Pasó ese mes que para muchos representa el cambio definitivo hacia la marcha del fin de cada año y dejó material por doquier. En Otra Canción te separamos cinco de esos que tenes que tener anotados del lado de las sonrisas en el balance 2018.  

“Hermafrodita” – Francisca y les exploradores

La banda de Franco Saglietti se deconstruye y se despacha con un disco de perfil consagratorio. Con un sonido claro y contundente que unifica mundos y públicos, los 25 minutos de “Hermafrodita” representan la renovación de un carnet de identidad que expone un ADN en el que el indie argento convive con los elementos centrales del Rock Argentino. Es posible que el sello de Gonzalo Aloras haya influido en ese color musical aunque, vale decirlo, Saglietti es uno de los músicos de la nueva generación que mejor ha desarrollado ese perfil a lo largo de la última década.

“La huella en el cemento” – Sofía Viola

Pasaron cinco años desde el último disco de Sofía Viola. Tiempo suficiente para que una de las artistas más interesantes de los últimos años en nuestro país pueda despacharse con un disco que eleva su sonido en un nivel superior. Acompañada de su banda, El Combo Ají, Viola vuelve a exponer sus influencias, a desnudarse cantando y a explotar en juegos interpretativos que la rebelan como dueña de una de las voces más flexibles y expresivas del presente argentino. El trabajo permanente con Ezequiel Borra desde la producción (también forma parte de su banda) da a “La huella en el cemento” un rol continuador que hace base en “Júbilo” y se proyecta como estructura identitaria de la artista nacida en Lanus, ciudadana del mundo por estas horas, que edita por primera vez un trabajo original para el mercado español.

“Un regalo tuyo” – Rayos Laser

El tercer disco de los villamarienses es poseedor del sonido más orgánico entre todos con los que el trío ha coqueteado a lo largo de su historia. Tomas Ferrero, Cesar Seppey y Gustavo Rodriguez se conectan directamente con la canción, se olvidan (por un rato) de la pulsión que empuja al baile y dejan de lado las programaciones que habían sido la estrella de su primer material; como así también el sonido ochentoso que fue bandera en su segundo disco. A partir de ese combo de decisiones, que según la propia banda surgió adentro del estudio, se abrazan a un sonido más puro y personal en el que no falta el detalle minucioso que desafía al atento escucha que se detiene en el detalle. El material estuvo producido por Ezequiel Kronenberg y será presentado oficialmente sobre finales de este 2018. 

“Todo lo que nos une” – Marcelo Ezquiaga

Marcelo Ezquiaga es un batallador de la canción. Su octavo disco lo vuelve a encontrar con las guitarras que empujan estribillos pegadizos y dan forma a piezas que pueden estallar en una pista y servir de música de fondo para acurrucarse en una guitarreada de balcón. Tras su homenaje a Carlos Gardel, “Morocho” (2016), Ezquiaga parece volver apostar a la fórmula utilizada para dejar de lado su primer proyecto con Mi Tortuga Montreux y lanzarse a buscar un sonido de nombre propio. Lo hace unificando los mundos en los que fue buceando a lo largo de casi veinte años y el resultado es un disco contundente y concreto que abre la puerta del universo artístico de un músico que ha logrado desarrollar un estilo propio siempre basado en la audacia, la sinceridad y el amor por las buenas canciones.

“Cinco finales para el mismo cuento” – Flopa

El EP que marca el regreso de Flopa al disco es todo lo que esperamos los que nos quedamos con ganas de que las canciones vuelvan a brotar desde su “Emoción Homicida” editado una década atrás. Apenas si tuvimos un antídoto con el disco a dúo con Ariel Minimal (“La piedra en el aire” – 2012) y no mucho más. Obviamente que la pudimos ver en el escenario, la rastreamos en las tomas “piratas” (que viejo que estoy) de las redes e intentamos espiar los sonidos que ella misma dejaba escapar de cuando en cuando. En sus propias palabras, las canciones siempre estuvieron y nunca dejaron de surgir, sólo que había que encontrar el tiempo justo para grabarlas y dejarlas escapar. “Cinco finales para un mismo cuento” representa ese momento y gratifica al escucha con base en una comunión artística que la vuelve a encontrar con 2/3 de los Acorazado Potenkim (Manza-Lulo-Ghazarossian), que se convierten en su banda de apoyo. Un regreso feliz a las canciones de esa Lestani que, para mi gusto personalísimo, se hizo extrañar demasiado. Esta referencia, claro está, debe leerse intentando filtrar la emoción de quien la firma. Escuchen el disco.