Tras una extensa carrera como compositor que se plasma a lo largo de los 17 discos que llevan su firma, Antonio Birabent acaba de editar “Oficio: Juglar”, un trabajo en el que revisita los poemas de ocho grandes escritores bonaerenses: Abelardo Castillo, Aurora Venturini, Rodolfo Fogwill, Sergio Bizzio, Roberto Juarroz, Almafuerte, Alejandra Pizarnik y Vicente Barbieri. Su primer disco/libro (que fue distribuido en su formato objeto a través de edición limitada que el músico y actor personalizó para su entrega a lo largo del país) puede ser escuchado a través de todas las plataforma musicales disponibles on line y será presentado en vivo por primera vez el próximo 3 de noviembre en La Usina del Arte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La poesía no es un género que me resulte cercano. Cuando me pongo a leer, yo elijo otras cosas” se sincera Antonio cuando abre el diálogo con Otra Canción en torno a las motivaciones para encarar su reciente trabajo. “Cuando me empecé a relacionar con ese universo, me di cuenta de que una buena forma de acercarme era transformarlo convirtiendo esos poemas en canciones. En ese momento empecé a pensar en poetas y a buscar material al respecto. Encontré estos ocho bonaerenses que me gustaron mucho y de esa manera se abrió un proceso largo que ahora llega a su destino final y trae consigo la satisfacción de haber podido partir de un género que, a priori, no es musical para que trasforme en canción” afirma al caer la tarde en que la comunicación en cuestión unifica su cielo porteño con tierras mediterráneas.

Otra Canción: ¿Y en qué momento fue que te volcaste a la poesía?
Antonio Birabent:
La verdad es que no es algo que haga habitualmente. Nunca fui un tipo que se haya “volcado” a eso. Por eso me parece que fue un buen ejercicio armar este “Oficio: Juglar” y encontrarme verdadero cerca de estas poesías. Todo fue medio sorprendente, había nombres que conocía y otros que no, el proceso de búsqueda, las maneras que se fueron presentando a la hora de pensar cuáles eran las poesías que yo podía cantar y cuáles no. Hay algo natural en el reconocimiento de la obra pero también hay algo forzado en el arrojo de tomar esas letras como si fueran mías y “destruirlas”. No podía ser un proyecto excesivamente formal y respetuoso. Creo todo eso que quedó plasmado y se escucha en las canciones.

O.C: ¿Qué tan complicado es “seccionar” un poema para convertirlo en canción? Sobre todo teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, estamos hablando de otro que no está como para consultarlo.
A.B:
En un cierto punto, y dicho con todo respeto, está la ventaja de no tener que pedir permiso. Pero en cierto punto esto no deja de ser un hecho artístico, no es un acontecimiento de diplomacia británica. Había que meterle mano a esas poesías, había que tomar fragmentos. Salvo en los casos de Juarroz (“Poema 82”) y de Abelardo Catillo  (el inédito “Cuando cae la noche”), metí mano en todo lo demás. Saqué, puse y adapté. Con el único autor que me pude sentar a tomar un café fue con Sergio Bizzio, al que le comenté el proyecto y me dijo “metele”. Él entendió perfectamente que para convertir eso en canción, yo no podía ser textual sino que tenía que rearmar, reinventar y reversionar esas poesías de alguna forma. 

O.C: Más allá de ser, podríamos decir, un trabajo colectivo, es un disco (o un libro) al que vos le terminas dando forma. ¿Cuánto de vos hay en todos estos textos?
A.B:
Yo descubrí que hay muchísimo porque en el fondo terminé por darme cuenta que las obsesiones de todos ellos son, más o menos, como las mías: la noche, el tiempo, un amor que se va, una nostalgia anticipada, el misterio de una mañana. Tal vez por eso las elegí ¿no? Al fin y al cabo, me parece que ninguno está tan lejos del otro, lo digo pensando en nosotros como seres humanos. Las cosas que verdaderamente nos preocupan no son tantas. Mirá, hay un caso puntual que me llama mucho la atención que es el que se da con la poesía de Almafuerte que se llama “¿Por qué no mandas?”. Por cómo termina siendo la canción, a mí me da la sensación de que podría tratarse tranquilamente de una letra de Spinetta. ¡Y Almafuerte es un autor gauchesco! Eso da cuenta de que, en verdad, todos estamos mucho más cerca de lo que parece.

O.C: Sí, además, musicalmente y desde la interpretación, ese perfil spinettiano se termina por imponer (o al menos tu forma de spinettiar la canción). ¿Estuvieron esos juegos de conexiones a la hora de pensar esas lecturas convertidas en canción? No sé, también está la autorefrencia a uno de tus momentos compositivos cuando describís el trabajo sobre el poema de Fogwill (“Contra el cristal de la época de acuario”), por ejemplo.
A.B
: No. Me mandé sin pensar tanto y después encontré las conexiones. Me lancé pensando en que este era un proyecto distinto. Estaba haciendo canciones sobre textos que no estaban destinados a eso y ya eso era una barbaridad de arrojo. Luego aparecieron las coincidencias de las que me fui dando cuenta yo o que me señaló gente amiga. Ya sea con otros autores o con algún viejo disco mío.

La banda que presentará “Oficio: Juglar” en la Usina del Arte: Victor Volpi, Mauro Scaparro, Gonzalo Sanchez y Lucas Diaz.

O.C: Este es un dato que no podrán observar quienes no tengan el objeto pero en el libro destacas el lugar de nacimiento de cada uno de estos autores. ¿Cuán importante para vos es eso?
A.B
: La querencia siempre me ha llamado la atención. Me interesa destacar el lugar de origen de cada uno porque no es lo mismo haber nacido en Coronel Dorrego, en Río Cuarto o en Nueva York. Aunque también me parece que eso no es determinante. “Lo importante no es de dónde vienes, lo importante es a dónde vas” cantaba Manal, y yo creo que es así. Pero me parece que el lugar de origen marca una intención y te da un lugar de referencia al cual volver o al cual no volver, pero ahí hay un punto de apoyo.

O.C: Si uno recorre la selección de autores se puede percatar de que hay un abanico de estilos que cruzan casi todo el siglo XX.
A.B
: Elegimos algunos que son muy conocidos y otros que no lo son tanto. A lo mejor Barbieri no es tan conocido para el gran público pero sí lo es Pizarnik. Fogwill tiene un prestigio enorme pero a lo mejor no es tan popular como Abelardo Castillo. Pero si te soy sincero, la verdad es que no lo sé porque no me puse a juzgar eso. Tal vez, sin buscarlo, eso existe. Pero eso fruto de una selección arbitraria que originalmente está motorizada por el gusto.  

O.C: ¿Dejaste mucho material afuera?
A.B:
En realidad no. Fui directo al punto de lo que quería hacer. Una vez que tomé la decisión sobre los autores, me puse a buscar cuál era la poesía de ese autor que yo podía llegar a reinterpretar musicalmente. Tenía que convertir esa palabra escrita en palabra cantada y a eso me dediqué sentimental y artísticamente. Por otro lado, también fui a buscar esos temas de los que antes hablamos y que son esos que me eran más cercanos. Por eso elegí estas poesías y no las que estaban en la página siguiente.

O.C: Vos sos básicamente un compositor que, en este momento, decidió encarar este trabajo con las características a las que estamos haciendo referencia. ¿En qué momento de tu trayectoria como autor de canciones te encuentra “Oficio: Juglar”?
A.B
: Yo siempre estoy componiendo algo y, con más o menos suerte, estoy tocando. Además, este disco es un trabajo que yo empecé hace un año y medio por lo que para mí ya es viejo. En este momento estoy componiendo y terminando un disco que estoy grabando, sólo, en mi casa. Por otro lado, estoy armando una banda de canciones con mi amigo Marcelo Fillipo; estoy escribiendo cosas que no son canciones y que tienen que ver con ideas o reflexiones que dan vueltas y aparecen en algún momento para ser expresadas; y también estoy terminando una obra de teatro que se estrenará dentro de muchos meses. O sea que tengo bastantes cosas en la cabeza, con el paso del tiempo he terminado aceptando que es esa la única manera en que me funciona.