Telescopios publicó “Doble de riesgo”, su tercer disco. 

Fortaleciendo algunos conceptos sonoros que la banda ya venía explorando sobre todo desde el disco inmediatamente anterior (El Templo Sudoku) el cuarteto integrado por Bernardo Ferrón, Nicolás Moroni, Rodrigo Molina y Cucho Ortiz parece decidido a avanzar hacia los integrantes de la generación que los cobija. Para abrazarlos y enamorarlos para siempre.

El tercer disco de Telescopios es el más directo, concreto y contundente de sus trabajos. Hay una decisión estética de apuntalar los elementos característicos que banda y universo inmediato tienen en común, un fortalecimiento identitario muy fuerte que, a la postre, convierte a “Doble de riesgo” en un disco (casi) de resistencia. ¿A qué? Al bajón generalizado. Porque este tercer disco de Telescopios invita a mover la patita, a bailar y a cantar con tonos cómplices muchos de sus pasajes, pero a la vez es un disco reflexivo.

No es una cuestión menor las formas que terminan tomando las canciones a partir de las historias que se hilvanan en ellas. Lejos de los juegos que utilizan la metáfora y la superpocisión de imágenes como elementos terminan por centrifugar una obra musical, Telescopios le habla al escucha con el lenguaje del escucha y el abanico es tan inmenso que abarca problemas económicos, conflictos éticos y dilemas existenciales mientras relata fiestas, resacas y episodios de extrema paranoia. El doble de riesgo, en definitiva, también es un espejo. Alguien que se parece a nosotros mismos. Demasiado.

En otro momento de la historia musical de este país, Telescopios probablemente hubiese sido una banda de rock sinfónico. La comparación no es un mero recurso estilístico sino una definición de lo que en el fondo sostiene la inagotable paleta de colores y texturas que el cuarteto utiliza en su forma de componer. Hay una escuela rica en sonoridades de tiempos y espacios multiformes pero también hay una apuesta. Hay instrumentaciones que alcanzan un estado de originalidad muy concreto que lentamente se va convirtiendo en un sello característico de la banda. Los teclados vuelven a ponerse al servicio creativo de un clima que se mantiene estable a lo largo de todo el material, hay un sonido que atmosferiza “Doble de Riesgo” para que sobre él se desplieguen guitarras precisas y los juegos rítmicos que serán fundamentales para marcar el costado más popero del disco.

El disco está compuesto por diez canciones ajustadísimas y una última pieza que sirve a modo de cierre de un trabajo que la propia banda presenta como “intenso”. Lejos de las obras que asentaban su fortaleza en las grandes instrumentaciones, “Doble de riesgo” es un disco relativamente corto (dura veinte minutos que “El Templo Sudoku” y 15 menos que “Verbo” los dos trabajos anteriores de la banda) lo que ayuda a concertar un concepto que, además, permite recortarse y separarse analizando cada una de sus piezas en soledad. Claro que hay hilo, y que las grandes historias hacen un gran relato, al igual que las grandes canciones dan forma a un gran disco.

Escucha “Doble de riesgo” en Otra canción.

El disco será presentado oficialmente el 5 de Mayo en Club Paraguay y  el 15 de Junio en La Tangente (Buenos Aires).