sonar, de hacer y decir las cosas?
G.A:
Hablo por mí, aunque creo que mis compañeros estarían de acuerdo con lo que voy a plantear a continuación: no somos representantes de nada ni pertenecemos a ninguna escena. Somos disfuncionales en este nuevo orden de sobreexposición en redes y apenas nos alcanza el tiempo y la energía para empoderar nuestra música. Somos de baja fidelidad de acuerdo a ciertos estándares de la efervescente movida actual. Sobre todo en el aspecto visual. Aun así, encuentro cierto encanto en ser como somos. Y con respecto al modo de decir las cosas, puedo imponer mi discurso por sobre el de mis compañeros porque escribo las letras; entonces concluyo: me siento hermanado con Telescopios en eso de convertir en manifiesto un chiste interno. O en darle entidad de verdad revelada a un collage de situaciones cotidianas inconexas. Es probable que los Tele abjuren de nosotros. No habría problema de ser así, todo bien.

O.C: Como compositor has podido pararte en ese lugar desde el cual se puede abarcar lo cotidiano desde una postura que cuida mucho las formas en que las cosas se dicen. Se percibe una búsqueda desde la poética que vas más allá de lo que se dice para poner atención también en los cómo (algo que por momentos parece haberse perdido). ¿Es así? ¿Cómo trabajas esa faceta?
G.A:
Me halaga muchísimo lo que planteás. De movida, me das entidad de compositor, aun cuando me limito a las letras y a las melodías de voz. Yo me siento compositor, así que gracias. Por otro lado, trabajo esa faceta “de cuidar el cómo” desoyendo las presiones del contexto social y alucinando situaciones que me quedan cada vez más lejos por ser, ponele, un hedonista ético (gracias, Solari) que está en la fase “crianza de niños”. Por caso, en Moderado extremismo hice una canción sobre un cruce amoroso con escandinavas o escandinavos (¿escandinaves?) en un hostel playero y en Modo Outlet, otra en la que una alfombra persa reluce en un modesto telo céntrico. Son situaciones emocionalmente incorrectas pendulando entre el humor y el delirio. Parecen cuidadas porque no hay mejor zaranda que la libertad y un ideal de buen gusto.

O.C: Hay canciones dedicadas a Julian Assange y Ricky Espinosa. Cada uno a su manera, dos punks. ¿Te sentís poseedor (defensor, admirador, representante, como quieras decirle) de ese espíritu?
G.A:
Me siento las tres cosas, sí. Desde que estoy en bandas de rock he actuado en todos los lugares y todas las situaciones imaginables, siempre en proyectos disruptivos y arrogantes. Quizás luzca como un pecho frío al oponerme al mito de Ricky, pero la curtí bien curtida, eso lo tengo claro. Y ya que estamos, te cuento que elegí a Ricky como inspiración porque al momento de la creación, recordé que una vez me tomé una Quilmes con él y pegamos onda después de que me midiera un toque. No lo glorificaba, pero me parecía alucinante como desafiaba a su propio público coqueteando con los Stones. Esa Quilmes la tomamos en el desaparecido El Mariscal, y en la letra mutó en “una Stella del pico”. De Assange me limité a tomar la idea de “filtración”, aunque me hubiera gustado explayarme y escribir algo sobre su día a día claustrofóbico de embajada.

O.C: «Bigotitos» pone el ojo en el universo de las prácticas y consumos culturales de estos últimos años. Más allá de la canción, ¿Cómo te llevas (como músico, cómo artista, cómo hombre que labura en y desde la comunicación) con estas «nuevas tendencias»?
G.A:
Me llevo súper, aunque debo admitir un repliegue tuitero ante el asco que me da tanta confrontación y celebración del odio. En fin, me considero hábil para el uso de redes, pero comulgo más con uno anárquico que con otro estratégico o de fidelización. Estuve narcotizado por las redes. Ya no.

O.C: The Tristes tiene ya 15 años de existencia y Modo Oulet es su quinto disco. ¿En dónde sentís que el proyecto está parado en este momento de la música de Córdoba, pero también a nivel país?
G.A:
En Córdoba somos una banda de culto que no supera el k de reproducciones, lo que deja en claro que nuestro lugar es de una inmensa minoría formada por gente cercana, colegas que nos respetan (o que se confesaron conmovidos por nuestra obra) y algún que otro que hayamos podido prendar en un show. Y en el país puedo decir que tocamos en Baires varias veces y dejamos una buena impresión, a juzgar por los aplausos que recibimos. Estamos parados mucho más allá del medio de la vida, ¿no? Eso sí, una crisis de representatividad como ésta, nunca.

O.C: ¿Cómo va a ser el concierto del sábado?
G.A:
Hermoso. Será hermoso.

*Foto de portada: Pini Sclausero