Una primera mirada sobre el festival que marca un antes y un después en la música joven de nuestro país. 

En el libro del que se extrae el título de esta reseña, Juan Manuel Pairone habla de Córdoba como el escenario de una “lenta pero progresiva explosión artística y de gestión cultural” en el que artistas y productores artísticos lograron “superar la intrascendencia” y hacerse “escuchar entre el ruido.” El trabajo tiene un par de años y todas las realidades y  potencialidades de las que habla su desarrollo, estallaron el pasado domingo 19 de noviembre en el Castillo del Jockey.

A lo largo de más de doce horas de músicas alternando y superponiéndose en dos escenarios, la tercera edición del Festival La Nueva Generación (la primera de estas magnitudes) sirvió para marcar una vuelta de página definitiva en la historia del Rock Argentino. Una nueva etapa marcada por una renovación que viene a reivindicar definitivamente algunos puntos que siempre estuvieron en tensión en los más de cincuenta años de un género que se entiende como movimiento. La veintena de bandas que se reunieron el pasado domingo en Córdoba retoman conceptos que histórica y equivocadamente fueron presentados como antagónicos para resignificarlos con maestría. Allí la elegancia pop, el baile como pulsión vivaz, el virtuosismo, el desapego a la corrección y la vuelta la canción.

Al atardecer, cuando la simultaneidad puso espalada con espalda a Juan Ingaramo con los De la Rivera, las interpretaciones colectivas empezaron a sucederse para ya no desaparecer hasta el fin de la jornada. Antes, los Nina, Telescopios y Paulo Londra ya habían dado cuenta de ese universo de emociones compartidas que se unifica en el fraseo de una canción. Con esas características también se identificaron las contundentes actuaciones que Bandalos Chinos, Hipnótica, Valdes y El Mató a un Policía Motorizado. Los platenses representaron, junto a Marilina Bertoldi, la prueba contundente de que las cosas pueden construirse desde los márgenes hacia el centro. Y que la música y la prepotencia de trabajo es lo que termina por imponerse pese a los caprichos del mercado y los oídos cómodos. La banda liderada por Santiago Motorizado y la menor de las Bertoldi editaron los discos más celebrados de los últimos dos años. “Sexo con modelos” y “La síntesis O’Konor”. Como pulso e impulso, su presencia fue un gran acierto de la organización. Sus actuaciones, demoledoras.

Un aparte merecen los conciertos de Perras On The Beach, Francisca y Los Exploradores y Louta. En esa triada se condensan algunos de los puntos referenciales que antes identificábamos como paradigmáticos de esta nueva etapa. La puesta en marcha de una serie de conceptos que se renuevan en el universo de la música nacional en la que la provocación, el desparpajo y lo performático recupera un protagonismo que había sido abandonado durante décadas en las propuestas masivas de nuestro país. El público estalló, literalmente.

A lo largo de toda la jornada, el conductor CJ Carballo hizo las veces de anfitrión. En cada una de sus apariciones, que se fueron alternando en ambos escenarios, insistió una y otra vez en la idea de “la lealtad”. En ese concepto también se concentra uno de los puntos centrales para los análisis que se proyectarán para ser retomados en el futuro. Porque es posible que todo este nuevo momento que se viene amasando (no tan) subterraneamente desde hace poco menos de una década haya estado necesitando de un evento en el que el público protagonizase tan contundente gesto. La masividad, el trance colectivo y la puesta de manifiesto de la hermandad.  Eso es lo que necesitábamos, un mensaje contundente. Un movimiento de pibes que venga a sacudirnos de la modorra, que nos corra de nuestra zona de confort y nos obligue a caminar hacia nuevos horizontes.

Sabemos que esto no empezó el domingo. Pero también que el pasado fin de semana se escribió una página que empezará a servir como hoja de ruta. Ineludible para andar los caminos e imprescindible para entender los presentes y el futuro de la música argentina.

Todo hoy.

Mañana es mejor.

*Fotos Mauro Bruno Kunath y Yohi Artico Fenoglio