El disco debut con el que Marilina Bertoldi decidió lanzarse en soledad y poner su nombre al frente del proyecto fue tan celebrado como resistido desde el momento mismo de su aparición. De todas maneras, las críticas positivas superaron a las negativas a partir del reconocimiento de una apuesta tan original en su idea como contundente en su concreción. “Sexo con modelos” apareció en el año 2016 y ubicó a Marilina en el centro de las miradas. Hace unos días empezó a ver la luz su sucesor, “Prender un fuego”. Lo hizo a través de un adelanto (“Racat”) que sirve para comenzar a iluminar el nuevo salto de la artista nacida en Sunchales. El viernes vendrá a Córdoba para formar parte de la grilla de la edición otoño del Festival La Nueva Generación, una excelente excusa para volver a hablar con ella.

Otra Canción: Hace unos días nos encontramos con el adelanto de tu nuevo disco. ¿Está listo ya el material completo?
Marilina Bertoldi: No, para nada. Está todo maqueteado pero nos concetramos en hacer el primer corte que es el que está sonando. En el medio tuvimos un inconveniente porque perdimos todo lo que teníamos en la compu y tuvimos que arrancar de cero, así que estamos trabajando a contrareloj. Eso nos hace correr un poco pero lo vamos a lograr.

O.C: En “Racat” nos encontramos con un sonido y un estilo de canción que va por algunos caminos distintos a los que habíamos escuchado en “Sexo con modelos”. ¿Van por ahí las nuevas canciones?
M.B: De ese tipo de canciones de un estilo más bailable, medio funk, medio rock, medio pop hay dos o tres temas. He variado algunas estéticas y ahí algunas canciones que me salieron muy “bocanadescas” partiendo de mucho sampler a partir del cual se arma todo un clima seductor que aparece en varios pasajes del trabajo. Pero sobre todo es muy experimental la búsqueda, anda por muchos lados.

O.C: Me gustaría llevarte a lo que fue “Sexo con modelos” que tuvo esta impronta de libertad y honestidad artística. ¿Cómo ves ese trabajo con el tiempo que ya ha pasado?
M.B: Más allá de lo que decida hacer disco a disco, me resulta necesario jugarme algo en lo que hago. Estar en un norte y plantearme algo bastante ambicioso hace que esté siempre incómoda con lo que sacó y con lo que grabo y que quiera romper todo. Después veo si logro o no logro esos objetivos pero la verdad es que estoy siempre muy incómoda y eso es algo que conceptualmente impulsó al disco anterior y es algo que definitivamente me impulsó a grabar este también.

O.C: ¿Cómo se conjuga esa incomodidad con los resultados que traen elogios, reconocimientos, comentarios positivos, premios?
M.B: Es muy raro porque cuando estas muy incomodo con algo que sacaste y eso resulta que tiene muchas escuchas y muchos elogios es como que la incomodidad se hace mas grande. Es como que sentís que nadie escuchó lo que tenes en potencia para hacer pero a la vez te dan más ganas de seguir armando ese futuro. Yo no recibo tanto a los elogios. Siento que estoy en un lugar en el que estoy quebrando tanto algo y derrumbándole el mito a tanta gente que recibo también muchas críticas que parten de un lugar rarísimo. Cuando alguien está tan enojado con vos es porque algo les gusta, algo les molesta y por eso actúan así. Si me preguntas a mí yo creo que genero molestia. A lo mejor algún día me voy a un lugar más cómodo pero por ahora lo vivo muy bien.

O.C: El disco nuevo se llama “Prender un fuego” ¿Tiene que ver con todo esto que estamos hablando y con el contexto general que estamos viviendo como sociedad y como cultura?
M.B: Obviamente. Es una expresión muy contemporánea en ese sentido. Siempre quise prender todo fuego y en este momento es más necesario que nunca hacerlo. Hay que cambiar muchas cosas y eso genera mucha incomodidad en todos, a la vez que empuja a la necesidad expresiva de mucha gente. Pasa que con el tiempo entendí que para generar todos los cambios que son necesarios no hace falta prender fuego todo sino que hay que empezar por un fuego, que es el propio, el que tenemos a nuestro alcance. Si nosotros generamos ese cambio y empezamos a encender nuestro fuego se va a terminar prendiendo fuego todo y ese cambio se hará realidad tarde o temprano. Los grandes cambios empiezan generándose en las cosas pequeñas y un poco eso es lo que quiere decir el disco con ese nombre. Por otro lado en el arte de tapa se está prendiendo fuego un cd, algo que habla de un cambio de época.

O.C: Precisamente de ese cambio de cuenta, en cierta manera, el Festival La Nueva Generación. ¿Te sentís parte de un tiempo que está cambiando ciertas cosas que estaban muy quietas desde hace mucho tiempo?
M.B:  No se cómo evaluar a esta generación todavía. Está en la cresta ahora pero hay que ver cómo sigue. Me parece que es una ola que se basa mucho en cosas que ya vimos, es una estética más vintage en muchos aspectos que propone volver un poco más a las raíces y a la sencillez de muchas cosas. Yo siento que vino y es un buen aire, una bocanada de aire fresco, pero también me parece que como todas las cosas llega un momento en que se empiezan a viciar. Se empiezan a hacer muy repetitivas y a mí lo que siempre me gustó de esta ola es lo creativo y lo diverso. Cada uno planteaba algo y eso convivía con lo que mostraban lo demás con la total libertad. Cero careta. Me parece que hay que darle tiempo y ver qué pasa porque en algún momento existieron bandas como Babasónicos y El Mató que se convirtieron en las dos grandes referencias que bajaron línea para que todo esto exista. Este es otro tipo de rock que es mucho más amistoso con el pop, con lo psicodélico y con muchas cosas con las que antes el rock mantenía distancia. Yo creo que es un buen momento, hay que ser optimistas.

O.C: Quienes entendemos que el rock debe ser un movimiento de ruptura y de cambio permanente nos preguntamos si es el momento para que el rock se defina abiertamente feminista. 
M.B: Totalmente. Si en este momento el rock no es feminista no es rock, esa es la verdad. Si el rock no es feminista es yuta, es gorra y es todo lo que no tiene que ser. Muchas bandas de rock no lo son y por eso están dejando de ser las bandas que están tocando en todos lados porque son lo más gorila que puede haber. El feminismo es una revolución y el rock siempre fue revolucionario, rebelde y luchó por causas justas. El rock siempre levantó banderas que representaron a las nuevas olas ideológicas y socioculturales que afectan al mundo. Si el rock no es eso, eso no es rock.

O.C: Con respecto a eso y a algunas caretas que parecen empezar a caerse, me gustaría preguntarte cómo ves la situación de aquellas denuncias que empiezan a aparecer sobre músicos de rock y que ponen en jaque la identidad que hasta un momento los identificó dentro de un movimiento que tiene las características de las que recién hablabas.
M.B: Esta perfecto porque es lo que tiene que pasar. Ya bastante se salieron con la suya todo este tiempo abusando de su lugar de privilegio por ser “estrellas de rock”. Se aprovecharon de sus propios fanáticos que estaban completamente ilusionados y llenos de cariño para darles para usar su poder para una acción completamente egoísta y sexual, aún cuando esas personas eran menores de edad y ellos eran 100% conscientes de lo que estaban haciendo y cuánto eso podía afectarles en sus vidas. Eso es misoginia y machismo, y se tiene que terminar. La forma para que eso suceda es con un golpazo, les guste o no. Es un momento en el que hay que deconstruirse, replantearse lo que uno dijo y lo que dice. Es tiempo de reformular para empezar a ir para adelante, así se generan los cambios. Esto de estar defendiendo a grandes artistas porque hicieron obras increíbles pero personalmente han sido una basura me parece una pelotudez. Es mentira que esto va a pasar siempre con todos los músicos, si empezamos a denunciar y a señalar esto no va a pasar más. La gente que está viviendo esta situación es porque hizo cosas por las que hoy están siendo juzgados, si no hiciste nada no te va a pasar nada y si alguien te denuncia por algo que no hiciste, esa denuncia se va a caer porque es una mentira. Creo que es necesario que se caigan las caretas y que las cosas empiecen a estar a la vista. Hay bandas y artistas que tienen que desaparecer ya mismo porque no son un buen ejemplo. Para nadie.