Cuando del día despertaba la muerte fue a buscar a aquel con el que siempre jugó al poker. Jorge Rafael Videla, el teniente, el asesino, falleció esta mañana en su celda. Estaba cumpliendo condena por crímenes de lesa humanidad. Murió con ese beneficio de tener juicio justo, derecho que él le robó a miles de jóvenes argentinos soñadores, militantes, estudiantes, laburantes y artistas. Tuvo en sus manos muchísimas vidas, y como todo criminal, frío, no le tembló la mano para bajar el pulgar
La cultura de nuestro país fue brutalmente golpeada durante la Dictadura que encabezó. Poetas, escritores, cineastas, músicos  el mundo artístico en general sufrió perdidas irrecuperables. Brutal golpe a un pueblo cuando su cultura es atacada. Pero por suerte el arte supo atacar como señal de resistencia, de forma explicita y también criptica.
Lo que más jode de la muerte del genocida es que se fue a la tumba con mucha información importante para recuperar tantos hermanos y hermanas. Eso duele, y por ello es que esta muerte no es para festejar. Todavía sigue ese halo de silencio mortal flotando en retazos de nuestra historia. Por suerte hemos recuperado el ejercicio de la Memoria. No olvidaremos el puñal que Videla y su troupe asesina nos clavaron como sociedad y Nación en la década del 70.
La justicia y la sociedad ya lo juzgaron. A nosotros nos queda, como dijo Martín Fresneda, celebrar la vida. Videla celebraba la muerte. Celebremos cada nieto recuperado, celebremos la entereza y la firmeza de las abuelas, celebremos la vida y el no perder la memoria.

 

«Hoy vienen por mi, Green lover,
hoy hablan de mi, Green lover, corre!
Ve lejos de mí, sin culpa,
yo voy a parir con mis libros puestos

Llevo valor, llevo juventud,
llevo mi fe en volver, amor,
llevo cartas que nunca te di,
llevo la luz que nos despertó,
llevo discos de los Beatles y
fotos con vos y tu gorro gris,
llevo un blues dentro de este ron,
llevo a Luis cantándole al Sol,
llevo el reloj que me dio papá
y tu razón de querer volar.»