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*Por Gonzalo Fiore Viani para Otra Canción

Slim Dee

No tengo ninguna duda, si tuviera 18 años, esta sería mi música. El trap ha impregnado tanto al mainstream como a la música urbana que se hace en ciertos sectores del under –conceptos difusos en tiempos de Spotify y streaming- que ya es casi imposible saber que es realmente el trap. Podemos definirlo vagamente como una música típica de la época, donde se mixturan géneros de todo tipo, desde el hip-hop hasta la música electrónica, el reggaetón y “lo latino”, la voz tan pasada por el autotune que por momentos se convierte en un instrumento más. Las bases crean una atmosfera densa, narcótica, como una especie de dub potenciado, mientras que las letras tratan sobre temas que bordean y sobrepasan con creces la línea de lo legal, una obsesión por las marcas de lujo y el consumo heredada de cierto hip-hop como muestra de estatus.

Si bien el trap nació en el sur de los Estados Unidos a principios de los 2000, hace ya un tiempo que se ha expandido a todo el mundo, especialmente a España, donde se encuentra la escena más potente. Con nombres como Bad Gyal, Pedro LaDroga, Kaydy Cain o Pimp Flaco, y especialmente de quien parece el portavoz máximo del movimiento, Yung Beef, alguien que, como todos los artistas que logran trascender a sus respectivas escenas, tiene un atractivo mayor que sus contemporáneos, algo que lo hace diferente. La mayoría de estos artistas no es parte de ninguna discográfica ni suenan en la radio, autoproducen su material y lo suben a YouTube o Spotify con millones de visitas: un signo más de cómo han sabido aprovechar el cambio en la forma de consumir música, quizás porque justamente pertenecen a la misma generación que sus oyentes.

La música y las letras de Yung Beef exigen atención ya que sus bases son oscuras y envolventes mientras que sus versos contienen códigos prácticamente ininteligibles para todos los que no lo sigan desde hace años o no esté familiarizado con cierta jerga que mezcla el español, el inglés, vocablos árabes castellanizados o directamente palabras inventadas. Sin embargo, esto no impide que sus mixtapes difundidas gratuitamente tengan millones de escuchas que lo siguen con devoción mientras intentan descifrar absolutamente todo lo que dice.

Su público es muy heterogéneo y se compone tanto de melómanos empedernidos como de escuchas casuales que solo quieren ir a pasarla bien y dejarse llevar por el ritmo. Tras comienzos más que modestos en Soundcloud, el hype terminó siendo tan grande que Yung Beef ha terminado apareciendo en lugares tan inverosímiles como una pasarela de París o teniendo una foto gigante de su cara en el metro de Nueva York anunciando Calvin Klein. El último disco del trapero, de 27 años, se llama Adromicfms 4 y, siendo su trabajo más complejo y experimental, ha recibido críticas favorables de la gran mayoría de los medios españoles y latinos, encabezados por la revista Rolling Stone.

Paulo Londra

Es probable que el trap sea un estilo tan generacional o adolescente que sea imposible de entender para cualquier persona que no sea millennial. Está claro que, si bien, la brecha generacional puede llegar a sentirse, esto no quita que el estilo haya influido a distintos artistas ya “veteranos” alrededor del mundo, especialmente en América Latina, ejemplo de esto es el único disco –y también celebrado por la crítica- de Dante Spinetta, siempre con el oído atento a las nuevas tendencias en lo que a música urbana se refiere. En la ciudad de Córdoba también empieza a haber una escena pujante, con jóvenes sub-20 como Paulo Londra, exponente de un estilo mucho más amable al mainstream, elogiado por J Balvin y a punto de editar su disco debut tras haber tenido más de 16 millones de reproducciones de su hit “Luna llena”, o Slim Dee, un poco más alejado del pop, aunque líricamente mucho menos marginales y oscuros que lo que se hace en España.

El trap no es música reivindicativa, no se piden cambios políticos y los traperos no suelen mostrar ninguna tendencia al respecto, más alla de la conciencia de que, como dicen en España, “la cosa está chunga” y “esto es lo que hay”. Algo que tiene mucho que ver con el zeitgeist millennial, yo, no tengo muchas dudas, si tuviera 18 años, esta sería mi música.