Cuatro años pasaron de la salida del segundo disco de la cantautora porteña Jimena López Chaplin, que se llama “El espíritu de la golosina”. Ese disco sirvió para consolidar un sonido y una forma, aparte de trazar el camino. Este 2017 encuentra a la cantautora publicando su tercer disco, “El ruido de la piara”, que ya tiene dos meses sonando en distintas plataformas de streaming y redes sociales.

Otra Canción: Bueno, tu nuevo disco ya tiene un mes sonando y a esta altura debes estar cansada de explicar que es una piara. A priori parece inconexo la imagen de una manada de caballos, yeguas o mulas con tanta brillantina en la tapa del disco, ¿qué es la piara en el mundo Jimena López Chaplin?
Jimena López Chaplin: Una piara es un conjunto de chanchos. Tengo la casa llena de ellos. Tengo chachos de todo tipo y color. Porque me los regalan, porque soy chancho, y porque además me parece un animal increíble y de la suerte. Mi casa es la piara. Yo soy un poco la piara. ¡Yo y mis múltiples personalidades! El disco fue concebido en casa, por eso el nombre. Y además porque me resultaba interesante el hecho de que un disco que, al menos en todo el comienzo, fue armado tan solitario, llevara el nombre de un sustantivo colectivo. Las canciones se fueron armando solo por necesidad de no descartar más ideas. Fueron pacientes y esperaron a ser desarrolladas. Otras quedaron en el camino.

O.C.: ¿Cuáles fueron las fuerzas que empujaron las canciones de este disco?
J.L.C.: Cada una tiene su fuerza propia, yo creo. Algunas necesitaban comunicarse solo desde lo instrumental, y eso me gusta mucho. Las letras que quedaron también me gustan. En general todo el disco creo que habla de una transformación. Pero eso es para mí. Cada uno con su propia escucha saca algo distinto y no quiero predisponer a nadie.

O.C.: El disco suena muy bien, menos ampuloso que el “Espíritu de la golosina”, tiene un sonido más casero, ¿cómo fue el proceso de producción del disco?
J.L.C.: Primero quise en maquetear sola todo lo que pudiese. Tratar de meter todos los arreglos que se me ocurrieran o me dieran ganas de escuchar. Casi todo hecho durante las noches. Mucho eso y mucho de escuchar en el celular durante los trámites en la calle para seguir pensando qué hacía falta. Luego Abrí el juego para seguir trabajando con Alfonso Barbieri y los músicos que grabaron como Claudio Rodriguez y Juan Marioni, aparte de los invitados (Felipe Barrozo ex Intoxicados), Lucy Patané, Rosa Nolly y Alexey Musatov (de la Fernandez Fierro).

O.C.: Desde “El espíritu de la golosina” han pasado cuatro años. En estos cuatro años han pasado muchas cosas, por ejemplo, el crecimiento de la lucha feminista, el jefe de gobierno de tu ciudad ahora es presidente… ¿este tipo de cuestiones se meten en las canciones?
J.L.C.: Creo que ese tipo de cuestiones tuvo que ver con el silencio por cuatro años, más bien. O tal vez también con la aparición de temas instrumentales. No todo el tiempo tengo algo para decir. Puedo transmitir un ánimo con la música por ahí. Luz mala, el último tema del disco, me parece un bien ejemplo de eso. Yo tengo una posición política tomada. Y también soy feminista. En construcción, como todxs. (Porque hay que hacer un trabajo por desarmarse de todo una estructura cultural, social, educativa machista que lleva cientos de años haciendo peso. Y ese trabajito de deconstrucción es día a día). Sin embargo no soy literal con todo esto en las letras. Sí en mi modo de vivir, de funcionar, de comunicarme, en las charlas con amigos y familia. Pero no sé si es algo que pueda leerse abiertamente en mi música. Creo que soy muy mala para eso. No me saldría con naturalidad. Me encantaría. Voy a ver si me sale algún día.

O.C.: En este tipo de momentos socioculturales la gente se refugia en el arte, muchos en las canciones, ¿Se siente algo diferente de parte del público, algo parecido a la presión?
J.L.C.: No estuve tocando mucho. Sí fui más público que otra cosa. De cualquier modo, como yo veo las cosas ahora, es que ante cualquier hallazgo de algo en lo que uno pueda sentirse representado, coincidir en algo, estético, ideológico, algo… ese es un momento revelador. Un instante de alegría eterna e inmensa. Cuando, dentro de tanta pavada generalizada, de tanto pesimismo, egoísmo, etc, te encontrás con algo de lo que te sentís cerca, de repente algo tiene por fin un sentido! Sea lo que sea.

O.C.: Hay algo de melancólico, sin llegar a ser totalmente oscuro en el diso, ¿por qué se da eso?
J.L.C.: Creo que lo melancólico es algo que no puedo evitar. Quiera o no quiera, siempre salgo con una de esas… no sé qué decirte.

O.C.: Me gustó el color y el tono de “Lucha”, que rompe un poco con el resto de las canciones del disco, me contás cómo nació esa canción.
J.L.C.: Lucha nació de un momento triste de ruptura y necesitaba levantarme el ánimo a mí misma. Creo que por eso el ritmo más pop. Y la letra, bueno, creo que es fácil de entender esa. Y me gustaba la idea de que la lucha perfecta (entre dos, ¿no?), es en la que no gana nadie.

O.C.: Más allá de lo casero y de siempre laburar con gente conocida, ¿Qué cosas pusiste en juego en este disco que por ahí fuiste aprendiendo y no tenías en los dos discos anteriores?
J.L.C.: Creo que lo puse en juego fue esto de co-producir. De grabar teclados, guitarras, pensar ideas, bases, etc. Todo lo que me imaginara era válido. Animarme a eso me gustó mucho. Y me hizo conocer un nuevo modo de pensar mis composiciones. Me propuso un nuevo modo de trabajo, que de hecho quiero conservar.

O.C.: Das clases de canto, ¿Qué te aporta esa faceta?
J.L.C.: Las clases me ayudan a aprender muchísimo de los demás. Suena obvio y concesivo pero es cierto. Me ayuda a conocer música nueva. A pensar y trabajar mi voz diferente. ¡A tocar la guitarra todos los días! Y a estar con humanos.