La edición número 25 del Belgrano Rock se engalana con el regreso de la banda cordobesa en el escenario en que dio sus primeros pasos. 

Cuando la siesta del próximo 4 de noviembre comience a desandar el desarrollo de un nuevo Belgrano Rock, un aire distinto se respirará entre sus asistentes. Entre Efecto Derrame, Trino, Santa Kim, El Barco de Anoc,  Alvacío, Lujo Tojana, Papaya Fusión y otros tantos artistas locales que se subirán a escena, una especie de mito propio volverá a ser de la partida. Los Ole Blando, banda en la que dieron sus primeros pasos un puñado de notables músicos de la Ciudad de Córdoba, volverá a reunirse en un espacio cargado de emociones y sensaciones encontradas.

Agustín Druetta, José Gomez, Julian Fanzini, Santiago Viale, Mathias Molina, Lorena Deza  y Sofia Bonessi subirán al escenario promediando la tarde del sábado para recorrer algunas de las canciones inmortalizadas en los dos discos que el grupo editó entre el 2011 y el 2013. “Nacho (Ramia) tiene justo una gira con Lucas Heredia, por eso no podrá estar en esta. Pero, si hay próxima, seguro se anota” dice Druetta a Otra Canción. “Yo estuve grabando mi disco con el negro Gomez y el Nacho, también participaron Molina y la Sofi, por lo que ya en ese momento hubo un encuentro que daba cuenta de algo central de esta vuelta: las ganas de juntarse” dice el guitarrista y cantante, uno de los fundadores que tuvo el proyecto allá por los finales de la década pasada. “Que Viale se vaya a vivir a Londres también es algo importante que influye. Hay un factor emocional grande porque nosotros siempre tuvimos en claro de que antes de la banda estaba nuestra amistad. Y seguimos sosteniendo eso” dice Agustín, que luego de su partida a Villa María, su participación al frente de Los Primos de la Bigornia y sus experiencias laborales en medios de la provincia, tiene a punto su debut como solista.

Ole Blando es mi banda de amigos y el tiempo colocó a la banda en ese lugar. Me divierto recordando los años, las historias y tocando con ellos” ratifica Viale.  “A la vuelta la vivo con la felicidad propia del poder compartir con amigos y permitirnos hacer estas cosas a pesar de que cada uno tiene su historia” dice el bajista que a finales de año empacará con destino británico para reunirse con sus compañeros de Viaje a un minúsculo planeta.

José Gomez entiende que lo dicho por sus compañeros se pondrá de manifiesto en el escenario del Belgrano Rock y poder dar cuenta de esa amistad, que “siguió siempre muy firme“, con “cada uno detrás de los instrumentos” lo entusiasma mucho. El baterista que ha participado en una gran cantidad de proyectos en los últimos años (uno de ellos, “Los caprichos de Carnota”, estuvo nominado a los premios Gardel 2016) resalta también la importancia del momento. “Es bueno que este encuentro se dé justamente ahora porque también hay un mensaje ahí. Son tiempos en los que se hace muy necesario cuidarnos entre nosotros, entre los amigos, ante este constante contexto de atropello ante quienes piensan distinto. No quiero decir que es una forma de resistir, pero sí que es una manera de seguir haciendo cosas encontrándonos desde la alegría y reconocer que eso que logramos hacer en otros momentos estuvo muy bueno.” Julián Fanzini fortalece ese concepto: “En estas épocas hacen falta espacios para decir. Ole Blando siempre se paró desde ese lugar. Un grupo de amigos que armó una banda y desde allí dijo, reclamó y defendió los lugares que le parecían justos. Esos espacios ocupados antes necesitan ser defendidos y algo de eso también subyace a nuestro encuentro” dice el violero que ocupó espacios menos visibles que sus viejos compañeros de banda durante los últimos años en los que se concentró en los estudios y composición mientras que alternaba esporádicas apariciones en escenarios más relacionados con la música de raíz folclórica.

El “Negro” Gomez transparenta que fue Viale el que “empezó a agitar para tocar“. Según advierte, cuando comenzaron a volar los mensajes, los convites y el entusiasmo, las fechas y las posibilidades conspiraron para que el lugar de la vuelta sea el punto exacto en el que la cosa comenzó. “Es el primer lugar en el que tocamos, ahí empezó toda esta locura. Eso hace que sea doblemente gratificante. Después de cuatro años sin tocar nos volveremos a encontrar en el sitio donde empezó todo” dice.

Cuando pasa el tiempo uno toma conciencia de las cosas. Con el paso de los años muchos de nosotros nos percatamos que lo que nos pasó fue más grande de lo que pudimos observar mientras pasaba” dice Druetta.  “Yo lo miro para atrás y veo que Ole Blando fue mi banda adolescente. Por extensión, todo en esa época era un poco inocente, un poco soberbio, un poco inseguro e irreal, otro poco rebelde, lleno de anécdotas divertidas. En ese momento eramos de salir mucho y conocíamos gente todo el tiempo. Manejábamos mucha energía y nos divertíamos mucho cometiendo algunos excesos propios de la edad. Tocábamos en una banda de rock, descubríamos la independencia y sus riesgos, y en alguno de nosotros también eso terminó siendo una puerta hacia otro lugar.

Es un reencuentro musical que también es un reencuentro que concentra un montón de sentidos desde la vida misma. Somos amigos y eso nunca cambió. Volvimos a encontrarnos y sonamos tremendo. Volver a hacer esos temas y que salgan así también da cuenta de que no sólo la amistad mantenía las cosas. En ese lugar había mucho esfuerzo, muchos sueños y mucho trabajo” dice Fanzini. “También nos encontramos como una forma de recolectar frutos que nosotros mismos hemos sembrado tiempo atrás.

Ole Bando fue uno de los proyectos más importantes de lo que formé parte. Fue el primer grupo que sentí efectivamente como propio. Ahí aprendimos un montón de cosas que nacieron desde el sueño de armar una banda con amigos” rememora José Gomez con ese sabor que da la satisfacción de los caminos recorridos. “Las posibilidades de hacer, de autogestionarse, de sonar bien, de pensarnos como artistas y trabajar en consecuencia son cosas que nos han servido para todo el camino que vino después. Gracias a ese proyecto yo pude formarme como músico y al día de hoy aplico cosas que aprendí diez años atrás” dice y parece emocionarse al enumerar vivencias compartidas. “Nosotros tocamos en la Plaza de Mayo para los 30 años de la Democracia, estuvimos tocando en fiestas multitudinarias de Ciudad Universitaria, tuvimos conciertos tremendos que cerraron las marchas que se hacen todos los 24 de Marzo. Todo eso es impresionante, lo que vivimos nosotros juntos fue increíble.

Para cerrar, la expectativa también aumenta la intensidad a partir de los reencuentros más allá del escenario. “Yo no sé cómo será en Buenos Aires o en Nueva York pero para nosotros, en Córdoba, gran parte de nuestro público está formado por gente que también son nuestros amigos” reconoce Druetta. “Ellos siempre nos han acompañado y nos ayudaron a ser esto que todos nosotros llegamos a ser. A ese público le debíamos una despedida o, al menos, una tocada más. Sin aguante no hay banda. A nosotros nos han llamado desde un pilón de medios y hemos recibido una buena onda impresionante de gente que se puso muy contenta porque siempre tuvieron un buen recuerdo. Porque hicimos un buen concierto, porque pasamos lindos ratos o porque nos comimos un buen asado. Los periodistas, los artistas, los gestores culturales de Córdoba generamos una energía muy potente que realmente es fundamental para que las cosas empujen para adelante como lo hacen. Nosotros estaremos eternamente agradecidos por eso.

* La foto de portada es de Natalia Mondelo